Octubre 28, 2026 -HC-

Reportaje: La pobreza aumenta en Bolivia y se siente en la mesa


Miércoles 28 de Octubre de 2026, 1:45pm




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La Paz, 28 de octubre (Gabriela Sánchez Salinas, Urgente.bo).- “Ya no se puede con esta vida, tenemos que buscar maneras para llenar la olla”, relata con tristeza Soledad Mayta, quien busca productos accesibles para su pequeño bolsillo en el mercado Lanza de la ciudad de La Paz. Con su canasta en mano, recorre los puestos, pregunta por los precios y ‘regatea’ para conseguir alguna rebaja. Ella debe hacer esfuerzos para alimentar al menos a 10 personas en su hogar, mientras cada vez más personas sienten en carne propia la irresuelta crisis económica.

“Tengo que hacer el esfuerzo, hacer un presupuesto barato”, cuenta la señora Soledad, casi entre lágrimas, en el mercado que está casi vacío, donde las vendedoras esperan a las caseras que no llegan.

La crisis económica que golpea al país ha recrudecido en los últimos meses al punto que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial han coincidido en sus pronósticos para fin de año. Bolivia será el país con mayor crecimiento negativo en América Latina y el Caribe.

¿Cómo se manifiesta esto en el hogar de los bolivianos? El poder adquisitivo de los ingresos se ha depauperado, los precios de productos básicos han subido y el movimiento comercial ha disminuido, mientras en las calles, cada vez más personas engrosan el ejército del comercio informal.

De acuerdo con la Encuesta de Hogares 2025 del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 44,7% de la población boliviana se encuentra en situación de pobreza por ingresos, eso equivale a poco más de 5,35 millones de personas. En otras palabras, 45 de cada 100 bolivianos tienen ingresos inferiores al costo de la canasta básica utilizada para medir la pobreza, que contempla alimentos y otras necesidades esenciales.

El indicador aumentó respecto de 2024, cuando la pobreza por ingresos alcanzó el 37,6%. La diferencia es de 7,1 puntos porcentuales, según los datos del INE, son datos pasados que encienden las alarmas.

INGRESOS INESTABLES

Carla Cordero, analista de políticas sociales de la Fundación Jubileo, explicó que los hogares que se encuentran cerca de la línea de pobreza pueden perder rápidamente su capacidad para cubrir sus necesidades ante una disminución de sus ingresos o un incremento de los precios. “Se ha demostrado que, al menor shock, automáticamente muchas personas que se encuentran vulnerables caen automáticamente a la pobreza”, señaló.

La vulnerabilidad es mayor entre quienes no cuentan con un salario fijo ni con protección laboral. Sus ingresos dependen de las ventas, la prestación de servicios y otras actividades que pueden variar de un día a otro. Por ello, cuando aumenta el costo de vida, no necesariamente disponen de recursos adicionales para compensar la pérdida de poder adquisitivo.

“No nos olvidemos que 85 de cada 100 trabajadores dependen de ingresos diarios, de ingresos informales, no tienen acceso a seguridad social. Cuando suben los precios, ellos se hacen más vulnerables. Y el tema de la inflación siempre repercute más en el precio de los alimentos”, explicó Cordero.

La analista advirtió que los incrementos salariales tampoco benefician por igual a la población trabajadora, debido a que una parte importante de los trabajadores desarrolla actividades por cuenta propia o en el sector informal.

“Estoy hablando de la ‘caserita’ de la esquina, del chofer, de consultores, por ejemplo, que son informales y a quienes no les llega este incremento. Por eso, hablo de las políticas sociales integrales que van más allá de aumentar el tema del ingreso de las familias con bonos. Se tiene que apostar a incrementar la productividad laboral”.

La situación es más dura para las personas que están en pobreza extrema, que se traduce en que no tienen la capacidad de cubrir la alimentación mínima. Esta población pasó de 12,8% a 16,7%, un salto de 3,9 puntos entre los más agudos de la serie disponible.

Por otro lado, la brecha de pobreza nacional —qué tan lejos están los ingresos de los hogares pobres de la línea de pobreza— subió de 14,2% a 17,6%, y en las ciudades el salto fue mayor: de 9,8% a 13,7%. No solo creció el número de pobres: quienes ya lo eran se alejaron todavía más de superar esa condición.

La experta dice que la crisis también alcanza a los hogares que, pese a contar con ingresos, tienen un margen reducido para enfrentar imprevistos, cubrir gastos adicionales o compensar el encarecimiento de los productos esenciales.

 

¿QUÉ HACER?

Para Cordero, enfrentar la pobreza necesita medidas que no se limiten al aumento de los salarios o a la entrega de bonos. La analista considera necesario mejorar las condiciones laborales, elevar la productividad y facilitar la transición de los trabajadores informales hacia empleos formales.

“Hablo de políticas sociales integrales que van más allá de aumentar el ingreso de las familias, ya sea por el incremento del salario o las transferencias no condicionadas con los bonos, porque en realidad se tiene que apostar a incrementar la productividad laboral, de la transición de lo informal a lo formal, trabajar en la calidad educativa, la pertinencia de la educación y hacer inversiones inteligentes que generen trabajos de calidad”, explica la investigadora.

También sostuvo que las medidas económicas orientadas a corregir los desequilibrios macroeconómicos deben estar acompañadas de políticas sociales que protejan a las familias más vulnerables.

Los datos oficiales muestran un incremento de la pobreza por ingresos entre 2024 y 2025 y aún no existe una medición anual que permita establecer cuánto podría aumentar durante 2026. Por ello, Fundación Jubileo no hizo proyecciones sobre la magnitud de la pobreza para el cierre de este año, aunque en las calles, el comentario cotidiano es la crisis que sufren más bolivianos.

 

Las familias reducen sus comidas

Con el aumento de los precios, las amas de casa admiten que cada vez cuesta más dar de comer a la familia. Los ingresos se van netamente a alimentos y aún así la mesa no está bien servida. Las vendedoras de abarrotes admiten que los mercados están vacíos, porque las familias actualmente solo buscan sobrevivir.

“Todo el presupuesto que tengo se va a la comida”, sostiene una ama de casa que hace las compras en el mercado Lanza de la ciudad de La Paz.

Ante este panorama, un monitoreo de la Defensoría del Pueblo, realizado entre el 31 de julio y el 25 de septiembre de 2026 en las nueve capitales departamentales y El Alto, identificó incrementos en 18 de los 21 alimentos básicos observados. En Cochabamba, por ejemplo, el precio de la zanahoria sufrió un aumento del 293%.

El informe también recogió las respuestas de 63 personas sobre las dificultades para cubrir sus gastos de alimentación. El 71% afirmó que su presupuesto no alcanza para cubrir la alimentación familiar; el 70% señaló que compra menos alimentos y el 60% indicó que prescinde de ciertos productos o busca alternativas más económicas. Además, el 33% redujo el número de comidas al día.

“Un 71% de los entrevistados nos dijo que no, no puede cubrir”, explicó Javier Mamani, investigador de la Defensoría del Pueblo, al referirse a las dificultades económicas de las familias para garantizar su alimentación. Estos resultados corresponden a las personas consultadas en el monitoreo y no constituyen una encuesta representativa de toda la población boliviana. Sin embargo, permiten identificar distintas estrategias a las que recurren los hogares para hacer frente al aumento del costo de los alimentos.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), hasta septiembre de 2026 la inflación acumulada llegó al 3,88%, mientras que la variación interanual fue del 5,70%. El economista Fernando Romero explicó que el encarecimiento que experimentan las familias no siempre se refleja de la misma manera en la inflación general, debido a que cada hogar tiene una estructura de gastos diferente.

“Estos promedios no reflejan necesariamente el gasto real de hogares que destinan la mayor parte de sus ingresos a alimentos y transporte”, señaló Romero.

El economista aclaró que los incrementos superiores al 100% identificados en el monitoreo corresponden a productos específicos y no significan que toda la canasta familiar haya aumentado en esa proporción.

El economista destacó que el impacto depende, en buena medida, de cómo distribuye cada hogar sus ingresos.  “Los hogares de bajos ingresos, trabajadores informales, personas con salario fijo que no se actualiza con los precios, familias numerosas y personas que dependen de una sola fuente de ingreso son especialmente vulnerables. También lo son los adultos mayores y las personas con discapacidad, que pueden tener mayores gastos de salud y menos posibilidades de aumentar sus ingresos”, resaltó.

Carla Cordero, analista de políticas sociales de la Fundación Jubileo, advirtió que la reducción de los ingresos reales obliga a algunos hogares a cambiar sus hábitos de consumo. “Muchas familias han empezado a reemplazar consumo de alimentos por alimentos menos saludables”, explicó.

¿Qué podría pasar en el futuro inmediato? Romero afirma que, si este panorama continúa, “Bolivia podría cerrar 2026 con mayor presión sobre los presupuestos familiares, consumo más débil y más hogares obligados a reducir alimentos o endeudarse”.

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