Septiembre 14, 2026 -HC-

De Azkargorta a Cerimedo


Lunes 14 de Septiembre de 2026, 7:15am




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El goleador de la selección boliviana del 93, William Ramallo, me contó en aquel tiempo que era la primera vez, según su experiencia en el equipo nacional, que futbolistas cambas y collas, collas y cambas, habían decidido construir sentido común. Su repetitiva experiencia marcaba a cada convocatoria para vestir la camiseta verde, que los unos y los otros andaban por su lado fuera de los horarios de entrenamiento.

¿Qué había acontecido en dicha oportunidad, precisamente cuando se logró la clasificación para el mundial que se jugaba en Estados Unidos al año siguiente, para que los llamados a jugar representando a Bolivia, depusieran animosidades identitarias y culturales, pero sobre todo prejuicios históricos, para sintonizar animicamente?

Pasó que alguien llegado desde Azpeitia, desde el país vasco, un asesor extranjero que dirían los políticos, hiciera uso de la palabra como potenciador de un acercamiento en que cochabambinos y cruceños que conformaban mayoría, no sólo se entendieran en la preparación y los partidos, sino que lo hicieran incluso en los tiempos de pausa, descanso, e inacción.

En aquella época, y en cada momento, todo fue comunidad en el sentido cualitativo de la palabra. El gestor de algo que hasta entonces no había sucedido con la selección, según lo referido por Ramallo, era Xabier Azkargorta, que no sólo fue el seleccionador del equipo nacional, sino el moderador de un diálogo (pluri)nacional que dio como resultado la clasificación con William anotando siete goles para convertirse en máximo anotador, seguido por Erwin Sánchez que había marcado cinco. Ramallo cochabambino, y Sánchez cruceño fueron en aquel tiempo, y en primer lugar, bolivianos y esa bolivianidad que se contagió desde las canchas hacia las plazas, las calles y las carreteras, hizo de aquella selección un patrimonio emocional bajo una sola bandera con todos repitiendo los mismos estribillos en los triunfos y en las derrotas.

Fui testigo privilegiado de algunas de las charlas de Azkargorta con sus dirigidos. Su inagotable energía motivacional y su claridad expositiva para transmitir la idea de juego que pretendía, hicieron carne en ese puñado de futbolistas talentosos, inspirados, pero sobre todo conectados entre ellos. Por una vez en mi itinerario periodístico supe que alguien llegado de afuera podía enseñar cómo había que hacer para maximizar el talento y las virtudes, y de qué manera se podían combatir la mezquindad y las debilidades en nuestro entreverado y variopinto entramado cultural.

Transcurridos 32 años, otro asesor extranjero desembarcó en Bolivia para meterle gato por liebre nada menos que al presidente del país, hijo del que también fuera presidente que visitaba a la selección de Azkargorta en los entrenamientos de aquella época.  Fernando Cerimedo, mentado en los círculos especializados en  guerra sucia para campañas electorales, ingresó al país para hacer, pero finalmente para deshacer, y fue gracias a su ego superlativo, tan característico de cierto chanterío rioplatense, que logró aplastar al que había llegado para diseñar y ejecutar la planificación estratégica gubernamental, el Ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, que en los inicios de la gestión de Paz Pereira, agregó atribuciones a su cartera de Estado con las que se suponía, se encararían las primeras decisiones estructurales de la nueva administración.

Cerimedo, con la puerta abierta de par en par por la primogénita Catalina, le hizo un desastre a un gobierno signado por el espontaneísmo como marca distintiva. Si  Luis Fernando Camacho se había posicionado como macho alfa del derrocamiento de Evo Morales en 2019, el argentino se hizo macho alfa del gobierno de la triple Bolivia, y que si hubiera nacido antes, bien pudo haber militado en la triple A de la dictadura de Videla, la Alianza Argentina Anticomunista, organización parapolicial y ejecutora del terrorismo de Estado en aquellos tiempos de persecución política, desaparición forzada, tortura y vuelos de la muerte. En ese contexto encaja ideológicamente el amigo íntimo de Nadia Beller quién ha convertido en culebrón, luego de sufrir el atentado que la hizo famosa,  todo lo que logró averiguar, gracias a la fanfarronería que condujo a indiscreciones propías del principiante que confía ciegamente en su pareja, incluso en los pasillos donde no hay lugar para el amor.

Ese aparato, Cerimedo, modismo tan argento para definir la extravangancia y la torpeza, le desordenó la Casa Grande a la desprevenida e improvisada presidencia de nuestro país. Su falta de perspicacia, lo condujo a creer que no habría riesgo si consentía la infiltración de su propia amiga íntima en el corazón de las decisiones donde campea la manipulación, la maniobra, las operaciones oscuras y la renovación de prácticas opacas y corruptas y si así ha sucedido es porque su jefe máximo se lo permitió no se sabe con certidumbre si por descuido o premeditación.

La diferencia entre los desembarcos de Azkargorta y Cerimedo pasa por quiénes decidieron traerlos al país. Mario Mercado Vaca Guzmán, el presidente más importante de la historia del club Bolívar, fue quién aconsejó y promovió la contratación del Bigotón. No se equivocó y cuando la impaciencia de la hinchada pedía la cabeza del seleccionador, apenas comenzaba sus tareas, la dirigencia a cargo de la FBF se mantuvo firme en sostener su continuidad. Tres décadas después, fue el presidente Rodrigo Paz que entusiasmado por haber recibido el asesoramiento de Cerimedo en campaña, decidiera convertirlo en asesor de gobierno. Ojo, no es lo mismo asesorar para ganar una elección que hacerlo desde el estrecho espacio de la comunicación institucional, para sostener cinco años de gestión. Sobre lo primero, el dicen que agente de la Mossad israelí, tiene conocimientos de marketing digital y de tecnología apta para la manipulación de percepciones ciudadanas. Sobre lo segundo, Cerimedo no tiene ni puta idea. Se dedicó a sacar los tentáculos de las mangas para armar circuitos de influencia y todo indica que negocios embadurnados de mugre que gracias a Beller habrían quedado prácticamente al descubierto, involucrando en la trama, por si fuera poco, a la esposa del Presidente Paz Pereira.

Hechas las cuentas, así le fue a Mario Mercado en el fútbol y así le va a Rodrigo Paz intentando dirigir el país. Tiene que quedar claro que son las intenciones de origen las que ayudan a saber elegir a que tipo de asesores invita uno a casa.

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