Julio 21, 2026 -HC-

Goni (en clave de humor)


Lunes 20 de Julio de 2026, 10:00pm




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Goni tiene un sentido del humor que, aplicado a la política, funcionaba como una bomba nuclear o como el estrecho de Ormuz que, para efectos prácticos, es más o menos lo mismo. Pueden dar fe de ello sus eventuales rivales políticos, a los que solía dejar aturdidos y sin respuestas plausibles, con esa arma poco común en la sociedad boliviana donde la solemnidad suele disfrazar la falta de neuronas.

Goni disparaba ese humor, a veces de fuentes propias y otras de ajenas, también sobre su propia persona, lo que dejaba al descubierto que no tenía ningún reparo en exponer y aun sobredimensionar públicamente sus defectos, cualidad propia de los hombres inteligentes y seguros de sí mismos.

El humor lo acompañaba en su vida diaria y, por supuesto, en sus campañas electorales, de las que, dicho sea de paso, no perdió ninguna. En una ocasión, preguntado sobre si era un político de izquierda o de derecha, contestó: “Yo no soy de izquierda ni de derecha, sino todo lo contrario”, citando a Cantinflas.

Cuando la realidad imponía un resultado que contradecía su razonamiento y alguien se lo hacía notar, contestaba: “No me gusta nada lo que me estás diciendo, debe ser verdad”. Humor con realismo, podríamos decir.

En otro momento, preguntado sobre si su mal español iba a perjudicarlo como candidato, contestó que creía que no, porque en Bolivia todos hablaban como él, es decir en mal español, en especial los que tienen otra lengua materna, lo cual, aparte de una respuesta ocurrente, es cierto.

Ya en el exilio, y enterado de que en Bolivia circulaban versiones sobre su fallecimiento, dijo: “Las noticias sobre mi muerte son un poco exageradas”, como Mark Twain. Y ya tenía más de 90 años. Hace poco cumplió 96. Lo que quiere decir que el humor lo sigue acompañando.

Para no ingresar en terreno minado, no recordaremos aquí los chistes que dedicaba a sus contrincantes políticos, pero los que hacía sobre sí mismo eran memorables, como cuando se describía a sí mismo como alguien “incapaz de mascar chicle y caminar al mismo tiempo”. Esto ocurría cuando sus colaboradores le presentaban un proyecto técnicamente complejo, que él quería que fuera simplificado al máximo para poder presentarlo a los bolivianos. “Si no lo entiendo yo, no lo entenderá nadie”, decía, para luego introducir el chiste del chicle y la caminata.

Después de las risas de rigor y de las discusiones relativas al tema que se discutía, Goni hacía alguna observación, generalmente acertada, que modificaba el curso de la reunión.

No todo era humor en su gestión presidencial, desde luego, pero este no es un espacio para describir su faceta de trabajador incansable y extremadamente exigente. Basta señalar que revisaba las leyes, los decretos y los mensajes oficiales línea por línea y palabra por palabra, modificándolos cuantas veces fuera necesario, hasta que se acomodaban a lo que consideraba correcto para Bolivia. Sus extenuados colaboradores respiraban aliviados cuando ponía punto final al trabajo, muchas veces más allá de la medianoche, con la frase: “Bueno, dejémoslo ahí. Lo perfecto es enemigo de lo bueno”.

Hubo un episodio que ilustra elocuentemente lo que significaba el humor para Goni: Cuando murió el humorista Peter Travesí, fundador del grupo Tralalá Show por un accidente cardiovascular no atendido oportunamente, la noticia le afectó visiblemente. Travesí tenía solo 33 años cuando sucedió el infausto suceso. Enterado de la noticia, Goni permaneció sentado en un sillón del jardín de su casa largo tiempo, cabizbajo y meditabundo. Preguntado sobre qué le ocurría, solo contestó, como hablando para sí mismo: ¨Bolivia…que destino”.

Goni no era amigo de Peter Travesí, pero había estado con él en un programa de entrevistas en la televisión, del que participó también, entre otros, la cantante Zulma Yugar. Era un momento electoral. Cuando Goni entró en escena, el programa ya había comenzado. El conductor presentó al recién llegado a los participantes uno por uno. Cuando estuvo frente a Peter, le preguntó: “¿Usted conoce a Peter Travesí? Goni, estrechando la mano del humorista, contestó con una sonrisa:

“Claro, si él vive a mi costa”, haciendo alusión a los chistes que Peter Travesí le dedicaba en sus presentaciones teatrales imitando su manera agringada de hablar. Ambos se rieron alegremente. Eso fue todo. Pero es posible que el hecho haya excedido lo circunstancial.

En privado, es decir cuando se reunía con sus más íntimos colaboradores y, más aún, cuando estaba uno a uno con alguno de ellos, nacía en él su visión filosófica acerca de Bolivia, de la historia y de la vida. Creía, y seguramente debe seguir creyendo, tal vez con más profundidad ahora, en el poder del humor, del refrán, de la poesía, como intentos de síntesis del alma humana. Tal vez por eso improvisó una oración: el Padrenuestro, adaptado a ese instante histórico, en el cierre de su primera campaña electoral para presidente en la explanada de San Francisco de La Paz.

Y quizás ese espíritu lo animaba también cuando imaginó la capitalización de las  empresas públicas basándose en la tradición campesina de la explotación de la  tierra por el sistema de “al partir”, como se dice en el Occidente del país o “al partido”, como se dice en el Oriente. Como todos saben, con ese sistema un campesino aporta a una sociedad su tierra, y un socio inversionista pone el capital, el arado, el trabajo y la administración para, al cabo, repartirse la cosecha a medias

En síntesis, la Capitalización con alma boliviana. Ni qué decir de la Participación Popular y de la Reforma Educativa. La única diferencia de fondo entre la Capitalización de las empresas públicas y el sistema tradicional boliviano, fue que en el primer caso las ganancias de los propietarios bolivianos se repartían entre los viejos, el sector más vulnerable de la sociedad. ¿No fue esa idea la mejor que se podía adoptar? Bueno, eso se puede discutir, pero solo si uno no es viejo, diría Goni. Muchas veces su humor tenía un aire de melancolía.

Tal vez Goni usaba el humor como catarsis, frente a la magnitud de los problemas que tenía que enfrentar un país agobiado por la pobreza. Hoy, cuando negros nubarrones oscurecen el horizonte, tal vez un poco de humor nos haga falta. A propósito de una mirada de esa naturaleza, Albert Camus escribió: “La imaginación nos consuela de lo que no somos, el humor nos consuela de lo que somos”.

Es difícil no estar de acuerdo con esas palabras. Si Goni lee estas líneas, seguro que lo estará.

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