La abrogación del DS 5503 no puede leerse únicamente como un desenlace administrativo de un conflicto coyuntural. Se trata más bien de un episodio revelador de la actual arquitectura del poder en Bolivia: Una democracia que sobrevive sin partidos, una economía atrapada en la repetición extractivista y un campo político fragmentado donde las victorias son más simbólicas que estructurales.
Es más bien, la confirmación de que la política boliviana ha entrado en una fase de administración de los conflictos sin transformación estructural. Se negocia el síntoma, pero se conserva la enfermedad. Se celebra el procedimiento, mientras se perpetúa un modelo que independientemente del signo ideológico del gobierno, continúa siendo el mismo.
A) Ganadores, perdedores y la ilusión del equilibrio
El acuerdo no satisface plenamente a ninguna de las partes y precisamente por eso puede considerarse un “buen acuerdo”. No hay vencedores claros, ni derrotados absolutos. El gobierno logra lo impensable: retirar el subsidio a los hidrocarburos, duplicar el precio de la gasolina y triplicar el del diésel. Lo que Evo Morales no logró hacer en su mejor momento de popularidad y hegemonía absoluta, Rodrigo Paz lo hace ahora en medio de una legitimidad precaria. El consenso es preelectoral, nace de un debate iniciado por Luis Arce en el que la gente molesta por la escasez, largas filas, por el agio, ocultamiento y especulación, comprendió que el combustible más caro es el que no existe.
Mario Argollo y la COB ante la narrativa de las grandes cadenas informativas emerge como una nueva figura simbólica de carácter circunstancial, como el gran ganador del conflicto, se posiciona como un actor emergente que ocupó el vacío de interlocución que dejó el evismo, y que podría ser el nuevo articulador del bloque nacional popular.
Evo Morales en cambio es el gran perdedor, pierde una de sus últimas cartas sediciosas. El conflicto no lo devuelve al centro de la escena; lo confirma como figura del pasado. La alineación de intereses circunstanciales entre Edman Lara, Tuto Quiroga, no produjeron insurgencia, sino ruido.
Hipótesis A:
Las dirigencias sociales han entrado en una fase de gestión tecnocrática del sacrificio social, donde los ajustes estructurales promovidas por las luchas sociales, ya no se legitiman a través de la ideología, sino por la monetización para sostener el conflicto. Esto es parte de un cambio mucho más grande que debe ser estudiado con mayor profundidad.
B) La COB: fuerza movilizada, proyecto inexistente.
La movilización fue masiva, pero no hegemónica. El pueblo urbano observó desde la distancia. La épica sindical ya no convoca al país, sino solo a su propia base. Es una fuerza anacrónica (machista, vertical, elitista, y hasta discriminatoria) que no comprende los grandes cambios globales y cuya fuerza es relativa.
El viejo Pacto de Unidad se volvió a reencontrar pero como cascarón vacío, sin dirección, sin horizonte de largo plazo, sin épica, sin un proyecto claro más que voltear al “gobierno hambreador”.
La COB no lideró el conflicto: administró el descontento. El conflicto creció porque la COB tuvo la fortuna de que otras agendas silenciosas de gente poderosa, confluyan en el conflicto social. 1ro. La agenda sediciosa de izquierda (Evo-Lara) que busca tumbar al gobierno de Rodrigo Paz y 2do. La agenda conspirativa de derecha (Quiroga).
Pero la COB al pactar con el gobierno, ha generado una ruptura aun invisible, casi imposible de recomponer fundamentalmente con sectores con evistas, campesinos e interculturales.
Hipótesis B:
El sindicalismo boliviano conserva músculo organizativo, pero ha perdido el liderazgo histórico de conducción política, todas son dirigencias intrascendentes.
C) El silencio de Evo y la fabricación mediática de Argollo
El silencio de Evo Morales no es prudencia: es síntoma de un agotamiento de un ciclo (fin de ciclo), que podría reconfigurar el sistema político nacional. Por primera vez, la narrativa del conflicto no pasa por él. Evo deja de ser la centralidad y Mario Argollo es quien ocupa el vacío, pero no por mérito estructural, sino por ausencia de alternativas. El protagonismo de Argollo es mediático, no ideológico; es circunstancial, no histórico.
Nuevamente no nace un nuevo liderazgo: se improvisa uno, como lo fue Andrónico, Arce, etc.
Hipótesis C:
La política boliviana ha entrado en una fase de liderazgos circunstanciales, donde la visibilidad sustituye a la legitimidad.
D) Un gobierno sin Estado: el poder real sigue en el Estado Ampliado del MÁS-IPSP
(Jessop y el Estado Ampliado)
Desde la perspectiva de Bob Jessop, el Estado no puede reducirse al aparato gubernamental ni a la ocupación circunstancial del Poder Ejecutivo. El Estado Ampliado es una relación social estratégicamente selectiva, compuesta por instituciones formales, burocracia, marcos normativos, imaginarios colectivos, alianzas de clase, redes internacionales y formas de hacer política sedimentadas en el tiempo.
En este sentido, en Bolivia no ha caído el Estado ampliado del MAS-IPSP: ha caído el control del Ejecutivo, pero la selectividad estratégica del Estado sigue favoreciendo a los actores, lógicas y redes construidas durante el súper ciclo de 20 años.
El actual gobierno gobierna, pero no controla el Estado. Y no lo controla porque el Estado, en términos de Bob Jessop no se agota en el Ejecutivo.
El Estado Ampliado -la burocracia estratégica, los dispositivos normativos, los cuadros técnicos, los vínculos con organizaciones sociales, las narrativas sedimentadas y los hábitos de gobernanza- sigue siendo mayoritariamente controlado por el MAS-IPSP, aunque este ya no ocupe formalmente el gobierno.
Lo que cayó fue el gobierno del MAS, no el Estado Ampliado.
El Ejecutivo actual administra un aparato que le es ajeno, hostil o, en el mejor de los casos, indiferente. No define las reglas profundas del juego, solo opera dentro de ellas. Su margen de maniobra está severamente restringido por una arquitectura estatal diseñada para otros fines y otros actores.
Desde esta óptica, el conflicto del DS 5503 no fue solo una disputa económica, sino una lucha por la selectividad estratégica del Estado:
• La COB actuó como actor estatal ampliado, no como mero sindicato.
• Evo Morales activó los resortes del Estado ampliado que aún controla.
• El gobierno negoció desde una posición estructuralmente subordinada.
Aquí radica su fragilidad real:
No carece de Estado, carece de hegemonía dentro del Estado.
Hipótesis D:
Bolivia vive una situación de desacople entre gobierno y Estado ampliado, donde el MAS-IPSP aun fuera del Ejecutivo, conserva el control estratégico de las relaciones, dispositivos y selectividades estatales que condicionan -y limitan- la acción del gobierno.
E) Las tres “D”: Deuda, devastación y dependencia
El modelo económico no ha cambiado. Se repite el mantra de las 3D:
1. Deuda: La economía se sostiene recurriendo adictivamente al crédito externo. La pregunta ya no es cuánto se puede endeudar el Estado, sino cuánto tiempo puede sobrevivir una economía sin otros mecanismos para la generación de riqueza.
2. Devastación: El agronegocio incendia bosques para ampliar la frontera agrícola. La minería envenena ríos y la tierra. El desarrollo sigue siendo sinónimo de destrucción.
3. Dependencia: Cambiamos el eje geopolítico (de Venezuela, China y Rusia hacia Estados Unidos), pero no el patrón de subordinación. La dependencia sigue intacta.
El viejo debate “¿más Estado o más mercado?” es hoy un debate bizantino. El problema no es el tamaño del Estado, sino la ausencia de un nuevo modelo productivo que genere riqueza sin destruir territorio, ni reproducir dependencia.
Hipótesis E:
Bolivia no enfrenta solo una crisis de modelo, sino una incapacidad estructural para pensar e imaginar otro mundo posible. Como diría Francia fukuyama “es el fin de la historia”.
F) Democracia sin partidos.
El MAS-IPSP reventó por los aires el sistema de partidos: Esto ha creado un vacío, que al día de hoy no se puede gestionar.
La política en Bolivia funciona sin partidos, la democracia en Bolivia funciona sin partidos, sino por unos actores mutantes que controlan y manejan la política en su lugar: sindicatos, jueces, medios de comunicación, empresarios y políticos instrumentales que se acomodan, mutan y transfiguran en funsión de la necesidad.
No hay proyectos de país, hay disputas de posición. La democracia funciona, pero sin arquitectura política sólida. Es una democracia improvisada huayraleva.
Hipótesis F:
Bolivia vive una posdemocracia liquida, donde la institucionalidad existe en función a los objetivos de corto plazo de cada gobierno, una política de un solo uso, descartable, usar y tirar, que hace que todo sea remplazable, pero aun más tétrico, hace que todo sea posible.
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