Jorge Quispe de Sumando Voces.- El despertador de Juan David no suena a las seis de la mañana en una ciudad boliviana, sino a las 5:30 en el norte chileno, entre el frío cordillerano y el cansancio acumulado en la cosecha de frutas. “Si tú quieres ganar plata, desayunas, haces tu bolo de coca y te entras a trabajar… tu vida está enfocada solo en el trabajo”, relata en un video que circula vertiginosamente en TikTok, la red social que hoy funciona como el nuevo mapa de ruta para miles de jóvenes bolivianos que migran ya no solo desde La Paz y El Alto, sino desde Santa Cruz, Pando, Cochabamba, Tarija y otras ciudades.
Como Juan David, una marea de jóvenes cruza las fronteras empujados por una realidad nacional asfixiada por la crisis económica, la conflictividad política y social —marcada por tensiones, protestas, bloqueos y dificultades para entablar diálogos— y una crisis climática que se cierne como una de las principales amenazas para el bienestar.
“Este dinero sí vale. Estuvo buena la cosecha, 80 ‘luquitas’ hasta mediodía. 80 lucas son como 800 bolivianos», cuenta Juan David en el TikTok.
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Bolivia los educa en escuelas y universidades, pero no logra retenerlos. Desde la perspectiva del sociólogo y especialista en migraciones, Alfonso Hinojosa, Chile se ha convertido en un destino que atrae masivamente a la fuerza laboral boliviana debido a la abismal diferencia en el poder adquisitivo de sus salarios frente a la crisis interna y las escasas oportunidades labores que el país les puede ofrecer.
Se forman en el territorio nacional, pero la falta de oportunidades y las persistentes tensiones político-sociales les empujan a la migración tentados por un empleo mejor remunerado.
Más de la mitad de quienes deciden cruzar la frontera tienen entre 18 y 29 años, dice el investigador. Y los efectos del cambio climático en las zonas rurales son otro factor determinante para expulsar a los jóvenes.
Hinojosa sentencia con crudeza: «Hoy en día, Chile representa para Sudamérica el Estados Unidos (para los migrantes). En términos adquisitivos, lo que ahí ganas tiene valor en tu tierra». Pero advierte el alto costo de esto: «Bolivia forma talento humano en la escuela y la universidad y lo pierde al no darle opciones laborales. Se está yendo nuestro motor productivo, el factor humano más importante está generando riqueza para otros países».
Sin embargo, para muchos, la promesa de un emprendimiento o un título universitario choca con la urgencia de sobrevivir. Esa es la historia de Yasiel, una joven profesional de 27 años, quien culminó sus estudios de medicina en Bolivia y hoy despacha platos como cocinera en Calama, al norte de Chile, antiguo territorio boliviano.
“Llegué hace un año y siete meses, por referencia de una prima que también está acá. Me contrataron para lavar vajilla, luego pasé a ayudante de cocina y ahora me confiaron la cocina. Necesitaba dinero y tenía dos opciones: quedarme en Bolivia y trabajar dos años para reunir la plata o venir aquí para lograrlo en menos tiempo”, cuenta a Sumando Voces vía teléfono.
Su meta inicial era clara: reunir los recursos necesarios para pagar el internado hospitalario. Sin embargo, el contraste salarial y laboral terminó por abrirle los ojos: mientras un médico de base en Bolivia percibe unos 5.000 bolivianos, Yasiel —quien ya aprendió a cocinar platillos chilenos como el ajiaco—, gana 8.000 bolivianos líquidos mensuales, sin gastar en arriendo ni comida, logrando una estabilidad que su tierra natal le negó.
Por el momento, ella ahorra para volver a la patria y terminar el internado, pero luego de titularse pretende ejercer en Chile. Otros centenares se dedican también al oficio de la construcción y la minería, donde la mano de obra boliviana es muy cotizada.
“Aquí he hallado muchísimas más opciones, ya tengo una identificación temporal que me permite trabajar de manera legal. Al menos para los varones hay muchísimo trabajo y ellos pueden llegan a ganar el equivalente a 15.000 bolivianos al mes como albañiles y en las mineras. Se mueven en la modalidad del 15/15: 15 días de trabajo intensivo y 15 de descanso”, relata.
Sus comensales son, en su mayoría, obreros de faena y mineros, pero también camioneros. “Me he encontrado y he conocido jóvenes bolivianos de todo lado: Santa Cruz, Pando, Oruro, Chuquisaca y Tarija, no solo La Paz”, dice.
En temporada alta, Yasiel llega a preparar comida para unas 280 personas cada día y en periodos menos movidos, para 50, pero sus ingresos son los mismos. “Se respetan las ocho horas de trabajo; si pones más tiempo te pagan horas extra”, afirma.
Cada semana y a través del TikTok, las empresas chilenas anuncian cupos para la cosecha de frutas y otras labores, el mensaje está dirigido en particular a los jóvenes bolivianos, quienes formaron redes no solo comunicarse sino también para protegerse entre ellos.
«No se puede pensar un migrante hombre o mujer sin la dependencia de este aparato, sin celular. No solo por factores de comunicación familiar, sino porque es un instrumento a partir del cual consiguen empleo y también una herramienta para defenderse», apunta Hinojosa. Uno de los riesgos en la migración es caer en manos de los «coyotes» o traficantes de personas, pero los jóvenes tejieron redes para protegerse de ellos.
Cultivando oportunidades en Bolivia
Julio Jordán, cientista político y técnico del programa Fuerza Joven de la organización Solidar Suiza, advierte sobre el impacto de la informalidad y la precarización laboral como otro de los factores. «A nivel general la tasa de informalidad laboral es del 85% y la tasa de informalidad juvenil es del 96,2%. Uno de cada 10 jóvenes cuenta con un trabajo formal y los que tienen trabajo están en condiciones precarias, sin salarios dignos», sostiene.
Jordán considera también que los 51 días de bloqueos «definitivamente han afectado a la generación de oportunidades de empleo. Varias empresas han cerrado y aquellos jóvenes que emprendían han tenido que cerrar y hasta reprogramar sus deudas».
Esa vulnerabilidad golpea de manera crítica a las jóvenes embarazadas y madres. «Las jovencitas están con una situación marcada por el cuidado de los hijos, la necesidad de generar ingresos, acceso restringido a una educación formal, muchas de ellas no culminan ni el bachillerato y existe una desigualdad de género y dependencia económica».
Frente a este panorama, el programa Fuerza Joven de Solidar Suiza trabaja activamente en 20 municipios de Bolivia, buscando impulsar el empleo y autoempleo digno mediante la capacitación de habilidades y la entrega de capital semilla a jóvenes emprendedores para contrarrestar la falta de alternativas locales.
De la graduación a la cosecha y las nuevas rutas del éxodo
El éxodo no distingue carreras ni orígenes regionales; la desesperación ha transformado incluso la logística del transporte. Si antes los buses con migrantes partían casi exclusivamente desde El Alto, La Paz y Oruro, ahora lo hacen de forma continua y directa desde Santa Cruz y Cochabamba, con servicios exclusivos y directos hasta Santiago de Chile, Arica, Iquique, Calama y otras ciudades.
El rostro de esta urgencia lo dibujan también jóvenes como Laura Sony, como se identifica en TikTok, quien recuerda con nostalgia cómo se graduó junto a su amiga en febrero de 2026 tras cuatro largos años de esfuerzo académico, solo para encontrarse, en marzo de ese mismo año, con los dedos entumecidos cosechando cilantro y cebollines en los campos chilenos.
«No hemos encontrado trabajo. Ella (su amiga) trabajando en la cosecha del cilantro y yo trabajando en cosecha de cebollines. ¿Qué vamos a hacer? Así es la vida», relata Laura en su cuenta de TikTok.
Ellas cambiaron los libros por las tijeras de cosecha o poda, las escaleras y los canastos para recolectar las frutas.
A pesar de la crudeza del paisaje, los temporeros bolivianos —como les conocen ahora— trabajan bajo la lluvia e incluso ignoran feriados patrios como el 6 de Agosto, cosechando sin pausas mandarinas y otras frutas. El propósito colectivo se mantiene intacto: salir adelante, enviar dinero y no regresar con las manos vacías. La otra estrategia según Hinojosa es trabajar tres meses y volver con el dinero reunido a Bolivia.
Cifras récord y el nuevo motor del norte
Esta migración masiva, no solo de bolivianos, ha reconfigurado los balances regionales. Datos oficiales del Servicio Nacional de Migraciones de Chile revelan que la tendencia que venía gestándose desde antes de 2023 se consolidó de forma absoluta en el primer semestre de 2026: el 70% de las personas que tramitaron permisos laborales en ese periodo fueron bolivianos (84.717 de 121.977), desplazando por completo a la población venezolana, amparados por la gratuidad de la Visa Mercosur.
De hecho, los propios empleadores agilizan los trámites para los permisos de trabajo mientras los jóvenes hacen maletas en Bolivia. Esta “facilidad” es otro gancho para dejar el país y tomar las oportunidades que acá no hallan.
Este flujo masivo se traduce también en el soporte de miles de hogares en Bolivia. Según registros difundidos por el diario La Razón y respaldados por cifras del Banco Central de Bolivia (BCB), los envíos de remesas desde Chile se duplicaron entre 2019 y 2023, pasando de 159,30 millones a 312,97 millones de dólares, posicionando al vecino país como el epicentro de un soporte económico que sostiene a familias enteras mientras el motor productivo de Bolivia continúa vaciándose de su juventud
«En Chile consigues dinero, pero el trabajo también te quita momentos que jamás regresan. Cambias la familia por la soledad. Tu cuerpo se acostumbra al dolor, a dormir poco y comer rápido, pero tu corazón nunca se acostumbra a estar lejos de los que amas», confía otro joven al narrar su experiencia en la cosecha de frutas en Chile a través del TikTok.
En los reportajes anteriores de esta serie hemos mostrado cómo el campo alimenta a la ciudad y la ciudad sostiene al campo; el transportista conecta territorios; cuando hay conflictos, una familia es capaz de arropar a otras. Ahora, miles de jóvenes bolivianos muestran sus ansias de prosperidad y su valioso aporte al sostén de sus familias desde el exterior. ¿Qué tendría que cambiar en Bolivia para que el deseo de salir adelante no les obligue a cruzar una frontera?
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