Julio 16, 2024 [G]:

Obituario para Felipe Quispe Huanca: Un historiador consagrado a la liberación (1942-2021)


Viernes 19 de Enero de 2024, 8:00pm






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Arica, Marzo de 2021, (Daniela Franco Pinto Revista Diálogo Andino no.64). Solo algunos personajes de la historia de Bolivia han tenido la capacidad de ver la vigencia en el país de problemáticas coloniales e impasses de una sociedad racista. Felipe Quispe Huanca, nacido en la provincia Omasuyus de la ciudad de La Paz en 1942, llamado y reconocido como el Mallku, fue uno de aquellos personajes que se atrevió a hacerle la guerra a la opresión social y a plantear de manera inédita la necesidad de reindianización de la sociedad en la que vivimos. Generó, junto con sus bases sociales indígenas, medidas de presión al Estado, interpeló el racismo y obligó a las élites a recular en distintas oportunidades ante la aplicación de medidas que afectaban a los sectores populares.

Felipe no solo fue uno de los principales líderes del sindicalismo campesino y de la política boliviana del siglo XXI, sino que también manifestó una profunda conciencia histórica, que lo llevó a convertirse en historiador. Puso el quehacer historiográfico y la comprensión del pasado al servicio de una causa sagrada, aquella a la que consagró su vida: la liberación del Qullasuyu y de los indios oriundos del territorio latinoamericano. Quispe adquirió la conciencia de que los indígenas podían transformar el futuro si eran capaces de conocer plenamente su pasado. Él comprendió muy bien que la historia no es monolítica, sino que es susceptible de reescribirse y ser trastocada.

Es complejo escribir esta trayectoria de vida, como historiadora reconozco el gran valor que tiene Quispe para la historia boliviana de los siglos XX y XXI, como alguien que lo admiró, su muerte (19 de enero de 2021) significa la pérdida de un mentor. Nos deja un vacío en la transformación de esta Bolivia que, como él denunciaba, aún necesita ser liberada de injusticias y sufrimientos. En este texto desarrollaré algunos episodios de aquel camino de formación que recorrió disciplinadamente para encontrar la "causa sagrada" a la que dedicaría su vida y ofrecería su muerte.

La primera parte de este texto estará destinada a la juventud de Felipe Quispe y de los primeros pasos que dio para jurar ante las entidades tutelares andinas que contribuiría toda su vida a la liberación india del Qullasuyu. Seguido, analizaré el periodo en que su postura política e ideológica se radicalizó, y creyó que la lucha armada era única vía para acabar con las desigualdades. En un tercer apartado se centrará en las movilizaciones masivas de indígenas a la cabeza de Felipe Quispe, para derrocar a varios gobiernos neoliberales entre los años 2000 y 2005. Finalmente, se explora la última gran aparición que dio Felipe Quispe y su oposición al gobierno anticonstitucional de 2019 a 2020.

Primeros pasos hacia una causa sagrada

Bolivia fue y es un país con una problemática colonial de raigambre profunda. La Revolución Nacional de 1952, si bien otorgó derechos de ciudadanía a mujeres e indígenas, empero supuso, contradictoriamente, que los indígenas tuvieran que despojarse de su identidad originaria, castellanizarse y abandonar el ayllu, convirtiéndose en pequeños propietarios mestizos que habían ingresado a la modernidad impuesta por la República (Gotkowitz, 2011[2007] y Rivera, 1993).

A los pocos años de haberse realizado la re forma agraria de 19533 emergió el indianismo, una corriente reivindicativa de la indianidad abolida por el mestizaje, ideología con la que Felipe Quispe Huanca se armó desde su juventud. Leyó y se dejó influir por el principal ideólogo indianista, Fausto Reinaga, principalmente por los textos La Revolución India (Reinaga , 1970a) y El Manifiesto del Partido Indio de Bolivia (Reinaga, 1979b).

Al acercarse a la obra de Reinaga, Quispe se convirtió en un indianista; paralelamente, escudriñó el pasado y descubrió la rebelión de Julián Apaza, más conocido como Tupak Katari, acaecida en 1871. Esta historia lo inspiró íntimamente y lo convirtió en un katarista. Con estas dos fuentes de influencias, Felipe inauguró la ideología del indianismo-katarista (Quispe Quispe, 2014).

Felipe Quispe Huanca nació en 1942 en la comunidad Ch'ixilaya, parte de un antiguo ayllu, hoy el Cantón Gran Axllat'a de la provincia de Uma-Suyus de la ciudad de La Paz. Sus padres fueron Gabino Quispe y Leandra Huanca, quienes padecieron en carne propia las consecuencias del exterminio de las tierras en comunidad, viéndose sometidos a relaciones serviles con los terratenientes del lugar. Los progenitores del Mallku estuvieron alejados del acceso al territorio, la salud, la educación o la justicia.

"Mi padre no sabía ni leer ni escribir en español; en sus tiempos feudales estaba prohibida la educación para el indio (...) Pobre mi padre no sabía estudiar (...) fue fiel labriego de la tierra y nada más" (Quispe Huanca, 2018a: 22).

Observemos que Quispe nació diez años antes de la revolución de 1952, el niño Felipe vivió de cerca aquella Bolivia feudal de la primera mitad del siglo XX cuando sus padres aún eran pongos de hacienda. Ese padecimiento de las desigualdades sociales en carne propia será el móvil que lo llevará a luchar hasta el fin de sus días contra ellas.

La niñez y juventud de Felipe Quispe estuvieron marcadas por el esfuerzo y la dedicación. Desde muy joven, y a hasta el final de sus días, tuvo la convicción de que para desarrollar su "causa" debía aprender y estudiar. Cuando tuvo la edad suficiente para asistir a la escuela, emprendía el camino de su comunidad Ajaría Grande a otra donde se encontraba el establecimiento, Santiago de Huata; para llegar surcaba una gran montaña y empleaba cinco horas entre ir y volver4.

El Mallku cumplió con el servicio militar obligatorio entre 1963 y 1964 y aprendió a ser rebelde contra el menosprecio que los militares hacían de quienes llevaban un apellido Quispe o Mamani o tenían el rostro moreno. Rememorando aquellos días en uno de sus libros, Quispe señala que conoció la ciencia política por obra de los militares quienes le habían prohibido leer el Manifiesto Comunista de Carlos Marx (1848). Al salir del cuartel, estudió este documento e innumerables libros de movimientos guerrilleros. En esa época el comunismo tenía gran resonancia en el contexto boliviano a causa de la posible inserción guerrillera encabezada por Ernesto "Che" Guevara.

"He llegado a conocer esa hermosa ciencia y el arte de la política mediante el servicio militar obligatorio. Fue en plena instrucción militar, donde mi Suboficial Aurelio Torrez, me dio un folleto anticomunista (...) que reflejaba que el comunismo era malo para los labriegos de la tierra (...) Dicho militar nos estaba induciendo para que nos convirtamos en unos perros asquerosos anticomunistas y así lamer la mano del ogro gringo imperialista de Norteamérica" (Quispe Huanca, 2018a: 21-22).

Al retornar a su comunidad Felipe tuvo sus primeras experiencias como dirigente sindical. Posteriormente incursionó en la política nacional al interior de un partido de izquierda llamado Ejército de Liberación Nacional (ELN). En 1968 conformó, junto con algunos de sus paisanos Bernabé Quillca Poma e Hilarión Quispe Huanca, una célula que fue parte del ELN. Durante algún tiempo conspiraron contra el gobierno y generaron propaganda panfletaria subversiva. Este trabajo cesó con la dictadura de Hugo Banzer Suárez (1971-1979) cuando fue apresado uno de sus compañeros. Entonces Felipe Quispe se vio obligado a migrar a Santa Cruz.

En los años setenta surgieron las primeras agrupaciones llamadas indianistas que contaron con liderazgos netamente indígenas provenientes principalmente de las comunidades del norte paceño. Estas agrupaciones nacieron en clandestinidad en la década de los setenta y recién adquirieron un esta tuto legal pasada la dictadura, en los años ochenta. Entre estas emergentes formas políticas se destacó el Movimiento Indio Tupaj Katari (MITKA), en el que Felipe Quispe militó.

En 1976, habiendo ya retornado de Santa Cruz, Quispe solía escuchar a diario una radionovela acerca de la vida de Tupak Katari y Bartolina Sisa que se emitía en la radio San Gabriel. Este programa estaba acompañado de un espacio donde los oyentes expresaban sus ideas en torno al levantamiento indígena. En cierta oportunidad Felipe Quispe visitó el lugar y vertió sus reflexiones políticas. La ocasión le sirvió para conocer a Jaime Apaza Chuquimia, quien le reveló que existía una organización político-militar exclusivamente india, lista para la lucha armada y la retoma del poder indio. Felipe solicitó su ingreso a esta organización.

"Ya había leído el libro Partido Indio de Bolivia (PIB), escrito por Fausto Reinaga. Por eso solicité mi afiliación al MITKA que estaba en gestación y Jaime me aceptó en esa noche tan hermosa y bella, llena de estrellas en el cielo azul y llena de esperanzas (...) me dijo que uno de esos días iba a prestar un juramento de rigor, al puro estilo Inka (...) consistía en un compromiso sagrado" (Quispe Huanca, 2018a: 40-41).

En marzo de 1978 Felipe Quispe Huanca prestó un sagrado juramento junto con otros miembros del MITKA y con ello demostró que su liderazgo estaba imbricado con formas comunitarias de ritualidad y devoción (Mamani Ramírez, 2012). Al rememorar este episodio, Quispe señala que lo que salió de su boca no fue un juramento colonial en nombre de los evangelios invasores, sino una promesa a "lo aymara" (Quispe Huanca, 2018a: 67). Sobre un awayu negro, una piedra blanca y un revólver calibre 38, encomendándose a las entidades tutelares andinas, juraron servir a la nación india aymara.

"Llegó mi turno de ponerme de rodillas (...) pronuncié lo siguiente: "Juro por la sagrada memoria de Tupak Katari y Bartolina Sisa, lucharé hasta vencer y morir". Besé con cariño y amor la piedra sacralizada del MITKA y el arma de fuego de la lucha armada" (Quispe Huanca, 2018a: 66-67).

Desde 1977 el MITKA decidió formar militantes en distintas áreas rurales del país, para contribuir con ese objetivo, Felipe Quispe visitó un gran número comunidades del altiplano. Esta labor le supuso un gran esfuerzo personal, pues debía ausentarse por varios días de su vivienda, y a la vez, debía prepararse ideológicamente y estudiar. Carecía del tiempo necesario para dedicarse a la familia o para conseguir los medios económicos para sustentarla.

"Yo hablaba muy poco y un mal castellano, no estaba preparado, no sabía ni cómo desarrollar el discurso indianista. Pero con todo sacrificio sobrehumano (...) aprendí a hacer política masticando la coca (...) Me movía con mis propios recursos económicos, mi pareja tan tupakatarista, ponía dinero y merienda (...) he tenido una excelente compañera5 (...) En mi condición de pobre, estuve consciente de que cometía un crimen contra mis hijos, por no darles una buena educación ni alimentarlos como se debe" (Quispe Huanca, 2018a: 50-51).

Los miembros del MITKA afirmaron contundentemente no ser pongos políticos y prometieron brindar a las bases un instrumento autonómico: "Haremos nuestro propio camino sin representantes ni protectores" (Quispe Huanca, 2018a: 58). Los mitkistas denunciaron que la República de Bolivia del siglo XX seguía imbuida de discriminación racial y de explotación sobre el indio, por ello, no podían considerarse parte constitutiva de ese país. La liberación india significaba la reintegración del ayllu comunitario, es decir, la restitución del Qullasuyo, la finalidad de ello sería que Bolivia debía perecer.

Proponemos en forma categórica y contun dente su destrucción total de esa Bolivia putrefacta y sobre esas ruinas establecer la construcción del nuevo Qullasuyu con su modelo de Ayllu Comunitario, donde no haya clases sociales, ni la opresión nacional de una pequeña minoría étnica blancoide a una gran mayoría indio originaria (Quispe, 2018a: 82-83).

El MITKA legalmente se fundó en abril de 1978, al año siguiente llevó a sus primeros candidatos presidenciales. Como resultado de esta primera participación en la arena electoral, Luciano Tapia y Constantino Lima se convirtieron en diputados titulares, y Felipe Quispe devino el diputado suplente del primero. A causa de un golpe de Estado y de la instalación de la dictadura de Luis García Meza, estos diputados ejercieron su curul recién en la gestión 1982-1985.

Resulta interesante mencionar que en 1980 dos miembros del MITKA, Felipe Quispe y Jaime Apaza recibieron instrucción militar en Cuba (Quispe Quispe, 2009: 22). Esta experiencia influyó en las posteriores decisiones que tomó Quispe, pues a partir de 1986 se radicalizó, dejó el MITKA y generó una propuesta de lucha armada basada en una ideología con cierto nivel de influencia marxista (Portugal Mollinedo y Macusaya Cruz, 2016).

La guerra comunitaria armada para la liberación del Qullasuyu

En Bolivia, a fines de los 70 la importancia del movimiento indígena fue anteponiéndose al obrero, lo que se evidenció con la creación de la Central Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) en 1979, la misma que se autodefinió como un poder dual y complementario a la Central Obrera Boliviana (COB). Ya para fines de los 80, el contexto político nacional se hizo complejo para los sectores laborales e indígenas. Por una parte, el MITKA se fragmentó y debilitó a causa de conflictos internos en la definición de sus liderazgos. Por otra parte, el país entró de lleno en el neoliberalismo, reculando en los avances de los derechos laborales conseguidos en más de medio siglo de luchas. Bajo este contexto las empresas estatales más importantes fueron cerradas y se relocalizó a más de 20 mil mineros.

Este panorama desmoralizó a obreros e indígenas y llevó a la creencia, dentro de sus filas, que la democratización del país no se daría electoralmente sino por la fuerza. Entonces, algunos indianistas, entre ellos Felipe Quispe Huanca, decidieron poner en suspenso a los partidos políticos MITKA y el MITKA 17, para buscar mejores días por medio de una guerrilla india armada. La propuesta de consolidar este proyecto se llevó a cabo en una reunión clandestina en el cerro Churuquella de la ciudad de Sucre, durante un ampliado de la CSUTCB en 1986. Producto de ello se creó la Ofensiva Roja de los Ayllus Tupakataristas (ORAT), a la cabeza de Felipe Quispe (Portugal Mollinedo y Macusaya Cruz, 2016).

A los militantes indianistas-tupakataristas de línea pura y dura nos sobraba el valor de ser rebeldes (...) Nuestra retirada fue genial e histórica del MITKA a "Ayllus Rojos" (Quispe Huanca, 2018a: 144-145).

Con la fundación de la ORAT y más adelante con el Ejército Guerrillero Tupak Katari (EGTK), Felipe Quispe concibió la idea de generar una guerra comunitaria desde los ayllus hacia las ciudades, la misma que pondría fin a la pobreza, a las desigual dades sociales y a la discriminación racial (Quispe Quispe, 2009 y Quispe Quispe, 2014).

Con el fin de poner en marcha la lucha armada, los miembros de la ORAT buscaron aliados. Entablaron diálogo entonces con dos sectores, el primero, un grupo de jóvenes mestizos influenciados por el marxismo y la teología de la liberación, el segundo, una porción de obreros recién relocalizados. En el contexto de este diálogo, entre 1984 y 1989, nació el Ejército Guerrillero Tupak Katari (EGTK) alimentado por indígenas, obreros y mestizos urba nos. El apelativo de la organización surgió durante una reunión a fines de 1989 en el pueblo natal de Felipe Quispe (Quispe Quispe, 2009).

Éramos tres indígenas, teníamos el pensamiento de organizar un brazo armado de pueblos indígenas (...) un compañero (...) conoció a los García y nos dice que habían unos jóvenes que pensaban igual que nosotros (...) vimos que éramos capaces de unirnos con los que no son indígenas, funcionó como un sirwiñacu (unión conyugal) (...) Ellos salen como La Ofensiva Roja y nosotros como Los Ayllus Rojos (Felipe Quispe en Escársaga, 2017: 236).

El EGTK surgió por la alianza de tres distintos sectores sociales y a pesar de que todos aceptaron a la dimensión indígena como un núcleo cohesionador, ninguno de ellos se convirtió en la clase conductora. Al respecto, en 1992 Felipe Quispe afirmó que en el EGTK no habían jefes, sino todos sus integrantes eran mallkus por igual. Cuando entraron en diálogo estas tres fuerzas sociales incorporaron en conjunción dos tendencias ideológicas: el marxismo y el tupakatarismo, ambos con un enemigo común: el imperialismo yanqui y el gobierno neoliberal de turno (Quispe Quispe, 2009).

En este tiempo jugó un papel fundamental el primer libro de Quispe, Tupak Katari vive y vuelve... carajo, cuyo manuscrito nació en julio de 1988, siendo complementado entre 1989 y 1990 cuando Felipe ingresó por primera vez a la cárcel por el lapso de algunos meses. A diferencia del MRTK que había construido una figura pacifista de Tupak Katari, Quispe en su obra reivindicó una figura comprometida con la guerra y la violencia comunitaria de los ayllus. En esta obra, la guerra es concebida como una causa sagrada y justa que permitiría la liberación del Qullasuyu9 (Quispe Quispe, 2009).

Con este escrito Felipe socializó la historia de Tupac Katari en el lenguaje propio de las comunidades, convocó entonces a los miles de campesinos a unirse y reactualizar su lucha. Esos años Quispe impartió charlas a base de esta obra en asambleas y congresos de las comunidades, federaciones campesinas, CSUTCB y COB. Las bases comenzaron a asumir que las tácticas militares indígenas del siglo XVIII podían aún tener éxito a finales del siglo XX (Quispe Quispe, 2009).

Hoy surge un instrumento político militar de las diversas naciones oprimidas (...) estamos cumpliendo las palabras del mallku Tupak Katari: "Volveré y seré millones" (Quispe Huanca, 2007[1988]: 236).

Felipe Quispe fue capturado y encarcelado por las acciones guerrilleras del EGTK el 19 de agosto de 1992, cuando la organización apenas había cumplido un año. Quispe tenía cincuenta años, estaba casado y tenía seis hijos. Antes de ser encerrado el líder indígena dio declaraciones a la prensa que lo sojuzgaba como terrorista. Acullicando la hoja de coca y mostrando una serenidad profunda, respondió cada una de las preguntas. Señaló que estaba siendo apresado por sus ideales, que no era un delincuente, sino, un ideólogo.

Nosotros luchamos por una causa justa (...) hemos sido esclavos (...) en las minas mi llones de indios han dejado sus huesos (...) ustedes q'aras que están aquí, sus padres nos han oprimido (...) nos pueden detener a millones de campesinos que somos, pero la idea no pueden detenerla (...) Mientras haya hambre, haya discriminación siempre habrá guerra (...) (...) me van a meter preso para treinta años o será más? Pero estoy dispuesto a sufrir (...) no me arrepiento porque estoy aquí por una causa.

Las palabras de Felipe Quispe interpelaron e hirieron, pues dejaron ver que las desigualdades y opresiones en Bolivia eran cotidianas. La opinión publica quedó conmovida. Ante la captura de Felipe Quispe y de otros miembros campesinos del EGTK, el 11 de septiembre de 1992, tres mil comuneros procedentes de las veinte provincias de La Paz se manifestaron rodeando la cárcel de San Pedro, las consignas exigían la libertad de los detenidos. En una segunda oportunidad, el 18 de febrero de 1993, el mismo establecimiento es cercado nuevamente, esta vez por cuatro mil campesinos que vitoreaban en favor de Felipe Quispe.

Como lo mencionó en distintas entrevistas, bajo el encierro, Felipe Quispe creció y acrecentó su agudeza política. En prisión Quispe Huanca se convirtió en historiador, cursó la carrera en cuestión y plasmó la historia del MITKA que había presenciado entre 1979 a 1986. Como resultado de esta labor nació de su pluma el libro titulado El Indio en escena (1994), el mismo que más tarde fue transformado en Mi Militancia. Movimiento Indio Tupaj Katari (2018a). En 1997 dio fin al libro Mi captura, en el que abordó el desenlace de sus acciones dentro del EGTK (Quispe Huanca, 2007[1997]).

A principios de 1997 campesinos de la Federación Departamental Única de Trabajadores Campesinos de La Paz- Tupak Katari (FDUTCLP-TK) cercaron nuevamente el Penal de San Pedro exigiendo la libertad de Quispe, gracias a estas acciones el 20 de junio de ese mismo año Felipe Quispe recuperó su libertad. Una vez libre, Quispe fue elegido Secretario Ejecutivo de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB). Bajo ese nuevo rol, hizo tambalear a varios gobiernos neoliberales, reactualizando nuevamente la estrategia de lucha de Tupac Katari.

El Mallku y las movilizaciones masivas contra el neoliberaliamo

Felipe Quispe Huanca no solo fue un insurgente, sino que estuvo comprometido con la política sindical y partidaria donde insertó su táctica tupackatarista. Así por ejemplo, el 14 de noviembre del 2000 fundó el partido Movimiento Indígena Pachakuti (MIP) y se convirtió en diputado titular el 2002. Pese a su participación en estas estructuras republicanas, no renunció a la ideología de retomar el Qullasuyu mediante la superación de Bolivia y de sus instituciones. A lo largo de su carrera transmitió este ideal a las nuevas generaciones en distintos espacios.

Que no se malentienda, el Mallku sostuvo que la creación de Bolivia había estado fundamentada en la discriminación y las desigualdades, para él, retornar a la forma organizativa comunitaria del Qullasuyu y superar Bolivia era la única opción para posibilitar una sociedad sin injusticias. Su propuesta de aniquilación contiene una posibilidad de creación.

La CSUTB en su gestión 2000-2005 ha uti lizado el libro Tupac Katari vive y vuelve... Carajo! como un libro de consulta diaria para realizar su vida orgánica con bloqueo de carreteras, bloqueo de productos agro pecuarios y cerco a las ciudades (Quispe Huanca, 2007[1988]: c/t).

El Mallku fue un líder indígena que puso el quehacer historiográfico al servicio de las comunidades indígenas. Dotó a sus bases de estrategias que encontró en los archivos y registros del pasado, para que estas, nutridas con una consciencia de las luchas indias del ayer, lograsen hacer escuchar sus demandas en un Estado neoliberal que no tenía la costumbre de tomarlas en cuenta.

Con este posicionamiento ideológico-práctico anticolonial y antibolivianista, Felipe marcó un quiebre con el tipo de liderazgo indígena que había asumido desde 1952. Se opuso vehementemente a relacionarse clientelarmente con los gobiernos de turno para gestionar las demandas del campesinado. A diferencia de sus predecesores como cabezas de la CSUTCB, el Mallku se negó a subordinarse al Estado, por el contrario, confrontó de frente y sin tapujos a los gobiernos neoliberales entre 1998 y 2005. Analicemos estos aspectos, en el artículo de Quispe titulado El rol histórico de la CSUTCB del Semanario El Pulso.

Hace 21 años surge esta joven organización (...) siempre con la injerencia de los partidos políticos (...) Los que componían el Comité Ejecutivo Nacional de la CSUTCB eran dirigentes analfabetos en política e ideología, que solo caminaban bajo la luz de sus asesores q'aras (...) líneas políticas torcidas y que no reflejaban realidades concretas del ayllu. Este tipo de dependencia ideológica ha traído el subdesarrollo de la Nación indígena.

En este escrito Quispe hace un balance retrospectivo de la conducción de la CSUTCB desde su fundación en 1979. En él, condenó contun dentemente la dependencia política de los líderes indígenas respecto de las ideologías partidarias mestizas, a las que llama q'aras. Manteniendo el ideario del MITKA, Felipe afirmó que el sector indígena debía desarrollar un pensamiento y una praxis que reflejasen la realidad de las comunidades rurales.

En este mismo artículo Felipe Quispe señaló que si bien, en años precedentes, las bases orgánicas de la CSUTCB se autodefinían como una clase campesina, en aquel entonces comenzaban a reco nocerse "como Pueblo, como Nación". Cuando Quispe y muchos otros indianistas manifestaron la necesidad de que los indígenas se reconocieran como nación originaria y no como campesinos, trastocaron los idearios liberales de la República de Bolivia, basados en la homogeneización cultural y la propiedad privada, los mismos que se mantenían vigentes con el neoliberalismo entre 1985 y 2003. Por ello, los movimientos populares propugnaron la reivindicación de una indianidad antineoliberal que no renunciaba al ayllu.

El Mallku transmitió el sueño de retornar al ayllu a las bases de la CSUTCB en todo el país. Hizo un trabajo de formación política de hormiga, visitando cientos de comunidades, incluso las más lejanas. Para Felipe Quispe esta labor se trataba de una causa sagrada: la reindianización masiva de los campesinos del siglo XX, pero también de las poblaciones urbanas populares o aquellas identifi cadas a las reivindicaciones indias.

"Una vez capturada la dirección sindical, realizamos un trabajo arduo, viajamos a mil comunidades y mil direcciones con el único objetivo de desneoliberalizar y concientizar y, por qué no decir, reindianizar y reideologizar para que el nuevo indígena remozado sea en el futuro el actor político y no un simple animal político que sirva de pongo a la burguesía de la minoría colonial".

Para llevar cabo esta misión sagrada en los albores del siglo XXI, Felipe Quispe tuvo la convicción de que era posible volver a cercar las ciudades y demostrar una vez más que los indios tienen la fuerza y el poder de una acción comuni taria realizada al unísono. Quispe junto con otros dirigentes sindicales prepararon un levantamiento indio apoteósico todo el año de 1999.

Una muy reducida minoría de dirigentes nos pusimos a armar la rebelión del 2000 (...) En abril y septiembre de este año hemos reconstituido la lucha revolucionaria de Tupac Katari: cercar las ciudades (...) Ahora el movimiento indígena está de pie (...) lucha por su ¡Territorio y Poder!14.

En este tiempo, el rebelde exmiembro del EGTK no renunció a la lucha armada para mo dificar la realidad colonial, sin embargo, cambió los fusiles por piedras que servían para bloquear caminos, cercar las ciudades y paralizar el país. El poder indígena de esos años se expresó en la convocatoria de movilizaciones masivas de indios e indias que para luchar sacaban la fortaleza de la mística tupakatarista inspirada por el gran Mallku.

Ahí estaban, con rostros morenos quemados por el sol del altiplano, soportando noches gélidas y días de hambre y sed, de pie y en combate con piedras y palos, esperando que en cualquier momento aparezcan los militares para reprimirlos: "Lunes 25 de mayo 2001: El bloqueo hacia el lago es total. Intervienen los militares"15. Cientos y miles de mujeres y hombres, niños, ancianos, jóvenes y adultos acudieron al llamado insurgente: "Doña Asunta Choquetijlla no puede contener que las lágrimas bañen su cara -Él es nuestro papá y todo lo que dice se tiene que hacer"16.

Las provincias que se pusieron rápidamente en la trinchera revolucionaria durante los dos primeros bloqueos, el de abril y el de septiembre/octubre del 2000, fueron las del norte paceño, posteriormente, para junio del 2001, fueron contagiadas otras más distantes y poco a poco el movimiento cobró características nacionales. El bloqueo carretero impedía que en las principales ciudades del país ingresen y salgan alimentos y otros productos, así como también imposibilitaba la circulación vía terrestre de las personas.

Para mediados del 2001 la paralización del país se dio a nivel nacional, en tanto Felipe Quispe entabló alianzas con los líderes sindicales del trópico de Cochabamba. Alejo Véliz y Evo Morales comprometieron a campesinos y cocaleros en el bloqueo sistemático de la carretera Cochabamba- Santa Cruz y Cochabamba-Oruro. En el Semanario El Pulso se remarcó el pacto entre los distintos dirigentes indígenas del país: "Sirwinaku (...) Evo Morales y Felipe Quispe, los líderes indígenas con mayor respaldo rural en el país, están dispuestos a poner las primeras piedras de los bloqueos a cuatro manos" (Orduna, 2001).

Es admisible explicitar cuáles eran las demandas de las movilizaciones indígenas. La situación desatendida en el área rural por los distintos gobiernos que se sucedieron, obligaron a los indígenas a tomar medidas de presión y rebelión. Este sector exigía mejores condiciones de vida y de trabajo entre los aymaras y quechuas de las comunidades y de los sectores populares en las ciudades. Sabían que para lograr este cometido el sistema político neoliberal debía ser derrocado.

Parece que los ministros no saben y piensan que estamos bloqueando por bloquear y arruinar el país. No es así, hay una causa (...) Tenemos un pliego de más de 40 puntos (...) no estamos pidiendo armas, estamos pidiendo semillas, tractores, arados, tierra para vivir mejor, para vivir como seres humanos y no como animales.

Efectivamente los gobiernos republicanos se encargaron, mediante distintas reformas agrarias entre los siglos XIX y XX, de aniquilar las tierras en comunidad donde los indígenas solían vivir en condiciones prósperas económicamente (Platt, 2016 [1982]). El resultado fue el empobrecimiento vertiginoso de las comunidades, cuyos habitantes sobrevivieron ya sea como colonos-pongos de hacienda subordinados servilmente al patrón, o migrando hacia las ciudades para trabajar como mano de obra barata y explotada (Platt, 2016 [1982]; Rivera Cusicanqui, 1984; Larson , 1999; Choque, 2005; Gotkowitz, 2011[2007]).

Felipe Quispe junto con las comunidades se alzaron contra estas condiciones deplorables que se arrastraban históricamente. Exigieron mejoras en las condiciones laborales y la modernización del proceso productivo en el agro. Además de estas demandas coyunturales, las movilizaciones indígenas se levantaron contra el sistema neoliberal y sus nuevos intentos de privatización del agua y de la tierra18.

La causa no es de Felipe Quispe, es de miles de indígenas (...) esos niños que están botados en las calles (...) Si enterramos el decreto 21060 junto con Paz Estenssoro vamos a dar un salto muy grande (...) Si logramos rescatar las empresas estatales que ha vendido ese gringo Sánchez de Lozada también vamos a dar un gran salto (Quispe en Guzmán, 2001).

Es posible apreciar las reacciones en ese tiempo, en torno al liderazgo de Felipe Quispe y a las movilizaciones indígenas en el país en el artículo titulado "Todos odiamos al Mallku" (Orduna, 2001). El autor de este escrito sostuvo que, en el contexto del año 2001, en las poblaciones urbanas había surgido un miedo extremo causado por los tres grandes bloqueos carreteros comandados por Quispe. En otro artículo del mismo periódico se afirmó que este líder indígena era un hombre "crispado, en el límite de su propia razón, innecesariamente agresivo (...) parece un animal agazapado" (Guzmán, 2001).

Es cierto que una porción considerable de la ciudadanía urbana no recibía con buen agrado el bloqueo de caminos que dejaba sin comunicación a la ciudad de La Paz con el eje productivo troncal del país (La Paz-Cochabamba-Santa Cruz). Manifestaban el mismo pavor colectivo que había sentido la paceñidad del siglo XVIII. Entre algunos habitantes que vestían traje sastre, proliferaron ciertos insultos contra esa Bolivia campesina a la que consideraban "salvaje".

Se ha roto la tolerancia intelectual y para Felipe solo queda la condena (...) han descubierto que simplemente el Mallku había sido un delincuente, un terrorista o un insano mental (Orduna, 2001).

Si bien el cerco a las ciudades causó un gran malestar en los citadinos, por otra parte, esa porción social no realizaba ningún esfuerzo por comprender el porqué de las presiones campesinas al gobierno. Asimismo, la coyuntura servía para que porciones conservadoras desplegaran sus críticas plasmadas de racismo y discriminación hacia el sector indígena.

Sin embargo, las reacciones adversas al liderazgo de Felipe Quispe quedaron opacadas por otras de aprecio y agradecimiento, las mismas que fueron contundentes en el área rural del altiplano y en las zonas populares de las ciudades. El Mallku levantó el orgullo indio y fue visto como un padre capaz de defender la causa de millones de indígenas, a la vez, puso en jaque a los gobiernos de aquellos años y obligó a los políticos a dialogar y negociar con los indígenas en sus comunidades, en lugar de hacerlo en las instituciones del poder estatal.

En octubre de 2001, cuando logró que el gobierno aprobara casi el 90% de las demandas indígenas, Felipe Quispe fue recibido apoteósicamente en todas las comunidades circundantes a Achacachi y del lago Titicaca. En palabras de Pablo Mamani, este hecho demostró que la fuerza del liderazgo del Mallku estaba dado por su complementariedad con el área rural. Es la comunidad la que sostiene y avala el liderazgo de Felipe Quispe (Mamani Ramírez, 2012).

Ingresa a Achacachi. Cientos de campesinos se deslizan del cerro (...) Las detonaciones de dinamita no callan (...) los niños tocan sus latas, los adultos aplauden el paso de la caravana (...) Cuando el líder comienza a hablar, en toda la pampa se escucha su voz y el ulular del viento (...) El Mallku pide que todos juren que cada uno será el impulsor de una nueva Nación para los indígenas.

Felipe Quispe, retomando la propuesta ideológica de Fausto Reinaga (1970a), denunció la existencia de dos Bolivias, una india oprimida y otra opresora blanca mestiza. En pleno debate político con el presidente de aquella época, Hugo Banzer Suárez (1997-2001), el Mallku, ese indio irreverente, le dijo que le habla de jefe a jefe. Si bien Banzer era el Presidente de la Bolivia opresora, el Mallku era el presidente de esa otra Bolivia, la oprimida, que comenzaba a liberarse.

Con esta discursividad, así como mediante las acciones insurgentes que comandó, se demostró que Felipe Quispe no solo fue un líder sindical del movimiento agrario, sino que fue un historiador dispuesto a transformar el tiempo futuro de los indios y del país. Asimismo, al denunciar la existencia de dos Bolivias y plantear la necesidad de que "hay que indianizar al q'ara", invitó a los mestizos a que se identifiquen y comprometan con la causa sagrada india. Esta propuesta subvirtió el paradigma cultural del mestizaje que había imperado desde 1952 (Sanjinés, 2001). Las palabras del Mallku calaron fuerte en una porción urbana mestiza, quien entre el 2003 y 2005 apoyó las demandas de las bases de Felipe Quispe y de otros líderes indígenas, para juntos poner fin a los gobiernos neoliberales en Bolivia.

CONCLUSIONES

El postulado primordial del indianismo de Felipe Quispe fue llevar a cabo un levantamiento, la guerra comunitaria de los ayllus, para acabar con un Estado estructurado en el racismo. Manifestó que mientras existan desigualdades siempre habría guerra. Su indianismo tupakatarista radical, en las décadas de los setenta hasta los noventa, se manifestó principalmente en estructuras clandestinas como MITKA (antes de legalizarse como partido político) y en el EGTK. Al salir de la cárcel en 1997 y convertirse en máximo dirigente de la CSUTCB en 1998, reactualizaría la estrategia militar de Tupak Katari al interior de estas estructuras sindicales reconocidas por la normativa republicana. No renunció al levantamiento, pero cambió las armas, por piedras en el bloqueo sistemático que pondría en jaque a los gobiernos neoliberales.

Si bien el EGTK se disolvió tempranamente en 1992, sin llegar a la realización de sus utopías, sus postulados reemergieron durante los levantamientos insurreccionales indígenas y los cercos a la cede de gobierno del 2000 al 2001. La impronta radicalizada del EGTK también se manifestó en los levantamientos del 2003 y del 2005 que desembocaron en la caída del gobierno neoliberal de Gonzalo Sánchez de Lozada y posteriormente de Carlos D. Mesa Gisbert (Quispe Huanca, 2018b). Recientemente, la lucha tupakatarista volvió a emerger ante la manifestación de un neocolonialismo en el gobierno de Jeanine Añez en 2019-2020.

El posicionamiento ideológico de Felipe Quispe y la estrategia de acción colectiva indígena-popular tupakatarista de principios del siglo XXI interpeló el racismo y reindianizó la sociedad. Este hecho preparó el terreno para que en 2005 la población apoyara electoralmente y de manera masiva al primer Presidente indígena de nuestra historia, Evo Morales Ayma, acompañado de su vicepresidente, un exmiembro mestizo del EGTK, Álvaro García Linera.

Después de casi 14 años en los que Felipe Quispe prácticamente asumió un silencio político entre 2006 y 2019, a excepción de algunas críticas esporádicas principalmente contra el vicepresidente de Evo Morales, la radicalidad india de Quispe reemergió con furia y grandeza durante el gobierno de Jeanine Añez. De manera principal cuando este gobierno arremetió militarmente contra sectores populares e indígenas en noviembre del 2019 durante dos masacres, la de Sacaba (Cochabamba) y la de Sentaka y Zona Sur (El Alto- La Paz).

El levantamiento popular que comandó Felipe Quispe Huanca en agosto del 2020 refrenó al gobierno anticonstitucional, aceleró las elecciones que habían sido postergadas en tres oportunidades, dio su apoyo moral a David Choquehuanca (líder indígena y actual vicepresidente) y allanó nuevamente el retorno del movimiento al socialismo MAS-IPSP en noviembre del 2020. Felipe Quispe nunca estuvo en la estructura partidaria ni administrativa del MAS-IPSP, sin embargo, esta última tiene una deuda histórica con el liderazgo y la lucha de Quispe Huanca.

Tres años antes Felipe Quispe escribía desde las profundidades de su alma: "estamos siempre listos para ofrendar con nuestra vida (...) hasta conseguir la liberación definitiva de las naciones autóctonas" (Quispe Huanca, 2018a:154). Cuando un dolor profundo se posó sobre los sectores populares que tuvieron que contener un golpe de Estado que arremetió con violencia y muerte en noviembre del 2019, apareció él con su valentía para devolvernos el ajayu (el alma y el coraje): -"mientras estoy con vida no los puedo dejar huérfanos (...) tenemos que salir y protestar (...) esto no es reciente, el año 2000 hemos empezado nuestra lucha, ahora nos toca tumbarle a esta señora"21.

Felipe Quispe Huanca, el Mallku, fue ese líder que apareció para otorgar la fortaleza moral necesaria en momentos de máxima adversidad y para revitalizar la lucha de las organizaciones sociales de abajo, de la base popular. El 19 de enero del 2021 murió como un guerrero, de pie y con su wiphala, cantando el himno a Tupak Katari, a punto de convertirse en el gobernador del departamento de La Paz22. Sus restos hoy yacen en su pueblo natal, Ajaría Chico. Las generaciones del presente y del futuro le rinden y rendirán tributo hasta conseguir la liberación de la Bolivia india y del gran Qullasuyu.

Agradecimientos

Agradezco a Alberto Díaz Araya por invitarme a escribir acerca de la vida de Felipe Quispe Huanca, una figura excepcional de la historia boliviana. Esta labor ha sido para mí un honor que espero realizar a cabalidad. Asimismo, agradezco los comentarios, las guías metodológicas y el apoyo brindado por Patricia Palma para la realización de este trabajo. Finalmente, agradezco la lectura y los comentarios al manuscrito de Nivardo Rodríguez y Fátima Lazarte.

 

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