Mayo 14, 2026 -HC-

Mucha tela por cortar … a propósito de doña María Galindo


Miércoles 8 de Abril de 2026, 10:00am




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Mi abuelita Cecilia usaba el tipoy todos los días. Y ¡Vaya que lo presumía con orgullo! No necesitaba plumas de plástico, uñas postizas, espejitos de adorno, aretes de fantasía ni rímel de brocha gruesa para ser diferente. Era auténtica. Y se veía más bonita que nadie, como todas las mujeres chiquitanas.

No veo, por tanto, por qué debiéramos los chiquitanos, los cruceños, los cambas, los orientales ofendernos por lo que ha dicho y hecho la señora María Galindo: cortar un tipoy como protesta de que es una vestimenta del colonialismo y que no la representa. «No vemos las cosas como son, sino como somos», escribía Anaïs Nin. He ahí lo que devela lo que María Galindo es. Las acciones de otros hablan de ellos, no de nosotros.

Alguien con peso en las redes sugería sancionarla dándole muerte civil, no comprarle sus libros y echarla de la ciudad. Eso solo arrastraría a todos al mismo nivel que ella. ¿Expulsarla? Para qué. Hoy, María se autoexilia dondequiera que va. En la calle no le quieren conceder entrevistas y la han echado de su mismo territorio andino y por su propia gente. Recordemos lo que le hicieron en la UPEA.

María puede romper mil tipoyes, mil sombreros de saó o despotricar contra nuestra bandera verde, blanco, verde, pero su opinión no cambiará en absoluto los valores que identifican a Santa Cruz, su identidad y su gente. Una cultura sólida no necesita reaccionar con violencia ni venganza para afirmarse; se sostiene en su historia, en su gente y en sus valores.

María vocifera que el tipoy no la representa, se entiende. Es lo mismo que la pollera no representa a alguien del oriente. La diferencia estriba en que el oriental —cruceño, beniano, pandino— no solo respeta la pollera, sino todas las identidades diferentes, y las acoge, le extiende la mano y le invita a quedarse en esta tierra para servirse un café con cuñapé o un majau clinudo. No nace ningún resentimiento contra la identidad del occidente ni de cualquier otra latitud del país o del mundo, no hay por qué ni motivo alguno. Santa Cruz —y el oriente boliviano— es lo que es y no se define por la opinión de una persona. El cruceño es como es, vive feliz con lo que tiene, con su modo de ser y de vivir.

Eso sí. María Galindo no actúa por ignorancia, para nada, lee un poquito. Actúa conscientemente porque asume que su pose de feminista ‘rebelde y revolucionaria’ ha quedado vacío de argumentos y de ideas, entonces, como toda vacuidad, necesita show. Por eso se explaya con toda soltura donde encuentra un micrófono o un espacio también vacío, como las cabinas de varios medios de comunicación. Es más fácil señalar hacia afuera que mirar hacia adentro. Y no todo lo que nos ofende merece nuestra atención.

María tampoco representa a La Paz ni al occidente, faltaría más, por cuanto, responderle es simplemente darle cabida a la barbarie, al atraso, al racismo que siempre han querido imponer… y al analfabetismo indisimulable sobre la historia del oriente boliviano. Nadie tiene la culpa, peor todavía Santa Cruz, de que Galindo sea lo que es, simplemente una señora a la que le llaman ‘la Galindo’, y no por su conocimiento, sino tan solo por su vestimenta estrambótica, ni siquiera hecha a su medida, donde ahí sí hay mucha tela por cortar.

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