Febrero 07, 2026 -HC-

Dos Bolivias frente a frente: la que bloquea y la que trabaja


Lunes 12 de Enero de 2026, 1:00pm




Con lo acontecido durante esta semana queda claro todo: hay dos Bolivias, la que bloquea y la que trabaja. La COB y los movimientos sociales no buscan diálogo, buscan conservar sus privilegios, imponer sus obsesiones y validar sus atropellos. No negocian, chantajean. Por eso bloquean.

Paradójicamente, la COB pide diálogo, pero carga una piedra en una mano y en la otra el documento de la extorsión, como los gánsters que colocan la pistola sobre la mesa como única condición para negociar. No proponen, timan. Y lo hacen con el cinismo de quien jura defender al más pobre mientras bloquea el camino del obrero que solo quiere llegar a tiempo a su laburo.

He aquí lo obsceno: dicen proteger al trabajador, pero ¿a cuál? La ciudadanía en general, la mayoría del país, ha aceptado sacrificios, por ejemplo, pagar el alza del pasaje porque entiende que para salir de la crisis exige responsabilidad de todos. Lo único que quiere es trabajar, prosperar, construir. Mientras tanto, los autoproclamados guardianes de la clase obrera mantienen la coacción callejera, la piedra en la carretera, la dinamita en la mano lista para encender, exigiendo «diálogo» con métodos hampones.

El Gobierno debe entender que ceder en estas condiciones no es política, es capitulación, es prevaricación contra la otra Bolivia. No se negocia con pillos ni con vividores que han hecho de «fregar el país» su negocio más rentable. Sería ceder ante un sindicalismo mafioso que durante décadas secuestró al país y lo convirtió en botín. Suena duro, contrario a la cultura de paz, es cierto. Pero más duro ha sido su coautoría en el saqueo, la destrucción sistemática del aparato estatal y el encubrimiento descarado de la corrupción. Y ahora vienen a reclamar derechos cuando ellos los pisotearon todos.

Coautores indisimulables

¿Dónde estaban cuando subió la inflación? ¿Qué hicieron cuando se disparó el precio del diésel o cuando volaron los costos de los productos? ¿Dónde estaban cuando se vaciaban las reservas de oro del BCB o cuando el contrabando desaparecía los carburantes? ¿O cuando se negociaba la harina subsidiada? ¿Acaso bloquearon? La COB y los movimientos sociales —esa «reserva moral de la humanidad»— no solo fueron cómplices del saqueo: fueron coautores. Se sentaron a la mesa con traje sindical y comieron al lado de saqueadores, populistas y embaucadores. Su coautoría en la destrucción del Estado es indisimulable, y hoy pretenden que la legalidad se someta a sus caprichos de manada.

¿De qué trabajador hablan, si más del 85% del empleo es informal? ¿A quién representan, si los salarios se precarizaron mientras crecían los privilegios de sus dirigencias? El sindicalismo dejó de ser una herramienta de defensa social para convertirse en una estructura parasitaria, cooptada por un populismo revolucionario que lo usó como maquinaria de poder y prebenda.

No buscaron una Bolivia productiva y próspera. Buscaron un Estado dependiente, dócil, donde el chantaje garantice beneficios y la pobreza ajena justifique el lujo propio. Rodrigo Paz denunciaba hace poco que 50 dirigentes sindicales ganan más de 18 millones de dólares al año. Qué tal cinismo. Qué tal descaro.

La soñada «justicia social» se convirtió en mecanismo encubridor de incapacidad estatal y fraude sindical. Hoy la COB defiende privilegios como la reventa de combustible subsidiado, sus hoteles, sus vehículos de lujo, sus viáticos millonarios. Es cómplice de la recesión, de la inflación, de un país sin reservas. Entonces, ¿a quiénes defiende la COB?

Lo bueno es que hay algo que el sindicalismo mafioso no calculó: el cansancio de la otra Bolivia. Esa Bolivia productiva, la que acepta sacrificios como la subida del pasaje y solo quiere prosperar, ha comenzado a despertar. Las resistencias civiles y los sectores que viven del sudor, y no del prebendalismo, han lanzado una advertencia: no permitirán que un puñado de sanguijuelas siga descuartizando lo que queda de la Patria.

Hay dos Bolivias, no cabe duda: la que vive del bloqueo y la que vive del trabajo, la parasitaria y la que produce. Y el futuro no se construye cediendo ante quienes fingen representar al pueblo mientras lo asfixian. Se construye diciendo basta, con serenidad, con firmeza y con la convicción de que ningún país prospera arrodillado ante el chantaje.

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