Hace mucho tiempo, en 1968, conocí a un joven de nombre Crispín Quispe. Ambos llegamos a coincidir en una casa de huéspedes en la Ciudad Satélite de El Alto. Yo había llegado procedente del sur (Tarija) y me correspondía cursar el segundo de secundaria. Crispín llegó de Uyuni (Potosí) a estudiar en la Escuela Normal Superior para ser profesor.
En aquellos años El Alto era un barrio marginal de la ciudad de La Paz y Ciudad Satélite era un complejo habitacional de grandes dimensiones que fue construido dos años antes durante el gobierno de René Barrientos. Fueron más de 2.500 viviendas financiadas a bajo costo especialmente construidas para familias de escasos recursos que, en su mayoría, eran del interior del país. Allí a más de 4.000 metros de altura conocí a Crispín.
Crispín era un joven deportista de unos 22 años de edad. Cada día lo veía levantarse muy de madrugada para hacer sus ejercicios físicos, realizar sus entrenamientos y recorrer grandes distancias por las empedradas calles de esa nueva urbanización. Era muy disciplinado en sus entrenamientos y no tenía ninguna dificultad con la altura paceña.
Cuando llegaba después de sus largos recorridos, tomaba un plátano y una marraqueta a fin de recuperar las energías perdidas. Era de poco hablar, pero un día me dijo: “chapaquito, pronto me veras correr por las calles de la ciudad de La Paz y quiero llegar muy lejos en este deporte”. Tal cual unos meses después Crispín estaba corriendo en la prueba pedestre de El Diario.
A partir de ahí comenzó una vertiginosa carrera por alcanzar los primeros lugares en las diferentes pruebas de fondo que se realizaban en todo el territorio nacional. Entabló una rivalidad deportiva con atletas de renombre en aquella época y casi siempre estaba en el podio de los ganadores. Poco a poco fue ganando notoriedad y la prensa deportiva lo comenzó a buscar.
Crispín Quispe llegó a ser un atleta de elite que se destacó a finales de la década de los sesenta y comienzos de la década de los setenta del siglo anterior. Fue un atleta especializado en pruebas de fondo. Llegó a establecer récords nacionales en 3.000 metros con obstáculos, 5.000 y 10.000 metros planos y en el maratón. Era conocido como el atleta de las abarcas.
Por ser uno de los mejores fondistas nacionales y por haber logrado las marcas mínimas establecidas por Comité Olímpico Boliviano, se clasificó para los Juegos Olímpicos de Munich-Alemania 1972. La delegación boliviana estuvo conformada por 11 deportistas. En atletismo: Lionel Caero, Ricardo Condori, Crispín Quispe y Juvenal Rocha. En tiro deportivo: Carlos Asbun, Eduardo Arroyo, Fernando Inchauste, Ricardo Roberts, Armando Salvietti y Jaime Sánchez y en equitación, Roberto Nielsen Reyes.
En el Maratón, la prueba estrella de las olimpiadas, Ricardo Condori ocupó el puesto 58, Crispín Quispe el puesto 61 y Juvenal Rocha no logró finalizar la prueba. Crispín a sus 26 años de edad había logrado hacer realidad su sueño más anhelado como deportista: representar a Bolivia en una Olimpiada y llegar a ser siete veces campeón nacional de atletismo.
El 7 de julio de 2022 el Honorable Senado Nacional procedió a hacerle un justo reconocimiento camaral al profesor Crispín Quispe en mérito a su brillante trayectoria deportiva y por haber representado al país en los Juegos Olímpicos de Munich. El gran atleta boliviano entre lágrimas pronunció unas palabras que conmovieron al auditorio, dijo: “El olvido duele mucho”.
En 2024, a través de las redes sociales me enteré de una triste noticia. En plena pandemia Crispín que ya era una persona de la tercera edad y que vivía a unos 40 km. de Uyuni, sufrió un robo en su pequeña parcela de terreno por delincuentes que lo maniataron, golpearon y robaron las pocas pertenencias que tenía, carnearon sus llamas y le dejaron sin garrafa de gas.
Hoy, cuando comenzaba a escribir esta crónica me entero de otra mala noticia: Crispín Quispe había fallecido el 19 de febrero del 2026 en la ciudad de Uyuni a los 79 años de edad. Se fue de este mundo el atleta de las abarcas. Crispín Quispe llegó muy lejos: a una Olimpiada y fue un gran Campeón. Nunca te olvidaremos Crispín. Paz en tu tumba.
Por: Ramiro F. Rodríguez Ibáñez, desde la chura Tarija
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