La controversia generada por el rechazo al nombramiento de Zvonko Matkovic como presidente del Directorio de ENDE, detestable desde todo punto de vista, trasciende ampliamente un simple desacuerdo sobre una designación. Las reacciones del alcalde de Cochabamba, Manfred Reyes Villa, del gobernador Leonardo Loza y de diversos actores políticos revelan un fenómeno más profundo: Bolivia está atravesando un cambio en el eje de su liderazgo político, económico y demográfico.
Durante décadas, el debate regional estuvo marcado por las demandas de Santa Cruz para que el crecimiento de su población y de su economía se reflejaran en la distribución del poder nacional. Sin embargo, ese reconocimiento fue postergado. Los censos de 2012 y 2024 estuvieron rodeados de cuestionamientos precisamente porque, para amplios sectores, retrasaron el reconocimiento de una realidad evidente: Santa Cruz dejó hace mucho de ser una región emergente para convertirse en uno de los principales motores del país.
El cambio no se limita a la cantidad de habitantes. Santa Cruz concentra hoy buena parte de la producción nacional, recibe la mayor inversión privada del país, tiene el parque industrial más importante del país, organiza la feria empresarial más exitosa de Bolivia y continúa atrayendo emprendimientos nacionales e internacionales. Ciudades intermedias como Warnes ya comienzan a captar inversiones industriales, como el reciente acuerdo para la instalación de plantas de ensamblaje de buses y camiones con capital chino. Son señales de una economía que continúa expandiéndose mientras otras regiones enfrentan mayores dificultades para atraer nuevas inversiones.
La transformación también alcanza al ámbito académico y cultural. Las universidades cruceñas han incrementado su capacidad de investigación, ampliado su infraestructura y fortalecido su presencia internacional. La Feria Internacional del Libro de Santa Cruz se ha consolidado como uno de los eventos culturales más importantes del país, reflejando una dinámica intelectual que acompaña su crecimiento económico.
Quizá el cambio más importante sea el demográfico. Santa Cruz se ha convertido en el departamento que mejor representa la diversidad de Bolivia. Miles de bolivianos provenientes de todos los rincones del país han encontrado allí oportunidades de trabajo, educación y emprendimiento. Esa diversidad también supone enormes desafíos en educación, salud, transporte y planificación urbana, pero al mismo tiempo constituye una fortaleza que pocas regiones poseen.
Es precisamente en ese contexto donde debe interpretarse la polémica por la designación de Matkovic. Más que un debate sobre una persona, refleja la incomodidad que genera el desplazamiento gradual del centro de gravedad político del país. Paradójicamente, quienes durante años criticaron el regionalismo hoy recurren a él para defender espacios tradicionales de influencia. Tanto Manfred Reyes Villa como Leonardo Loza responden, en buena medida, a electorados regionales y fortalecen sus liderazgos dentro de esos ámbitos territoriales.
La gran pregunta es ¿cómo responderá Santa Cruz?. Si sus dirigentes optan por reproducir el mismo discurso regionalista, habrán desperdiciado la oportunidad histórica que tienen frente a sí. El crecimiento económico no garantiza liderazgo político. Este solo se consolida cuando existe la capacidad de construir una visión que trascienda el propio territorio.
Por ello resulta particularmente interesante el mensaje expresado por el Alcalde Mamen Saavedra al afirmar que “la ley del cruceño es la hospitalidad, la productividad y el trabajo”. Más allá del contexto político, esa idea contiene un principio poderoso: Santa Cruz puede construir liderazgo nacional no desde la confrontación, sino desde la integración. En lugar de cerrar sus puertas, puede seguir presentándose como la región que recibe a quienes buscan oportunidades para progresar, sin importar su lugar de origen.
Las preocupaciones que hoy expresan departamentos como Beni respecto a la ocupación de cargos públicos por profesionales provenientes de otras regiones responden a realidades distintas. Santa Cruz, en cambio, ha alcanzado una etapa diferente de desarrollo. Su responsabilidad ya no consiste únicamente en defender intereses regionales, sino en ofrecer al país una propuesta nacional de crecimiento basada en la producción, la industrialización, la inversión, la innovación y la inclusión.
Toda transición de liderazgo genera resistencias. Ha ocurrido en la economía, en la demografía y ahora comienza a observarse en la política. El episodio de ENDE probablemente sea recordado menos por el nombre de su protagonista que por simbolizar el momento en que el país empezó a debatir, de manera abierta, quién ejercerá el liderazgo nacional durante las próximas décadas.
Si Santa Cruz aspira a conducir ese proceso, deberá comprender que el liderazgo no se impone; se construye convocando. No basta con ser el principal motor económico del país. También debe convertirse en el espacio donde todos los bolivianos se sientan representados. Cuando eso ocurra, el paso de un liderazgo regional a un liderazgo nacional dejará de ser una aspiración para convertirse en una consecuencia natural de la historia, el país lo espera y las nuevas generaciones en todo el país lo entienden perfectamente.
(*) Economista, fue viceministro de Planificación Estratégica del Estado
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