Noviembre 06, 2026 -HC-

Crisis de expectativas de futuro


Viernes 6 de Noviembre de 2026, 7:00am




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En el campo teórico la Ciencia Política ha estado dividida entre los que los que se limitan a explicar lo que es (una disciplina descriptiva) y los que van más allá para proponer lo que debería ser (una disciplina normativa). Los politólogos empíricos buscan responder hasta donde un sistema político cumple con normas democráticas, es decir si las decisiones de la clase política se ajustan a las leyes. A su vez, los teóricos normativos y los demócratas participativos mantienen una mirada crítica del deber ser, sospechan de todas las relaciones representativas y se preguntan cuál debería ser el mejor gobierno; en síntesis, la teoría normativa debería preguntar, y la ciencia política empírica debería tratar de responder (Mansbridge, p. 99). Para intentar responder sobre el presente y el futuro de manera articulada, la democracia esta obligada a preguntar y responder sistémicamente por el es y por el deber ser y dialogar en colores, no en blanco y negro, las preguntas y las respuestas no solo están a la derecha ni a la izquierda; la virtud democrática consiste en implicar a todos para el logro de expectativas de futuro razonablemente satisfactorias, se trata de interacciones de la democracia entre los que la piensan teóricamente, los que la viven cotidianamente y los que deciden en su nombre.

En política -dice el profesor Joan Subirats- se mira al futuro y los problemas de hoy son promesas de un mañana mejor. El problema de prometer días mejores es que la clase política y la clase gobernante no cumplan con sus promesas u ofrezcan soluciones sin comprender la complejidad de los problemas o la magnitud de las policrisis que nos amenazan y que quedan sin resolver, lo que ocasiona desilusión en los gobernados y desconfianza en los políticos y en las instituciones. El incumplimiento de la promesa democrática (igualdad, libertad y dignidad para todos) ha provocado una desilusión sistémica y un giro hacia autocracias que se han presentado a si mismas como eficaces en el cumplimiento de la promesa política con una posnarrativa de que con más tecnocratismo y menos regulaciones le ira mejor al individuo (y aunque los autoritarismos han incumplido sus promesas, lo cierto es que han logrado victorias contundentes en el mundo hasta instaurar la era del individuo tirano).

Como si supieran, los políticos están acostumbrados a ofrecer soluciones de futuro porque no saben como resolver los problemas del presente, sin importarles que sus actuaciones falsas ponen en juego la credibilidad de la democracia que envejece porque la empuja las semillas de su propia destrucción: la demagogia. Hannah Arendt definía la esencia de la política como la promesa (los políticos lo que mejor saben hacer es prometer en campañas electorales). El problema surge cuando los ganadores de una elección ya hechos gobernantes no cumplen con sus promesas o lo hacen parcialmente, dando lugar a la decepción o desencanto de la gente, a este fenómeno los filósofos políticos le han denominado impolítica (Esposito, 2006). La decepción tiene una fuerza cíclica y dolorosa, antes de admitir nuestra decepción sobre un gobierno o un gobernante, confiamos, sabiendo que quien confía se arriesga a ser defraudado; Albert. O. Hirchman dirá que la decepción es un elemento central de la experiencia humana y, una vida llena de decepciones es algo triste “Entonces podría considerarse la tendencia a la decepción como una debilidad desafortunada y perversa de la naturaleza humana, algo que no existiría si el hombre fuese un ‘actor más racional’”.

Es muy común que las expectativas superen a la realidad y que en el largo plazo terminen en desengaño o fracaso; decepción, desilusión, desencanto indican que las expectativas de la gente sobre el futuro no eran más que una ilusión desde un comienzo. Ya el filósofo alemán Jürgen Habermas había diagnosticado la posmodernidad como una especie de crisis de la idea de futuro, es decir que para el individuo narcisista de hoy nada bueno esta por venir. La política como promesa de un mañana mejor esta en crisis debido a que la gente independientemente de su credo, clase social o nivel de riqueza ya no cree en que algo bueno llegara, ni confía en los políticos dada su opacidad cínica.

Las democracias al incumplir sus promesas de igualdad, libertad, dignidad humana, razón pública, meritocracia, eficiencia técnica, calidad de vida e incluso felicidad común, ha cedido terreno ante los autoritarismos que con una poderosa oferta de libertad, desregulación, tecnocratismo, pureza de espíritu, de raza e individualismo tiránico ha calado en el imaginario colectivo y en los electorados descontentos de tal manera que la promesa teocrática-tecno-totalitaria ha acumulado mayor poder, riqueza extrema y religiosidad absolutista que las democracias no han podido detener. El politólogo francés Pierre Rosanvallon en su obra de 2007 “La contrademocracia” analiza la desconfianza organizada como un conjunto de practicas de control orientadas a vigilar, juzgar e impedir y agrega que el rechazo sirve para frenar pero no basta para construir; la democracia no puede estar todo el tiempo a la defensiva de sus enemigos, tiene que ser eficaz al producir resultados para mejorar la vida de la gente y cumplir con sus promesas de una vida de libertad, igualdad y dignidad para todos sus ciudadanos.

En el proceso de democratización boliviano las mejoras significativas de la calidad de vida de todos han sido sustituidos por los privilegios injustificados de pocos. Durante los años de la democracia pactada (1985-2005) las expectativas igualitarias de los comunes se fueron diluyendo dado que el proceso democrático se redujo a decisiones cupulares entre pocos, pocos partidos (MNR-ADN-MIR y sus partidos apendiculares CONDEPA-MBL-UCS) era una política de clientelas y parentelas que termino enojando a la gente y pidiendo un cambio al régimen que mezclaba neoliberalismo con castas. Para el año 2005 las encuestas mostraban que la democracia pactada se había derrumbado y la demanda de cambio en la política, la justicia y la economía eran enormes; la promesa y esperanza de cambio llego con el MAS que con una mayoría absoluta trastoco la exigencia popular de mejores días en un hegemonismo autoritario muy corrupto. Las expectativas de cambio y de un futuro mejor ofrecida por contraélites de izquierda defraudaron a la gente, dos décadas de “proceso de cambio” desilusionaron a la mayoría ciudadana y terminaron votando en agosto de 2025 por una nueva promesa política que en menos de un año de gobierno consolido una política de facciones hipercorrupta y apátrida que ha cambiado negativamente el estado de ánimo de la gente hasta configurar una crisis de expectativas de futuro.

Los problemas crecen y las soluciones decrecen, los desajustes entre imágenes o proyectos de futuro y la evolución negativa de variables microeconómicas y macroeconómicas producen pesimismo, descontento, decepción e ira sobre promesas no cumplidas. De aquí en más hay que tomar en serio la decepción como cambio de preferencias electorales, pero también las expectativas insatisfechas como fuerza negativa destructiva que impide construir futuribles.

Estos tiempos de complejidad, incertidumbre, policrisis y crisis de expectativas de futuro demanda de una nueva ciencia, otra ciencia política como recurso estratégico capaz de construir nuevos indicadores de satisfacción con y en democracia tales como: a) transparencia y rendición de cuentas; b) pensamiento crítico y herramientas de escucha; c) reducción de la brecha entre el saber y el hacer (know-do gap; Subirats, 2026); d) gestión de equilibrios de los poderes institucionales y sociales que reduzcan desigualdades extremas; e) conectar la lógica científica con la sensibilidad y empatía de la gente, para lidiar con lo desconocido, lo ambiguo y lo incontrolable; f) construir indicadores que den cuenta de satisfactores de expectativas económicas cumplidas (empleo, ingresos, techo) y de eventos de emocionalidad profunda gestionados (alegría, odio y miedo); g) unir los conocimientos de la data y el deseo, el análisis en tiempo real y del tiempo pasado; h) transformación digital, control democrático, gobernanza algorítmica y formación humanista; i) desarrollo de heurística contra la desinformación, la mentira, las políticas de odio e institucionalidad para la minería de la verdad; j) revoluciones ontológicas capaces de producir investigadores e investigaciones socialmente relevantes y dialogantes entre iguales (knowledge brockering).

Las complicaciones y el descontrol aumentan, pero huelga decir que la esperanza fundada es que la democracia puede combinar eficacia y dignidad para resolver el sufrimiento de todos, para diseñar procesos de innovación social centrado en personas, esto es posible y deseable de realizar (Subirats, 2026). El pesimismo es una regla de los pensadores políticos realistas, ya lo decía el sabio francés de la política Julien Freund “En política hay que contemplar siempre lo peor para impedir que suceda”. Esta racionalización en función de la finalidad de un futuro mejor nos obliga a considerar lo peor, que vendría a ser la muerte de la democracia por sus achaques, burocracia y promesas no cumplidas y, la llegada de un vigoroso autoritarismo que promete soluciones rápidas y eficaces pero que beneficia solo a unos cuantos; esta realidad prefigura una crisis de expectativas de futuro. Si hay política pública es porque algo está mal y hay que resolverlo mediante la intervención de los poderes públicos; el desafío para una democracia con demandas insatisfechas y con expectativas de futuro en crisis exige revalorizar el conocimiento de la sociedad, el capital social y la ciencia ciudadana (laboratorios de innovación social); articular, sintetizar y proyectar derechos de primera, segunda, tercera y cuarta generación, mediante la ciencia y el gobierno científico que distan de ser una epistocracia, se trata de una democracia vigorosa por medio de la gobernanza de políticas públicas.

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Politólogo y abogado, Docente UMSA.

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