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La calle mata sin clemencia a niños y jóvenes, el 2017 hubo 17 casos en El Alto

El número de muertes de niños, niñas y adolescentes en situación de calle en la ciudad El Alto va en aumento. Unos fallecen por cuestiones de salud y alimentación; otros al cabo de enfrentamientos personales. El entierro es otro drama indescriptible.


Miércoles 23 de Mayo de 2018, 10:00am






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El Alto, 23 de mayo (Giovana de la Cruz, Urgentebo).- En El Alto, el año 2017 fallecieron 17 personas en situación de calle. Entre ellos estaban niños, adolescentes y jóvenes; 11 de ellos fallecieron por complicaciones de salud y los seis restantes por violencia entre pares.

Para el Coordinador de Alianza Maya Paya Kimsa, Denis López, todos los años se registran muertes de niños, adolescentes y jóvenes en situación de calle en El Alto, es un drama que se agudiza  en la temporada de invierno, cuando sufren de enfermedades respiratorias y la mala nutrición, hasta la situación de perder la vida.

Esta población vulnerable desarrolla diversas estrategias para sobrevivir en la calle, disputándose entre sí el espacio público para machetear (pedir limosna), dedicarse a actividades ilícitas o ser sometidos a violencia sexual comercial,  pues el objetivo es alimentarse, vestir e incluso comprar inhalantes, explica.

Desde el 2007, cuando Maya Paya Kimsa comienza a trabajar con esta población en El Alto, el registro de personas muertas sobrepasa los 80 individuos en situación de calle.

La presidenta de la Red Departamental de Instituciones que Trabajan con la población de Niños, Niñas y Adolescentes en Situación de Calle en La Paz, Daniela Riveros, afirma que entre el mes de octubre, noviembre y diciembre del año 2017, han fallecido ocho personas entre niños, niñas, adolescentes y jóvenes. “No pueden morir dignamente ya que en muchos casos no tienen documentos de identidad ni familiares”, lamenta Riveros.

¿Quién se encarga del entierro de ellos?

Denis López explica que no existe apoyo en ese aspecto y deben acudir a las instituciones que trabajan con esta población. Lo que se traduce en un peregrinaje cuando se presentan muertes, ya que una vez se enteran del hecho deben ir a la morgue a reconocer el cuerpo, buscar a algún familiar cercano; de no encontrarlo, realizar el respectivo trámite para sacarlo del depósito de cadáveres y darle una cristiana sepultura.

En muchos casos, los educadores de calle (personal que trabaja directamente con esta población) deben cavar la fosa en el cementerio para poder enterrarlos. “Una muerte nos cuesta como 1.500 bolivianos sin sumar los gastos extras como el pago al médico forense, papeleos y otros”, relata López.

Muchas de estas muertes se deben a hipotermia, apuñalamientos, temas de salud; cuando se trata de casos de asesinato la situación es más compleja, asegura López.

“Para los niños, adolescentes y jóvenes es casi imposible el acceso a los servicios de la salud porque son indigentes, hay casos en los que mueren en las puertas de los hospitales, donde por más que estén desangrándose no se los atienden porque no tienen dinero con qué pagar”.

“Tenemos que dar respuestas como municipio, como gobernación y como instituciones”, lamenta el coordinador de la Alianza Maya Paya Kimsa.

Daniela Riveros afirma que las últimas muertes fue de personas que llevaba el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) lo cual complicó aún más el problema, debido a que mucha gente e incluso funerarias, por falta de información respecto a la enfermedad, se negaron  a prestar sus servicios por el miedo a contaminar sus herramientas de trabajo y contagiarse, lamenta Rivero.

Más de 45 días en la morgue

Es el caso de Juan (nombre convencional), joven de 16 años de oficio lustrabotas, quien bajo el efecto de inhalantes, murió al caer a un hueco en inmediaciones del exHotel Plaza del Prado paceño. 

Una vez que su cuerpo fue trasladado a la morgue del Hospital de Clínicas, se demoró un mes y una semana para poder enterrarlo, debido a que no contaba con documentos ni familiares. La Red Departamental de instituciones que trabajan con población en situación de calle tuvo que realizar un procedimiento judicial para poder sacar el cuerpo de la morgue y al fin darle cristiana sepultura.

“No pueden morir dignamente y nosotros tenemos que hacernos cargo”, expresa la presidenta de la Red Departamental, Daniela Riveros.

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