A pesar de las adversidades que enfrentaron cientos de transportistas varados en las carreteras, muchos de ellos expresaron gratitud y nostalgia al despedirse de sus compañeros de ruta, con quienes compartieron más de 50 días de incertidumbre, así como de las personas que los acompañaron y apoyaron durante este tiempo.
En Desaguadero se vivió una escena particularmente emotiva tras la reapertura de la carretera. Con el restablecimiento de la circulación vehicular, los conductores comenzaron a retomar sus viajes, pero antes se despidieron de don Marcelo, conocido como “el yungueñito”, quien les brindó apoyo, alimento y refugio durante las semanas que permanecieron varados.
“No los voy a olvidar. Yo los quiero mucho a todos, han sido mi familia. Cada vez que vengan, hermanos, lleguen a la casa y vamos a estar cocinando. No duden en venir, nada de lo que han dejado voy a comer solo. Yo los voy a esperar con comidita”, dijo don Marcelo al despedirse de quienes ahora considera parte de su familia.
Por su parte, los transportistas acogidos por el “yungueñito” le expresaron su más sincero agradecimiento y le prometieron que cada vez que vuelvan a pasar por la zona lo visitarán para compartir nuevamente un momento juntos.
“Yo quiero agradecer a don Marcelo, que nos ha cobijado en este lugar. Nos ha facilitado todo: la luz, el gas, el agua. ¿Quién nos iba a dar eso? Como en nuestra casa hemos estado aquí, ya nos hemos acostumbrado”, expresó uno de los conductores.
Historias de solidaridad y compañerismo como esta se repitieron en distintos puntos de bloqueo. A través de las redes sociales, varios choferes aprovecharon su última noche en las carreteras para despedirse de sus colegas, con quienes compartieron más de un mes llenos de momentos complicados.
“No fueron días fáciles, pero juntos hemos aprendido a salir adelante. Gracias, colegas, por la fuerza, la amistad y el apoyo; por cada plato compartido y cada mano amiga. Pasamos momentos duros, pero demostramos que la unión y el compañerismo pueden con cualquier obstáculo. Que Dios los cuide, colegas, hasta volvernos a encontrar en la ruta”, escribió un transportista.
Otros incluso decidieron celebrar su última noche juntos preparando uno de los platos que se volvió habitual durante los días de espera. Utilizaron una improvisada olla de barro hecha por ellos mismos y recordaron las estrategias que les permitieron sobrellevar uno de los periodos más difíciles de sus vidas.
Los mensajes compartidos reflejan el afecto, la gratitud y la hermandad que surgieron entre los camioneros, que ahora terminaron convirtiéndose en una familia de ruta. En medio de las carencias, encontraron en la solidaridad y la resistencia la fuerza necesaria para seguir adelante.


