Junio 07, 2026 -HC-

Julio Núñez, el periodista que destapó los crímenes en Bolivia del jesuita español Pica


Domingo 7 de Junio de 2026, 9:30am




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A finales de abril de 2023, el periodista español Julio Núñez Montaña (Casar de Cáceres, 1990) publicó en el periódico El País(España) el reportaje “Diario de un cura pederasta”, una investigación de largo aliento que destapó para el mundo y, sobre todo, para Bolivia la historia de horror por la que habían pasado más de 80 niños y adolescentes bolivianos a los que el sacerdote jesuita catalán Alfonso Pedrajas (1943-2009), apodado “Padre Pica”, había abusado sexualmente durante décadas, aprovechando su condición de maestro en el colegio Juan XXIII de Cochabamba. Aunque en Bolivia su nombre era poco o nada conocido, salvo por las personas involucradas en su investigación sobre Pica, el periodista extremeño estaba lejos de ser un novato en el tema de la pederastia clerical. Llevaba ya algunos años indagando y publicando historias de crímenes sexuales perpetrados por curas, encubiertos por la Iglesia católica y favorecidos en su mayoría por la impunidad judicial.

“Diario de un cura pederasta” marcó un antes y un después en la relación de Bolivia con la institución católica. Nunca antes se había documentado públicamente un escándalo de pederastia de tal magnitud. Los casos amplificados por los medios eran escasos y esporádicos, la Iglesia podía mantenerse en silencio sin arriesgar su reputación y el Estado boliviano no se tomaba en serio las denuncias. Tras ese domingo de abril en que abrió la portada de El País, el tema pasó a estar en boca de todos los bolivianos. Los medios republicaron el reportaje, le dieron seguimiento diario, entrevistaron a Núñez y salieron a buscar otras historias de abuso sexual clerical. La Iglesia y, en particular, la Compañía de Jesús debieron aceptar, aun a regañadientes, los delitos cometidos por sus miembros y mantenidos en la oscuridad por sus jerarcas. La Fiscalía anunció una investigación exhaustiva y el gobierno –entonces a la cabeza de Luis Arce– condenó enérgicamente los delitos confesados por Pica en un diario personal que fue la base de la investigación de El País.

El reportaje también marcó un antes y un después en la vida de Julio Núñez. Siguió investigando y publicando historias sobre pederastia en la Iglesia católica (incluidas otras que tuvieron víctimas bolivianas, como la recogida en “Los manuscritos de Charagua”, de 2024), ganó premios por su trabajo, conoció Latinoamérica y publicó su primer libro, Padre Pica: Cartografía de un abusador en la Iglesia (Debate, 2025). En Bolivia, la búsqueda de justicia ha avanzado poco, pero ha avanzado. El resultado más concreto ha sido la sentencia contra los jesuitas Marcos Recolons y Ramón Alaix, exprovinciales de la Compañía de Jesús en este país, condenados por encubrir los abusos de Alfonso Pedrajas a una pena de un año de prisión, reparación de daños y reparación civil de las víctimas. El proceso penal, encaminado por la Asociación Boliviana de Víctimas y Sobrevivientes de Abuso Eclesial, fue ampliamente cubierto por Núñez para El País y su sentencia fue reconocida como un hito local e internacional de la lucha contra la impunidad de los religiosos pederastas. De hecho, el periodista español publicó hace solo unos días una extensa nota sobre la ratificación de la condena contra Alaix y Recolons, dictada por la Sala Tercera del Tribunal de Justicia de Cochabamba, la cual había sido apelada por los abogados de los octogenarios sacerdotes tras su emisión original, en septiembre pasado.

Núñez concedió esta entrevista a finales de 2025, en días en que presentaba y promocionaba Padre Pica, cuya edición en papel no está disponible en Bolivia, aunque puede adquirirse en edición digital. En la conversación –que se publicará en dos entregas–, el aún treintañero periodista parte del origen del libro, recorre detalles sobre la investigación de los crímenes de Pedrajas, habla de su relación con Bolivia y reconoce los aprendizajes que se llevó del país.

¿Cómo nace la idea de convertir la investigación periodística en un libro? 

Yo consideraba que la historia era muy importante y, de hecho, cuando voy a escribir el libro, en la editorial nunca me imponen la estructura ni me cambian nada. Me han tratado genial y me han cuidado mucho. Lo que ellos me dijeron es: "Queremos que cuentes la historia de tu viaje, tu historia personal como periodista, cómo es la investigación". Y también me pidieron hablar un poco de la investigación de una manera general, que ya lleva siete años. Con este tema empecé solo, luego se unió luego un compañero, Iñigo Domínguez, y ya hemos continuado los dos.

La historia de esta investigación se podría decir que gira en torno a un correo, a una dirección de correo electrónico que se publica en el primer reportaje que yo hago con otro compañero sobre lo que sucede en España con los abusos. Como es un verdadero muro de silencio y no se sabe cuántos casos hay, la iglesia no quería informar, nos mentía, nos engañaba; a alguien se le ocurre la idea de poner una dirección de correo por si alguien nos escribía. Fue Mónica Ceberio, que era la directora adjunta de El País, y cuando lo dijo nadie le dio importancia. Entonces ahí llegan ‘mogollón’ de correos. 

-Eso también se explica en el reportaje, como para saber de dónde llegan las historias y otros detalles…

Ahí nos han llegado correos de todo tipo dentro de la investigación. Han sido, creo, más de 3.000 correos, decenas de historias. Cuando a mí me llega la historia del diario (de Pica), en un primer momento sabes que eso puede ser “gordo”. No tanto por la cantidad de víctimas, porque ya habíamos visto algo similar, sino porque con un diario se trata de la historia desde el otro lado. Nunca se había contado, nunca jamás. Pero yo no tenía el diario, entonces aún no podía calibrar. Cuando varios meses después consigo el diario y empiezo a leerlo, comparto todo con mis compañeros, con mi jefe, Pablo Guimón. Empiezo a hablar con víctimas, con el amante, y ahí Pablo, antes de sacar el reportaje, me dice: "Vas a escribir un libro de esto".

-¿Qué año ocurrió eso?

A mí el diario me llegó en 2022, pero ya había pasado nueves meses hasta 2023 en los que, paralelamente, estábamos investigando decenas de casos. Cuando (Pablo Guimón) me dijo que esto acabaría en un libro y que debería ir a Bolivia, yo solo veía una cosa que a lo mejor pasaba o no. En ese momento no me imaginaba el impacto que iba a tener esto porque no es normal que un país reaccione de una manera tan buena como para decir: "Joder, esto es un problema, hay que actuar", con sus luces y con sus sombras. Cuando publico el reportaje, hay tantas reacciones, que incluso el presidente (Luis Arce) habla, inician una investigación de la Fiscalía. Nosotros llevamos cinco o seis años con la investigación en España. Lo que habíamos tardado cinco años en España, en Bolivia se produce en dos semanas.

-¿Cómo hiciste los primeros contactos con las víctimas y con la pareja de Pica?

Es gracias a Fernando (sobrino de Pica que descubrió su diario y se lo entregó al periodista). Hay una cosa que sucede, que creo que también define muy bien el comportamiento de la Iglesia o el comportamiento de la Compañía de Jesús. Fernando no acude a la prensa, no es la primera instancia a la que va. Primero acude al colegio. Lo denuncia a la Fiscalía de España. Acude a la Compañía de Jesús de Bolivia, a la asociación de alumnos. Y ve cómo, sobre todo, la Iglesia le cierra puertas, no le da una salida. En ese camino, él consigue contacto de alguna víctima. Es la primera con la que yo hablo. Hay víctimas que pueden conocer a otras víctimas, y yo fui encontrando víctimas en un sitio, en otro. Algunas me escribieron al correo, durante esos nueve meses, y entre esos contactos también está el amante. Luego, en el diario también había muchos nombres a los que yo contacté, encubridores y demás. Ahí se inicia esa primera red de contactos y mantengo conversaciones con las víctimas.

-¿Cómo abordas los primeros contactos con las víctimas para hablarles de asuntos tan duros?

A mí me sirvió mucho el diario porque había muchísimos acontecimientos de cuando vivía Pica que yo necesitaba corroborar de alguna manera. Fue un trabajo muy minucioso. Algunas víctimas aparecen en el diario; a una de ellas la contacté sin intermediación de nadie, buscando su nombre por redes sociales. Ya llevo años investigando y hablando con víctimas. En siete años he podido hablar con más de 600 víctimas de abusos en la Iglesia. Con ellas se inicia una conversación larga que puede durar días, que tiene que ser muy sincera. El objetivo es primero saber si eso que sucede en el diario fue verdad. Sobre todo, debes tener en cuenta que tú no puedes presionar a la víctima en ningún momento: estás hablando con una persona que sufrió abuso, o que posiblemente lo sufrió, y tú eres consciente de que el contacto con ella ya de por sí le va a revictimizar. Entonces, tu tarea es como la de un cirujano: que esa intervención provoque el menor dolor posible y que se recupere. Hay que generar confianza y cumplir con esa promesa que puedes hacerle. 

Había algunas víctimas que ya sabía que lo eran y que a lo mejor no me contaron de determinados detalles del abuso en sí, sino cómo se sentían. También es verdad que yo estaba muy preparado en eso por todas las víctimas con las que había hablado en España, había aprendido.

-¿Y alguna vez una víctima no quiso hablar del tema?

Claro, y también a veces puedes saber que alguien fue víctima, pero esa persona no te lo dice. Es lógico porque al final es un proceso. De cualquier manera, normalmente el método para hablar no es mediante la pregunta: ¿Tú has sufrido abusos? No puedes, no eres un juez en ese sentido. Tienes una conversación con esa persona y esperas a que se abra. Me parece que cuando esa persona te habla y sabe qué estás investigando, ya es su elección si te lo cuenta o no. Lo otro sería muy inquisitivo, a menos que sea otro tipo de investigaciones a las que yo hago. Ese es un poco el camino, muy doloroso.

-Cuando ya sabes que debes viajar inminentemente a Bolivia, ¿qué es lo que sabes o conoces de este país?

Conocía algo del país y le tenía determinado cariño, porque la madre de una de mis mejores amigas de Madrid es boliviana. Entonces, yo sabía lo que era la salteña (risas). Luego, también tuve un tío que trabajó en Bolivia, en una ONG. Yo nunca había estado allá, pero sí tenía esa imagen de que es un lugar increíble, que La Paz es una ciudad que no encuentras en otro sitio. 

-¿Bolivia fue el primer sitio de Latinoamérica al que fuiste? 

Sí, de Latinoamérica, y de América en general, desde Alaska hasta el sur. Es evidente que cuando llego, lo hago con una mirada muy de europeo. Y reconozco el aprendizaje que me enseña Bolivia, que es por eso un país al que amo y en el que aprendo.

-¿Qué aprendizaje crees que te ha dejado Bolivia? 

Aprendí mucho de vosotros, los bolivianos. Aparte de su funcionamiento solidario, de crear asociaciones y de juntarse y de la lucha, pues aprendí a mirar más allá. Hay un contenido espiritual en la manera de vivir de las personas bolivianas muy superior al de aquí (Europa), que me recordaba determinadas cosas (de mi origen). Yo soy de una zona muy humilde de España, de una familia muy humilde. Soy de Extremadura, de un pueblo que se llama Casar de Cáceres. Mis abuelos vivieron la posguerra, vivieron la pobreza. Entonces, había varios componentes de la mirada en un mundo muy parecido, por la injusticia. Yo había estado investigando la Iglesia muchísimo, pero veía que la gente de Bolivia, gente con la que tengo una grandísima relación muy hermanada, no puede tener tanto acceso a la justicia. Y bueno, el significado de la lucha, de la comprensión, el nivel de contar las historias, el nivel formativo, de las ganas formativas que tiene una persona de aprender, de poder hablar, es increíble. Si esto hubiese ocurrido en otro sitio o en España, no hubiese sido igual. 

Tras el viaje y mi tiempo en Bolivia, yo ya no era el mismo. Cuando me monté en el avión de vuelta, me di cuenta de que esa mirada que tenía al principio no era la misma. Tampoco fue un viaje de turismo. Con mi viaje (a Bolivia) entendí también mi viaje interior, mi viaje personal. Yo me dedicaba a escribir de todo lo que veía, de las vidas de otras personas, pero no había escrito en primera persona. Escribirlo así fue volverlo a vivir, fue otro viaje.

-Además de contar la historia de los abusos de Pica y de recoger los relatos de las víctimas, en el libro haces el esfuerzo de intentar aprender realmente sobre el sitio en el que estabas…

Sí, claro, sobre todo por respeto. Hay una cosa que sí hice, salvo en mi historia, es que las víctimas lo leyeran antes. Su capítulo fue leído por ellas, por si querían quitar algo o por si hubiese algún error, que me corrigieron algunos. Hay determinadas cosas que aparecen así porque ellos lo querían. Evidentemente, todo es verdadero, pero no quería poner algo que ellos no quisieran. No quería hacerles daño. 

Nicole Andrea Vargas

Santiago Espinoza A.