Está apareciendo en el debate, la gobernabilidad económica del territorio y la situación angustiosa de los habitantes urbanos, analizados desde La Paz y El Alto. En medio de la confusión, dos analistas incorporan una aproximación a una Bolivia que no conocemos por lo difícil que está resultando el empate del discurso y la realidad con relación a las expectativas. La Bolivia de los 47 días de bloqueo, que vive en ciudades, que abandona el campo por carencia de servicios y oportunidades económicas, que desconoce la responsabilidad que acarrea la urbanización y mantiene la narrativa de ser una sociedad "originaria indígena campesina", no administra la evidencia que el 80% de la población ya vivimos en áreas urbanas y la solución no será, ni “la anulación del indio” como propone cierta derecha, ni la “indianización de las ciudades” como sugirió García Linera.
La confrontación resulta complicada. ¿Es aceptable la propuesta de algunos mallkus (autoridad tradicional de la cultura andina) y de los ponchos rojos (símbolos de la milicia aimara, resistencia social, defensa del territorio y poder comunitario) que los "no indígenas", la sociedad nacional con calidad de "inquilina", devuelva las propiedades a los “dueños de la tierra”? La hipótesis reconocería el fracaso de 200 años en los que se intentó construir una consciencia nacional basada en la democracia, la diversidad, la cohesión social, la tolerancia y el respeto al otro.
Analizando la conformación poblacional, cultural, económica y territorial de la sociedad, debemos aceptar su ingobernabilidad, falta de desarrollo sostenible, competitividad y productividad. Al haberse agotado la disponibilidad económica y haber triunfado la discrecionalidad en su reparto, quedó en evidencia la imposibilidad material de resolver las necesidades colectivas de la población en general, y en mayor proporción la de los habitantes que viven en zonas rurales lejanas de las ciudades y que eran cubiertas por el Fondo Indígena, entre otros; en un escenario razonable, ya no es posible atender las exigencias “originaria indígena campesina”, la de los “movimientos sociales” y las de una burocracia que sostenía al proceso de cambio de manera prebendal.
Javier Gómez, describe "La geografía invisible de los bloqueos", identificando los conflictos sociales y políticos, "analizando las zonas de cada punto de bloqueo", y revelando que en cada una de las demandas sociales "hay una superposición de economías legales, informales e ilegales que disputan el control del territorio." Dice que "el mapa de transitabilidad de la ABC difundido durante el conflicto, muestra decenas de puntos rojos atravesando el país, (evidenciando) una nueva cartografía del poder en Bolivia." "Los puntos críticos no aparecen al azar. Muchos coinciden con corredores históricos de circulación de mercancías, zonas extractivas, territorios de economías informales y rutas donde confluyen narcotráfico, contrabando, minería aurífera y estructuras corporativas locales." Estos puntos corresponden al Chapare por el control territorial y economía excedentaria; el Norte de Potosí que pasa de Siglo XX a “México Chico”; en Charazani y el norte paceño corredor del oro y la cocaína; en Patacamaya y Challapata por el poder de las carreteras; y en El Alto como la capital de la economía informal. "Si el Chapare expresa el poder territorial cocalero y el norte de Potosí la fragmentación post relocalización, El Alto representa la consolidación urbana de las diversas formas de economía en Bolivia." Señala que los actores ya no buscan únicamente representación política, sino dominio sobre corredores logísticos, economías regionales y territorios estratégicos. “El Estado conserva legitimidad formal, pero pierde progresivamente el monopolio real sobre las rutas, las economías y los territorios."
Nuestra investigación sobre Ciudades Intermedias, desde hace 10 años pregunta: ¿qué ocurrirá cuando en 2034, el 90 % de los habitantes vivamos en zonas urbanas, y Bolivia tenga un millón de km2 sin masa crítica poblacional? Gómez adelanta la catástrofe.
En el tema urbano, Ricardo Bajo en el artículo "Los racistas son caníbales”, identifica seis conductas, y a sus detentadores, que, al desconocer por razones ideológicas, políticas, raciales, culturales, económicas, los procesos de movilización social y reivindicación que se están produciendo, ahondan los conflictos y provocan mayor violencia, material y simbólica. Robert Brockmann, defendiendo a los habitantes de La Paz y El Alto, contestó "Los bloqueadores son los verdaderos sitiadores, Una respuesta a la hipocresía caníbal de Ricardo Bajo."
Brockmann parte de la defensa de la realidad urbana desconocida por el atropello. "Mientras una minoría rural organizada bloquea carreteras, impide el paso de alimentos, medicinas y ambulancias, y causa muertes reales en las ciudades, tú prefieres diagnosticar “transformaciones moleculares” fascistas en los paceños y alteños. La realidad es más cruda y menos literaria: los caníbales aquí son quienes devoran la vida urbana desde los caminos, no quienes denuncian el hambre que aquellos imponen”. La población de “urbanos, mestizos, aimaras integrados, profesionales, comerciantes, familias, ve cómo se agota el oxígeno en los hospitales, los alimentos en los mercados y las medicinas, cómo sus pequeños negocios se disuelven y sus ahorros se pierden. La Paz y El Alto son mestizas, híbridas, vivas. La mayoría urbana integra lo indígena, lo mestizo y lo moderno. La mayoría urbana tiene derecho a vivir, trabajar, circular y prosperar. La minoría rural tiene derecho a protestar. Invertir esta ecuación con metáforas gramscianas, es habilitar la barbarie."
En este momento en el que pareciera acabó el espacio y el tiempo para la reflexión, debemos revisar la inteligencia acumulada sobre estos temas. Encontraremos la gota que horada la piedra de quienes proponemos las ciudades intermedias y el turismo frente al despoblamiento rural, la Política Nacional de Desarrollo Integral de Ciudades apoyada por ONU Hábitat, y el Informe 2015 del PNUD, “El nuevo rostro de Bolivia: transformación social y metropolización”. Por favor, no empecemos de cero.
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