Obras de arte en el suelo, ventanales rotos y equipos y muebles destruidos fue el rastro del caos dejado por los bolsonaristas que invadieron este domingo las sedes del Parlamento, la Presidencia y la Corte Suprema de Brasilen un intento de golpe de estado. Un día después de los hechos en la región ha corrido la voz de que hubo un intento de golpe de Estado, del que el presidente Lula Da Silva se rehízo. Hoy al menos 300 bolsonaristas están detenidos.
El segundo piso del Palacio do Planalto fue totalmente destruido y los manifestantes radicales llegaron hasta el pasillo que conduce al despacho del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en el tercero.
"Lo que está sucediendo, claramente, es un intento de golpe de Estado", dijo la señal de noticias G1 mientras mostraba imágenes de cientos de personas vestidas de amarillo y verde, los colores de la bandera brasileña, irrumpiendo en las sedes de los tres poderes y vandalizando su interior (los edificio se encuentran a muy poca distancia, todos ellos en la denominada Explanada de los Ministerios).
“Fue algo que nunca imaginé ver. Es depredación, vandalismo, caos y destrucción”, manifestó en un video con las imágenes de los locales invadidos el ministro de la Secretaría de Comunicación del Gobierno, Paulo Pimenta.
Al menos 300 partidarios del expresidente brasileño Jair Bolsonaro fueron detenidos por invadir y destrozar las sedes del Congreso, la Presidencia y la Corte Suprema, en un intento de golpe de Estado contra el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva. “Las investigaciones siguen hasta que el último integrante sea identificado”, informó la Policía Civil de Brasilia.
La Policía Civil señaló que los detenidos están en proceso de identificación, y se les toma declaración dentro del proceso que “investiga todos los actos criminales ocurridos” en la tarde de este domingo en la capital brasileña.
Antes, el ministro de Justicia, Flávio Dino, avisó en una rueda de prensa que el número de detenidos por el intento de golpe de Estado contra Lula puede aumentar “en las próximas horas”.
La policía del Distrito Federal de Brasilia desmontó este lunes el campamento que militantes bolsonaristas instalaron frente al cuartel general del Ejército, tras las elecciones de octubre y desde el que lanzaron los ataques contra las sedes de los tres poderes en Brasil.
Agentes de la Policía Militarizada de Brasilia, reforzados por tropas del Ejército, bloquearon los accesos al campamento a primera hora para impedir la llegada de más manifestantes y ordenaron el desalojo pacífico de los que permanecían en el lugar.
Cientos de seguidores del expresidente Bolsonaro recogieron sus pertenencias y abandonaron el lugar. En media hora, en el campamento tan solo quedaron las carpas y algunas infraestructuras abandonadas, así como un puñado de manifestantes que se apresuraban para recoger colchones y otros utensilios.
El desalojo pacífico se produjo luego de que el magistrado Alexandre de Moraes, uno de los 11 miembros de la Corte Suprema, ordenara el desmonte de todos los campamentos, y desde donde los seguidores del líder ultraderechista defendían un golpe de Estado en Brasil.
Desde Estados Unidos a China, pasando por la Unión Europea, Rusia y América Latina, numerosos países condenaron el asalto de simpatizantes del expresidente ultraderechista brasileño Jair Bolsonaro al Congreso, el Tribunal Supremo y el palacio presidencial, que algunos consideran un “intento de golpe de Estado” y “fascista”, y expresaron su apoyo inquebrantable al mandatario Luiz Inácio Lula da Silva.
En esa misma línea, el presidente de Chile, Gabriel Boric, salió a respaldar a Lula, y no dudó en calificar el intento de golpe de los ultraconservadores como un “cobarde y vil ataque a la democracia”. “Impresentable ataque a los tres poderes del Estado Brasilero por parte de bolsonaristas”, añadió a través de redes sociales. También en Centroamérica y el Caribe se pronunciaron a favor del orden institucional en Brasil.
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