Marzo 21, 2026 -HC-

Mambrú se fue a la guerra: La lenta muerte del ser hombre


Sábado 21 de Marzo de 2026, 9:15pm




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Todos recordamos la canción infantil: "Mambrú se fue a la guerra, ¡qué dolor, qué dolor, qué pena!". Pero poco nos hemos detenido a analizar que Mambrú no fue por voluntad, sino porque el sistema necesitaba un soldado. Hoy quiero hablar de una tragedia silenciosa que ocurre frente a nuestros ojos: la instrumentalización del hombre y la lenta muerte de su ser bajo el mandato de una masculinidad tóxica y un Estado patriarcal que lo usa hasta que se rompe.

Este proceso es lo que llamo andronicidio: la muerte de un hombre por el hecho de serlo, no solo en el sentido físico, sino en la aniquilación de su humanidad para convertirlo en un simple engranaje. Al hombre se le imponen funciones para "merecer" su existencia. Si no las cumple, el sistema lo expulsa, lo humilla o lo declara inexistente.

Primero, se le exige ser un instrumento de procreación. La virilidad se mide en bebés engendrados. "Si no tienes hijos, eres un maricón", dice el susurro social. Aquí, el hombre es reducido a su capacidad biológica de "sembrar", negándole la posibilidad de una paternidad afectiva o, simplemente, el derecho a no querer ser padre. Es la biología al servicio del ego colectivo.

Luego, viene la orden de ser un instrumento de control. "Macho, macho, macho; los hombres no lloran". Esta castración emocional tiene una lógica perversa: si un hombre no puede controlar sus propios sentimientos, la sociedad asume que no podrá controlar sus "pertenencias" (incluyendo a las mujeres y sus propiedades). Se le obliga a vivir en una coraza de piedra, donde la vulnerabilidad es sinónimo de fracaso.

También se le entrena como instrumento de ataque. Bajo la ley del más fuerte, si te pegan y no devuelves el golpe, "no eres hombre". Esta naturalización de la violencia forma soldados para la vida cotidiana y para las trincheras. Miles de hombres mueren en guerras o en riñas absurdas arriesgando la vida solo para probar que existen. Es el sacrificio ritual del "macho" en el altar del honor mal entendido.

Finalmente, el sistema lo convierte en instrumento de consumo. "¿Ya tienes chica? ¿Solo una? Billetera mata galán". Aquí el valor del hombre es igual a su capacidad de proveer y ostentar. El hombre es lo que tiene, lo que compra y lo que conquista. Esta presión económica y sexual los consume, llevándolos a niveles de estrés y colapso que acortan sus vidas.

Este proceso andronicida es la lenta muerte del ser hombre a manos de un sistema que precisa de individuos que funcionen sin quejarse hasta morir "como hombres". El patriarcado no solo oprime a las mujeres situándolas como objetos de reproducción, de explotación, de ataque o de exhibición, también devora a los hombres, utilizándolos como carne de cañón en la guerra, en la producción, en el control social.

Por otra parte, cabe decir que el androcidio no es solo una cifra de morgue; es el síntoma final de un sistema que instrumentaliza al varón hasta volverlo desechable. Se manifiesta con crudeza cuando un hombre elimina a otro en el frente de una guerra, actuando como el brazo ejecutor de un Estado que solo lo valora como carne de cañón, o cuando la competencia insana por el poder y la "ley del más fuerte" termina en la aniquilación del rival. Sin embargo, existe un androcidio más silencioso y perverso: la muerte en la soledad absoluta de quien fue entrenado para no pedir ayuda, o el trágico final del suicidio, donde el hombre termina siendo víctima de la propia guerra interna que el patriarcado le obligó a pelear. El suicidio masculino es, en muchos casos, el colapso de un ser humano que ya no pudo sostener la máscara de invulnerabilidad y control que se le exigió para "ser hombre"

Ser hombre no debería ser una carrera de obstáculos para demostrar virilidad, poder o riqueza. Los hombres deben reclamar su derecho a existir fuera de estas funciones instrumentales, a llorar sin miedo, a cuidar sin que se les caigan los galones y a vivir sin tener que pedir permiso a un estereotipo obsoleto. El andronicidio debe parar; la vida de los hombres también es sagrada, más allá de lo que puedan producir o destruir.

"Por una sociedad donde ser hombre no sea una guerra contra uno mismo, sino la libertad de un ser humano."

Marynés Salazar Gutiérrez Ph. D. (Investigadora, educadora, filósofa, política, forense, sexóloga y psicóloga / Directora de Psinergia / Docente UCB, UMSA, UPEA / Yt. Fb. TikTok: Psinergia Bolivia / Consultas al 69786000)

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