Marzo 05, 2026 -HC-

Bolivia: ¿Manejo macroeconómico desde un libro de texto o la ideología?


Domingo 7 de Diciembre de 2025, 11:00am




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El año pasado, un grupo de amigos me pidió que sintetizara la situación macroeconómica de Bolivia desde una postura totalmente objetiva e imparcial. Para entonces, la crisis económica ya se sentía, pero resultaba aún difícil verla en las cifras de las estadísticas oficiales. Los temas que más preocupaban eran la escasez de dólares y la inflación. Las colas para obtener combustible todavía no eran tan notorias.

Estoy hablando de agosto de 2024. Un año y medio antes, en una entrevista con el Deber, ya me había referido al tema de la escasez de dólares, habiendo identificado su principal causa: La caída de la exportación de hidrocarburos. Asimismo, sostuve que, en un régimen sin control de divisas[1], las empresas pueden depositar sus dólares, dentro o fuera del país, por lo que el grueso de sus ganancias sale al extranjero. En una situación de escasez de dólares, los gobiernos tienen muy poco campo de acción. En estas circunstancias, afirmé que, para garantizar la importación de combustibles líquidos subvencionados, las autoridades del área económica no tienen más opción que recurrir a préstamos de libre disponibilidad, no sujetos a proyectos, otorgados por organismos internacionales. Por último, opiné que había razones para pensar que esto podría derivar en un desajuste estructural que terminara en una crisis más profunda. Así que insistí en que este problema no era pasajero, ni mucho menos. Por lo demás, hasta ese momento, la inflación era prácticamente imperceptible. Sí, mi intuición como economista ya me encendía luces de alarma, pero había que empezar a ver los datos duros de la macroeconomía, antes de saltar a conclusiones. 

O sea que tuve que introducirme en la frondosa y complicada tarea de recolectar los datos apropiados para entender la problemática. El resultado fue un gráfico titulado Bolivia: Reservas Internacionales Netas (RIN) versus Base Monetaria, 2006-2022 (Véase Figura No. 1 de la versión de este artículo publicada en LinkedIn) por demás interesante, que lo compartí en el chat del grupo, aunque no tuve la fortuna de recibir ningún comentario significativo.  Pero, ¿qué descubrí en ese gráfico?

En primer lugar, que la base monetaria creció en gran medida a una tasa constante, pudiendo su tendencia ser aproximada, de manera confiable, por una línea recta (con una bondad de ajuste de 0.95). Según cualquier libro de texto, esto explicaba la irrelevancia de la inflación (Nótese que, a diciembre de 2022, la inflación acumulada a 12 meses no había superado el 3%).

En segundo lugar, que hasta 2015, las RIN se mantuvieron por encima de la base monetaria, lo que suponía que, hasta ese momento, cada boliviano emitido había tenido el respaldo monetario de las RIN, mostrando, otra vez, un manejo de la macroeconomía, de acuerdo con el contenido de cualquier libro de texto. Esto quería decir también que esa aparente conducción prolija de la economía solo pudo resistir un año más luego de la caída de los precios del petróleo en 2014 para llegar en 2022 a la constatación de que cada boliviano emitido estaba respaldado por las RIN en apenas poco más del 20% de su valor.

En tercer lugar, que, si bien, la deuda externa, luego de una ligera caída en 2007, creció a una tasa relativamente constante hasta 2022, las RIN solo se incrementaron hasta 2014 para desmoronarse inmediatamente después, hasta el fin del período considerado. Nuevamente, el libro de texto sólo funcionó hasta 2014 para después ceder paso a la ideología, donde el crecimiento de la deuda externa no pudo detener el colapso de las RIN. Aquí, obviamente, se notó la ausencia en el análisis de otros determinantes de las RIN, tales como las exportaciones, que estuvieron fuera del alcance de ese trabajo y que serán incorporados en posteriores análisis.

Por último, que la deuda interna, tal cual convidada de piedra (hasta 2018) de un modelo estrictamente monetarista, aplicado en función de cualquier libro de texto, habría adquirido vida propia al año siguiente superponiéndose con creces a partir de entonces, hasta la conclusión del período de análisis, a la base monetaria[2]. Sin embargo, todo parece indicar que, siguiendo otra vez el contenido de cualquier libro de texto, con su decisión de continuar sin freno el endeudamiento interno desde 2021, el nuevo gobierno solo intentó hacer creer a todos que estaba mitigando o evitando una inflación inmediata o directa en vez de imprimir dinero, cuando en realidad únicamente había encontrado un mecanismo para aplicar su ideología. Como se puede observar en la Figura No. 1 (en LinkedIn), si bien el despegue fatal de la deuda interna arrancó en 2019, se consolidó entre 2021 y 2022, convirtiéndose en el instrumento de política económica fundamental del nuevo gobierno para dar rienda suelta a su ideología seudo-izquierdista-populista.

En condiciones normales, y en el corto plazo, la deuda interna solamente usaría el dinero existente, lo que significaría una transferencia de poder de compra y no la creación de nuevo poder de compra, contribuyendo a que el gobierno compita por fondos con prestatarios privados, lo que podría incrementar las tasas de interés, generando una presión a la baja de la demanda agregada y la inflación, a tiempo de no elevar las expectativas inflacionarias de largo plazo. Sin embargo, si los niveles de la deuda interna se vuelven insostenibles, en el largo plazo, tanto los mercados como los ciudadanos podrían empezar a pensar que el Banco Central podría verse forzado eventualmente a imprimir dinero para cubrir sus obligaciones produciendo expectativas inflacionarias, dando lugar a una presión sobre la demanda agregada a través de un efecto riqueza, si la gente percibe a los bonos del gobierno como un incremento neto de su riqueza, resultando en pagos de interés más altos con repercusiones en el déficit fiscal.

En la medida en que nada es gratis en economía, el tiempo le cobraría la factura de un manejo irresponsable de la macroeconomía al anterior gobierno. Todo esto y más se podrá ver en mayor detalle en futuras contribuciones para cerrar con una propuesta pragmática de solución a la actual crisis económica imperante en el país y proyección de Bolivia hacia derroteros de crecimiento y desarrollo sostenibles en los siguientes años.  

 

*  Economista.

 

[1] Aclaro que, en ningún momento, me declaré proclive a la aplicación de control de divisas alguno en Bolivia y que, aunque mi posición al respecto no se incluyó en esa entrevista, siempre fui de la idea de optar por un esquema basado en incentivos, donde los principales generadores de divisas en el sector privado de la economía deciden depositar sus dólares en el país por cuenta propia y en función de sus propios intereses. 

[2]  Aquí es necesario hacer un paréntesis, por cuanto desde noviembre de 2019 asumió el poder el nuevo gobierno transitorio al que le tocó lidiar con la crisis de la pandemia del Corona Virus, lo que justificó un incremento significativo tanto de la base monetaria como de la deuda interna.