3 de junio (Urgente.bo).- La crisis que atraviesa el país no solo afecta a los bolsillos paceños y a las alacenas vacías; también empieza a sentirse en el ánimo de la población. La incertidumbre y las dificultades económicas convirtieron al estrés y la irritabilidad en parte de la vida cotidiana de miles de paceños.
En las últimas semanas, las discusiones en las filas, los conflictos entre conductores y los problemas en los mercados se volvieron frecuentes para alimentar el cansancio emocional; y la presión por conseguir alimentos y combustibles llevó a las personas a pasar horas, e incluso días esperando, lo que genera un mal estar generalizado.
Las redes sociales igual se convirtieron en espacios de confrontación. Publicaciones relacionadas con las protestas y desabastecimiento suelen terminar en comentarios discriminatorios hacia grupos de la población e incluso existen deseos de muerte.
Especialistas advierten que este escenario tiene consecuencias psicológicas. La Sociedad Boliviana de Psiquiatría, filal La Paz, alertó sobre un “deterioro considerable” de la salud mental en la población. La institución señala que la prolongación del conflicto afecta especialmente a quienes viven bajo presión constante para garantizar el sustento de las familias.
Los expertos coinciden en que el impacto emocional de la crisis podría mantenerse incluso cuando los problemas de abastecimiento se resuelvan. Mientras tanto, el agotamiento emocional de una población enfrenta cada día más presión.


