Agosto 25, 2026 -HC-

Faltan robots, ¿sobran humanos?


Martes 25 de Agosto de 2026, 10:15am




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En estos días un robot circula en las calles de Bolivia, lo llaman Benji y hace todas las cosas que un robot Unitree H1 puede hacer, camina, baila, intenta pelear, y sostiene diálogos, eso sí, todavía no es totalmente autónomo, si uno mira con atención, verá un controlador humano. El robot, de acuerdo a la empresa Unitree que lo fabrica, es un robot humanoide bípedo avanzado que destaca por su gran velocidad, equilibrio dinámico y agilidad extrema, diseñado para correr, saltar y realizar tareas de inspección, manipulación y logística en entornos industriales o de investigación. Eso, si Benji, llama la atención por donde vaya.

Al respecto, durante décadas, el pensamiento colectivo indicaba la automatización como un billete definitivo hacia la emancipación laboral. La premisa era simple y seductora, las máquinas asumirían las tareas pesadas, insalubres y repetitivas, dejando al ser humano espacio para el pensamiento crítico, la creatividad y el tiempo libre. Pero, los rápidos avances de la robótica física avanzada y la inteligencia artificial adaptativa está transformando esa utopía en un escenario bastante más complejo, ya que no estamos frente a un cambio de herramientas en la línea de montaje, sino ante una reestructuración profunda del valor social del trabajo y de las estructuras de poder que sostienen a nuestras sociedades.

A nivel económico y estructural, el principal riesgo es la acelerada especialización del mercado laboral y probablemente el desempleo masivo. Históricamente, la tecnología destruía empleos manuales pero creaba vacantes en sectores administrativos y de gestión. Hoy, la robótica inteligente erosiona precisamente esa franja intermedia, como se ve en sectores como la logística y el almacenamiento, donde los brazos robóticos y vehículos autónomos desplazan al personal de almacén. Por ende, es previsible que el resultado futuro sea una estructura social dual, en la cúspide, una élite reducida de ingenieros y gestores de capital tecnológico; en la base, una amplia masa de trabajadores en empleos de servicios no automatizables pero altamente precarizados.

Frente a esta dinámica de cambio productivo, las respuestas tradicionales del sistema educativo resultan insuficientes, la respuesta habitual de "aprender a programar" o reorientar masivamente a la población hacia las disciplinas STEM (en español, Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), ignora las barreras de acceso a dichas disciplinas,  y la velocidad con la que la propia inteligencia artificial automatiza tareas de programación básicas e incluso complejas. Por lo que se debe plantear una estrategia educativa técnicamente sólida y sociológicamente consciente que priorice el desarrollo de capacidades profundamente humanas y difíciles de sintetizar como la resolución de problemas complejos en entornos ambiguos, el pensamiento ético, la empatía y la coordinación interpersonal. Asimismo, la formación no debe concebirse como un evento de juventud, sino como una actividad continua garantizada a lo largo de toda la vida laboral.

En el plano de políticas públicas, se debe considerar que la tecnología refleja los valores e incentivos de la estructura social (y política) que la financia y despliega, por lo que que para mitigar los riesgos de la inteligencia artificial aplicada a la robótica se debe explorar activamente nuevas herramientas de gobernanza, desde esquemas de fiscalidad a la automatización para desincentivar la sustitución apresurada de mano de obra cuando esta pretenda reducir costos sociales hasta la reducción concertada de la jornada laboral para repartir las ganancias de productividad. El verdadero desafío presente radica en asegurar que las rentas generadas por la robótica financien la transición justa hacia entornos automatizados, la protección social y la cohesión de las comunidades que la tecnología amenaza con fragmentar.

(*) El autor es experto en temas de derecho y tecnología.

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