Este primer cuarto del presente siglo, varios fueron los hechos sociales de impacto nacional, apuntados en la ciudad de El Alto, y que exigieron la adopción de determinantes y concluyentes decisiones.
En la acelerada y azarosa trayectoria histórica, que atravesó Bolivia en estos primeros 25 años de siglo XXI, se suscitaron, como nunca, acontecimientos que reorientaron la senda ortodoxa, de la ocurrencia de los hechos, unos; y otros, en abierta incertidumbre con la detonación y conclusión de los mismos.
La ciudad de El Alto, después de su creación jurídica, dificultosamente, afianzaba su reconocimiento a sí misma, y de manera simultánea, buscó afanosamente, su incorporación al quehacer nacional, ascenso alcanzado raudamente, en el ejercicio de su posicionamiento. Fue un proceso formal, que fue considerado de atípico en los avatares de la historia nacional.
En otras palabras, nació madura. Prerrogativa que la habilitó para ser inmediatamente, integrada y protagonista de los sucesos nacionales. Y el devenir de los trascendentales hechos ocurridos, probablemente la precipitó en su rol de escenario y, al mismo tiempo, testigo de los hechos, a los que después, las monitoreó.
Fue un proceso sui géneris en la historia de nacional. Pero, cuál el sustento o con qué credenciales contó la ciudad de El Alto, para el desempeño de esas representaciones y exclusivas funciones.
Las características esenciales para que este espacio geográfico, asuma este rol, casi sin equívocos, se los puede atribuir a las siguientes dos causales.
Primero, su sin par, extraordinaria y estratégica ubicación geográfica, se constituyen en una especie de “cuello de botella”, para la conexión del epicentro del poder político, con el resto del país o viceversa. Este punto de tránsito obligatorio para su uso del sistema aéreo, del terrestre e incluso del lacustre, y antes de este siglo, el ferroviario, se parapetan como enclave, y casi imposible de eludirla, por el momento
Segundo, su población organizada y consciente de esta prerrogativa natural, y soportadas en esa su parcialidad natural, protagonizó las intensas y cada vez más frecuentes, movilizaciones sociales, en procura de ese su acelerado afán de procurarse condiciones de hábitat, acordes a las exigencias del Siglo XXI. La mayoría de ellas, con resultados que satisfizo el clamor popular. Opción que se convirtió en la herramienta o el instrumento más efectivo para el logro de sus propósitos.
Y por los resultados de esta forma de protesta, otros sectores sociales, incluidos los del país, y con sus particulares propensiones, adoptaron y de manera recurrente a la misma, para propugnar sus demandas sectoriales.
HITOS
Con relación a las decisiones o resoluciones de beneficio y/o impacto nacional, se las puede citar, la más fresca de la semana pasada.
El presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, y el presidente Ejecutivo del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), Sergio Díaz-Granados, firmaron acuerdos por un monto superior a los 3.100 millones de dólares, que se desembolsarán en los tiempos venideros. Montos, que representaron un apropiado bálsamo, al estado de convalecencia económica que encara el país.
Esa intención, considerada la más importante desde su posesión de la actual administración gubernamental, representó indudablemente, el inicio de un afianzamiento para ulteriores acuerdos internacionales.
Al margen de ese histórico hecho, se destacó una curiosidad, el inmueble donde se suscribieron los compromisos financieros: un “cholet”. Construcción llamativa por sus resplandecientes colores, y particularmente de una atrevida arquitectura, que pretende patentizarse como tendencia neo andina.
La arquitectura interior y exterior del “chotet”, provocó en el ilustre visitante, un impacto emocional, y un particular sentimiento de admiración y de exaltación, que le obligó a anunciar la construcción de una imitación para una instancia del organismo internacional.
Este compromiso financiero, se inscribe y con mayúscula, como un real soporte a la difícil situación económica del país.
Concretamente, en este primer cuarto de siglo, la Ciudad de El Alto, se constituyó en el epicentro para la adopción de las más determinantes decisiones nacionales; y su población, siempre de pie, con el convencimiento de reforzar y garantizar la configuración y delineación de un futuro propicio y anhelado repunte del desarrollo de Bolivia.
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