Señalábamos que la concepción de la enseñanza, la que tuvo los efectos más profundos y duraderos, afirmaba que la educación requiere el distanciamiento del estudiante con cualquier vínculo social, cultural, con sus propias emociones, deseos y aspiraciones. Al influjo de esta concepción, la enseñanza quedó definida como proceso de transmisión, bajo formas pedagógicas que garanticen la adquisición de los contenidos racionales: la abstracción, la repetición y la memorización.
Llevando a que la práctica pedagógica desarrollada por docentes, maestras y maestros se centre en lo que se transmite: contenidos, conceptos, hechos, datos, cifras, esencialmente. Priorizándose un proceso cuyo éxito está basado en la reproducción uniforme e impersonal de los mismos, es decir, desde la concepción de que los contenidos educativos revelan verdades objetivas y externas, que no requieren ni implican la participación del sujeto. Algo que solo pudo ser posible en la organización propia e independiente de la escuela y las instituciones educativas, como espacios en los que los contenidos lograron ser transmitidos prescindiendo de las experiencias, voluntades y deseos de los sujetos.
Escuelas e instituciones educativas se constituyeron al encuentro de esta premisa, lo que implicó que se vieran desvinculadas de la realidad y los contextos a los que pertenecen, y de la posibilidad de que las propias experiencias y aprendizajes alcanzados por las y los estudiantes pudieran formar parte de la obra educativa, del proceso de enseñanza y aprendizaje. En esos términos, la educación se llevó adelante distanciándola de cualquier posibilidad de participación del sujeto (las y los estudiantes); como un acto uniforme, homogéneo y repetitivo. Produciéndose uno de los hechos históricos más desconcertantes e irónicos de la educación: el alejamiento del sujeto de su propio proceso de aprendizaje. En el centro de la educación quedaron establecidos los contenidos, en reemplazo del sujeto.
La educación bancaria vislumbrada por Paulo Freire, denuncia este alejamiento: “Referirse a la realidad como algo detenido, estático, dividido y bien comportado o en su defecto hablar o disertar sobre algo completamente ajeno a la experiencia existencial de los educandos deviene, realmente, la suprema inquietud de esta educación” (2005, p 77). Como resultado, escuelas e instituciones educativas, buscando alcanzar el éxito de la educación desde el dominio del orden racional, propiciaron más bien una larga historia de modelos y metodologías fallidas, tendientes a la adquisición del conocimiento, que separaron la enseñanza y el aprendizaje del desarrollo del sujeto y de su revelación como ser libre y creador.
¿Cuál fue la mayor consecuencia que tuvo la educación transmisiva sobre el rol de docentes, maestras y maestros? Es la interrogante que abordaremos en el siguiente artículo.
*Estas reflexiones son fragmentos de la obra “Pedagogía del Sujeto. Transitar de la transmisión y la despersonalización a una educación para la libertad y la creación”.
Referencias:
Freire, Paulo. (2005). Pedagogía del Oprimido. Buenos Aires: Siglo XXI Editores



