Mayo 18, 2026 -HC-

El litio boliviano más allá de su encrucijada


Lunes 18 de Mayo de 2026, 6:30am




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En un reciente artículo sobre el litio publicado por el país, se incluyen varias imprecisiones técnico-económicas que opacan la contribución periodística hasta el punto de dejarla casi sin contenido. Como el tema es de tanto interés general, constatado por mi último aporte a urgente.bo y su republicación en Facebook que ya superó las 30.000 vistas, a continuación, repaso cada una de tales inexactitudes, seguidas de una revisión de lo que queda de contenido, con el propósito de orientar a la opinión pública y ubicarla en el espacio y tiempo adecuados, para un debate amplio en torno a una problemática de enorme importancia estratégica para Bolivia.

Empecemos por poner la historia en su lugar. El artículo relata sólo una parte de la misma. Asume que FMC Corporation se fue de Bolivia en enero de 1993 por el rechazo del Comité Cívico de Potosí (COMCIPO) y el alza del IVA del 10 al 13%. No sucedió así. La empresa transnacional decidió irse del país porque las condiciones del mercado internacional del litio, derivadas de un retraso tecnológico, avizoraban, en el mejor de los casos, un crecimiento moderado de la demanda del litio en los siguientes años. En esa lógica, la cantidad del litio contenido en cerca del 10% del Salar de Uyuni concedido a la empresa era demasiado grande como para iniciar una operación del metal blanco en ese momento. El contrato suscrito con el gobierno de Bolivia contemplaba esa posibilidad en una cláusula donde se establecía que en la relación contractual que duraría 40 años, susceptible de ser renovada por un período similar, no existía ninguna obligatoriedad de parte de la empresa para producir un solo gramo de litio. De modo que, de mantenerse ese texto en el contrato, la empresa podría haber, en efecto, mantenido el Salar de Uyuni como una reserva estratégica por muchos años, sin producir nada. Sin embargo, el Congreso de la República se percató de esta situación introduciendo una enmienda al contrato que la empresa no aceptó. El también denominado rezago tecnológico que duraría entre 20 y 30 años estuvo basado en dos eventos. En primer lugar, la decisión del mayor fabricante de vehículos del mundo, General Motors, de postergar, sin fecha, el lanzamiento de los primeros vehículos eléctricos producidos en serie que llevarían baterías de litio. En segundo lugar, el retraso en el avance de la construcción del primer reactor de fusión nuclear, llamado ITER, en Francia. Se esperaba que tanto los vehículos eléctricos como la fusión nuclear utilicen mucho litio. Por tanto, como todo esto se puso en evidencia, la empresa decidió abandonar Bolivia. Después, ya se llegaría a saber que FMC había estado negociando una concesión en el Salar del Hombre Muerto, Argentina, prácticamente en paralelo a sus negociaciones en Bolivia. En este sentido, el retiro de FMC de Bolivia no fue ninguna frustración para Bolivia, sino más bien el resultado de un acto de defensa de los intereses nacionales, razón por la cual no se entienden las palabras del periodista mencionado en el artículo y ponderadas por la publicación de El País.

Vayamos ahora a revisar la comparación que se realiza entre la producción de litio de Bolivia y Chile. Se dice que el año pasado, el país produjo solamente 2.400 toneladas, mientras que Chile alcanzó una cifra mucho mayor, 56.000. Sin embargo, esta argumentación no corresponde porque, en el primer caso, se estaría hablando de carbonato de litio, en tanto que, en el segundo, se estaría refiriendo a litio de contenido metálico. En consecuencia, la frase debería ser corregida de la siguiente manera: “Sin embargo, en 2025 produjo apenas 451 toneladas de litio de contenido metálico, frente a las 56.000 toneladas de Chile”, o, alternativamente: “Sin embargo, en 2025 produjo apenas 2.400 toneladas de carbonato de litio, frente a las 298.000 toneladas de Chile”. Esto demuestra que, en cualquiera de los dos casos, la producción de litio de Chile el año pasado habría sido 124 veces mayor que la de Bolivia.  Sin embargo, la incongruencia no queda ahí, porque más adelante en el artículo, se menciona que “Chile y Argentina ya operan” a una producción de 100.000 toneladas anuales, lo que constituye una clara contradicción porque antes ya se dijo que Chile solo produjo 56.000 toneladas; ni qué decir de la Argentina que, en 2025, apenas alcanzó una producción de 23.000 toneladas de litio de contenido metálico. Al parecer, los autores de este artículo, sacaron ese texto de alguna otra parte, el cual, posiblemente, se refería a toneladas de carbonato de litio; de hecho, el cálculo de ingresos brutos para Bolivia si lograra producir tales 100.000 toneladas se lo hace utilizando el precio del carbonato de litio de enero de este año, demostrando su total incapacidad para diferenciar entre un compuesto de litio parcialmente refinado (carbonato de litio) y un litio completamente refinado (litio metálico). Como si todo esto fuera poco, y en total desconocimiento del impacto económico de la compra de combustibles del exterior, la contribución periodística introduce un nuevo error en el análisis como el de sostener que los ingresos brutos provenientes de las exportaciones de esas 100.000 toneladas de litio servirían para cubrir “cuatro veces lo que el país gasta en importar combustibles”, cuando en realidad todo el mundo sabe que sólo alcanzarían para 8 meses del año. Pero, hay al menos una inconsistencia más en este artículo tan desviado de la realidad en torno a esta temática. Se trata de unas cifras adicionales reportadas ahí, que definirían “el fracaso técnico de YLB - 691 toneladas producidas, 8,6 millones de dólares generados con 1.054 millones invertidos”. Aquí, otra vez, se recurre al precio del carbonato de litio, incorporando una distorsión inaceptable. Se compararía la supuesta inversión total realizada en el proyecto ($us.1.054 millones) con los datos aproximados de producción/exportación (691 toneladas) e ingresos obtenidos ($us.8,6 millones) correspondientes a solo los dos primeros dos meses de 2026. Después de comprobar todos estos errores, necesitamos preguntarnos cuál hubiera sido el propósito de este engañoso artículo.

Otra muestra de la falta de información de los autores del artículo criticado constituye su visión miope y desactualizada acerca de la relación magnesio-litio que, de acuerdo a su limitada opinión, haría inviable la evaporación solar convencional, responsabilizando a la misma de una recuperación de litio de apenas el 30%. Aquí, es necesario poner las cosas en su lugar. Para empezar, en mi libro titulado “El litio en Bolivia: Una evaluación preliminar”, disponible en la web, demuestro que la eficiencia del sistema actual de piscinas de evaporación solar en el Salar de Uyuni no superaría el 9%. Para concluir,  en una entrevista con la Agencia de Noticias EFE, en 2017, ya fijé mi posición visionaria respecto al rol que podría cumplir el magnesio en el aprovechamiento integral de los recursos evaporíticos del Salar de Uyuni. En principio, admití que uno de los problemas del litio boliviano es su baja concentración en salmuera si se compara con lo que sucede en Chile y Argentina, aunque esta situación llevaría aparejada, en contraste, una presencia alta de magnesio. Lejos de satanizar este elemento, dije además que el magnesio hoy en día tiene propiedades industriales que no se han podido aprovechar por falta de conocimiento e investigación, a tiempo de sostener que empresas chinas y coreanas están interesadas en los salares bolivianos por esa razón. Luego afirmé de manera contundente que “el valor del magnesio en el salar de Uyuni podría ser incluso superior al del litio”, asegurando que “las aleaciones de magnesio podrían hacer una verdadera revolución, sobre todo en el campo automotriz”. Aquí, me estaba refiriendo a las ventajas del magnesio respecto al aluminio y el acero, al ser el metal estructural más liviano de la Tierra; un 33% y un 77% más ligero que el primero y el segundo, respectivamente. En este sentido, recomendé “cambiar el chip”, algo que “consistiría en que Bolivia se ocupe de entrada en el desarrollo del magnesio como recurso principal y del litio, como secundario”, una tarea que implicaría un trabajo adicional porque se requeriría de mucha energía. Con al menos 405 millones de toneladas de magnesio de contenido metálico solamente en el Salar de Uyuni, Bolivia se encontraría entre los países con mayores recursos de este metal en el mundo. Es más, mirando hacia adelante, en un artículo publicado en Seeking alpha, en 2024, sugerí un cambio de enfoque en la aplicación de métodos de extracción directa de litio (EDL) que, además de contribuir a resolver un par de problemas inherentes al uso de las dos técnicas EDL más populares en ese momento (la adsorción selectiva y el intercambio iónico), pudiera permitir extraer no solo litio, sino también otros minerales valiosos, tales como el magnesio, el sodio y el rubidio, contenidos en la salmuera y, fundamentalmente, agua dulce como subproductos, para, de esta forma, ya no tener que reinyectar la salmuera usada, compensando así la posible disminución de agua dulce en el acuífero mediante la obtención del líquido elemento para actividades agrícolas y consumo humano. Nótese que, con relación a esos dos problemas, estaba hablando de un posible aumento significativo del consumo del agua dulce más allá del uso promedio en la etapa de procesamiento del carbonato de litio en la planta química o los posibles impactos ambientales sobre la reinyección de la “salmuera gastada”, derivados de su eventual contaminación como resultado de la utilización de los adsorbentes o resinas en la técnica de adsorción selectiva y de la exacerbación de este problema por el posible uso de ácidos en el proceso de separación del litio en la técnica de intercambio iónico. Conviene informar a mis lectores que un diputado chino acaba de proponer la extracción del magnesio existente en los salares chinos, recomendando que el Estado incremente el apoyo en talento, tecnología y financiación, promueva avances en tecnologías clave para la extracción de magnesio de lagos salados y su industrialización, e impulse la transformación de los recursos de magnesio en productos de mayor valor añadido, al tiempo de respetar los límites ecológicos y lograrse un progreso coordinado en el desarrollo de los recursos de los lagos salados y la protección del medio ambiente mediante medidas como la producción en circuito cerrado y la aplicación de electricidad verde. Todavía recuerdo la cara de sorpresa de muchos inversionistas chinos cuando en mi condición de expositor en una conferencia sobre oferta y mercados de litio, celebrada en Shanghai, en 2015, organizada por Industrial Minerals, les planteara la necesidad de abordar cuanto antes la producción de magnesio en salares.  Adicionalmente, la puesta en valor del sodio del Salar de Uyuni se convertiría en una fuente adicional de recursos, en un momento en que el mayor fabricante de baterías de litio del mundo acaba de anunciar que en este trimestre de 2026 iniciará la comercialización masiva de baterías de iones de sodio, estimando que podrían llegar a representar entre el 30% y el 40% del mercado de baterías en el futuro. Con más de 2.000 millones de toneladas de sodio de contenido metálico, solamente en el Salar de Uyuni, Bolivia sería uno de los países con los mayores recursos de sodio de la Tierra. En el cierre, se ha conocido en las últimas horas que CAS Cold Atom Technology, una compañía china de tecnologías cuánticas con sede en Wuhan, China, ha presentado la primera computadora cuántica de átomos neutros y doble núcleo del mundo: el Hanyuan-2. Este tipo de ordenador cuántico  representa una alternativa a las máquinas cuánticas con cúbits superconductores y de trampas de iones, que aún se encuentran en una fase experimental. Los responsables del diseño de Hanyuan-2 han confirmado que este ingenio incorpora dos matrices independientes y completas de cúbits de átomos neutros. Integra 100 átomos de rubidio-85 y otros 100 de rubidio-87 para construir un sistema de doble núcleo que implementa un total de 200 cúbits. Lo verdaderamente llamativo de Hanyuan-2 es que no necesita un entorno de enfriamiento criogénico para funcionar por cuanto emplea un pequeño sistema de enfriamiento láser con un consumo total inferior a 7 kilovatios, lo que le permite ser instalado en prácticamente cualquier espacio sin requisitos técnicos extraordinarios. Con una concentración de rubidio cercana al promedio mundial, solamente en el Salar de Uyuni, Bolivia podría encontrar en este metal raro de altísimo valor una nueva fuente de recursos monetarios, garantizando la viabilidad del proyecto de desarrollo y aprovechamiento integral de los recursos evaporíticos existentes en el lago de sal más extenso del planeta.   

Por último, el artículo vuelve a equivocarse al presentar el ejemplo chileno para entender “la diferencia entre ser un país proveedor que exporta litio en bruto y ser un país productor que exporta baterías procesadas”, explicando que “Chile tardó décadas en construir un modelo de renta soberana del cobre a través de CODELCO, la empresa estatal que hoy es el mayor productor de cobre del mundo”, a tiempo de señalar enfáticamente que “Bolivia está negociando el acceso a sus recursos sin ninguna institución equivalente, sin la tecnología necesaria y en el peor momento posible desde el punto de vista de su capacidad de negociación”. Al respecto, sólo me queda decirles a los autores del artículo que habría sido bueno que antes hacer todas estas aseveraciones se hubieran enterado de que, al presente, Chile, sigue exportando alrededor del 62.5% de su cobre (en cantidad) y del 57.5% del mismo (en valor) en forma de concentrados con un contenido de aproximadamente el 30% de metal puro, es decir generando muy poco valor agregado.

En este contexto, el artículo se limita a mencionar lo que ya todos sabemos en relación con la reciente firma de un memorando de entendimiento con la Embajada de Estados Unidos, sembrando dudas respecto a “quien se queda con las ganancias”, a pesar de no haber tenido acceso al texto completo de dicho documento, o la necesidad de contar con reservas en vez de recursos de litio, sin entrar en mayores detalles técnicos sobre las proporciones de los diferentes tipos de recursos encontrados por la firma SRK, clave para aproximarse a una estimación de reservas,  e incluso volviendo a cuestionar el concepto del 100% estatal establecido en la Ley No. 928, de creación de YLB, aunque vinculando esta vez la necesidad de abrir los sectores estratégicos a la inversión privada con los préstamos del FMI, ignorando que hasta COMCIPO ya plantea este requerimiento en la última versión de su Proyecto de Ley del Litio y Recursos Evaporíticos, en proceso de elaboración.

Sin embargo, más allá de todos los argumentos anteriores, el artículo se atreve a sostener, sin ningún fundamento, que sin ACISA, la empresa alemana contratada por el gobierno de Evo Morales en 2018 para producir hidróxido de litio a partir de salmuera (mal llamada) residual, que no quiso pagar regalías a Potosí, bajo el planteamiento absurdo de que dicho compuesto químico sería un producto industrializado, no había tecnología ni producción, ignorando por completo que mucho antes de que se negociara y suscribiera tal documento contractual, técnicos de YLB ya habían propuesto lo mismo y que ACISA no era más que una distribuidora de paneles solares en Europa sin tecnología alguna para producir litio. Ni qué decir de los contratos con Uranium One de Rusia y el consorcio CBC de China sobre los cuales comete la torpeza de insinuar que garantizarían tecnologías EDL que, hasta la fecha, no se ha podido demostrar que posean. Finalmente, en su tratamiento pobre de un tema tan importante como la industrialización del litio no hace más que rematar sus enormes limitaciones al no señalar las condiciones básicas (recursos naturales, recursos humanos calificados, capital, tecnología, mercado y marco legal y regulatorio) que se requieren para la transformación de materias primas (litio y otros minerales estratégicos) en bienes diferentes (baterías y vehículos eléctricos), dando la impresión de que el país cuenta con todas ellas como para exigir de manera automática a empresas de Estados Unidos o de cualquier otro país desarrollado procesos de agregación de valor a cambio de litio. Los autores del artículo de El País pueden encontrar en mi libro una versión más desarrollada sobre este planteamiento.

Ante esta nueva acumulación de información actualizada, complementaria a la incluida en mi artículo anterior sobre el mismo tema, queda claro que la supuesta encrucijada del litio boliviano analizada allí podría haberse convertido más bien en un conjunto de oportunidades de negocio para Bolivia durante los próximos 20 a 30 años, lo que requiere la atención urgente no solo de las diferentes autoridades competentes, tanto a nivel nacional como subnacional, sino también de todas las fuerzas activas de la sociedad boliviana.

 

* Analista de la Economía del Litio