1 de agosto (Urgente.bo).- Con más de cinco décadas dedicadas a la venta de asientos para la entrada del Señor Jesús del Gran Poder, Felicidad Ulloa asegura que su mayor recompensa no ha sido el trabajo, sino el milagro que recibió del santo al que ha acompañado durante toda su vida.
A sus 70 años, la secretaria general de la Asociación Jesús del Gran Poder recuerda que comenzó en este oficio cuando apenas tenía 17 años. Desde entonces, cada año participa en la organización de los espacios desde donde miles de personas observan el paso de los fraternos.
Felicidad cuenta que su vida está marcada por la fe y recuerda que durante años vivió como inquilina y, a mitad de una entrada, cuando el Tata pasaba frente a ella, se arrodilló y le pidió que la ayude en los momentos de adversidad.
"Un día me hinqué en el suelo cuando el Tata pasaba por aquí y le decía: 'Papito, ¿hasta cuándo voy a sufrir? Dame pues un lugarcito'. Y me dio mi casita en la zona Gran Poder. Ahora le agradezco enormemente porque me ha llamado a su zona y me ha dado un lugar para que viva yo, mis hijos y mi esposo", contó a Urgente.bo.
Ulloa también fue testigo de la transformación de la entrada. Recuerda que en 1974 la venta de asientos era muy distinta a la de ahora. Los puestos eran improvisados, sostenidos con ladrillos, tablas de madera y nylon, y la demanda era reducida.
"Antes los asientos se vendían a cinco bolivianos y no había mucha aceptación. Hoy hay un montón de aceptación porque nos ha reconocido la Unesco y somos internacionalmente vistos", afirmó.
Después de más de medio siglo de trabajo, Felicidad continúa recibiendo a los espectadores que llegan a vivir la fiesta. Para ella, vender un asiento no solo es un oficio, sino una forma de servir a la celebración y agradecer al Señor del Gran Poder por el cambio que, asegura, marcó su vida.


