25 de junio (Urgente.bo).- Limbania Quispe Cruz es una boliviana que vive en Venezuela. En 26 años radicando, jamás imaginó presenciar un desastre natural tan grande como el que azotó al país el miércoles 24 de junio. Dos terremotos, uno tras otro, dejaron muerte, pérdidas y grandes destrozos que tomarán años reponer.
“Esta vez sí mató, esta vez sí murieron cientos de venezolanos, esta vez sí hubo desgracia, esta vez sí lloramos, porque antes era ¡ay! Un temblor y listo, pero hoy no, hoy estamos hablando de decenas y decenas de fallecidos”, lamentó
Limbania se encontraba realizando su rutina diaria. Esa tarde se preparaba para asistir a una actividad deportiva cuando vio la notificación en su teléfono, pero hasta que empezó el primer temblor, ella y sus hijos, no tuvieron tiempo de salir.
“Fue el de 7.2 donde empezó a sacudir. Fue primero muy lento y empieza a sacudir. Cuando va terminando el terremoto de 7.2, inmediatamente empieza el otro terremoto de 7.5, donde fue me imagino es que colapsó todas las estructuras y muchos cayeron, hubo otros los daños colaterales de gran magnitud”, señaló.
Tras ambos temblores, Limbania, junto a sus hijos, vieron como la gente empezaba a evacuar los edificios; sin embargo, el corte de energía provocado por el suceso, sumió a la ciudad en una completa oscuridad.
“Hasta este momento van 26 réplicas, unas fuertes. Subimos esta mañana entre las ocho de la mañana, nueve de la mañana, a poder sacar algo de ropa, a poder sacar algo de víveres. No tenemos nada porque no hay luz, no había el sistema de internet, no había telefonía, no había nada porque sin gas entonces colapsó por seguridad”, relató.
Aunque ella, junto a sus hijos pudieron salir del edificio, sabe que hay personas que no corrieron con la misma suerte y perdieron sus viviendas por completo, por lo que empezaron a alimentarse solamente de galletas y de dulces que encuentran en las tiendas para no consumir de la comida que está destinada para los más afectados.


