Hay palabras en el portugués brasileño que no parecen tener sinónimo en el propio idioma y menos en otros tan próximos como el castellano. Saudade es una de ellas y se escucha así: sow-dah-ji. Se trata de la palabra más intraducible y expresiva de toda la Torre de Babel para significar el sentimiento transparente y profundo por el otro, ese que no tiene simil en la experiencia emocional de los seres humanos, sobre todo cuando habitan sitios distintos, imposibilitados del encuentro presencial cotidiano.
Otra palabra que no tiene sinónimo fuera del portugués brasileño es ginga. Se refiere al movimiento rítmico, a la plasticidad corporal y al estilo danzístico del futebol que ha caracterizado el llamado jogo bonito desde tiempos de Garrinicha hasta los de Neymar. El ginga de Ronaldinho Gaucho, por ejemplo, hizo que la pelota se convirtiera en parte de ese baile futbolístico verde amarillo que se ha celebrado tantísimas veces como si se tratara de un milagro. O mejor, de un milagro tras otro.
La singularidad de la identidad afrobrasileña se torna así en aquella donde sonido y movimiento, música y danza, es la mejor manera de conectar con el prójimo, con el vecino, con los compañeros de escola, con el torcedor futbolero.
En la mágica y poética bossa nova, A felicidade de Tom Jobim y Vinicius de Moraes, es la canción melancólica dedicada al carnaval como el fugaz y celebratorio acontecimiento anual en el que la gente es feliz por unos minutos, pero que aquello duradero que la gobierna es la tristeza: “La tristeza no tiene fin, la felicidad sí. La felicidad es como la pluma que el viento sopla por el aire, vuela tan ligero, pero la vida es corta, necesita que haya viento sin parar. La felicidad de los pobres parece la gran ilusión del carnaval. Trabajamos todo el año por un momento de ensueño para hacer el disfraz de rey, pirata o jardinero, para que todo acabe el miércoles. La tristeza no tiene fin, la felicidad si…tristeza nao tem fim, felicidade si”.
Esta noche del 25 de octubre de 2026, sentí que es posible cambiarle la letra a Vinicius de Moraes: La alegría carnavalera, la alegría del pueblo, la alegría del ejército de jóvenes demócratas, muy en contraposición al odio de las milicias (paramilitares) que exhalan el mal aliento de la crueldad y la discriminación, esa alegría puede no tener fin, puede extenderse más allá del carnaval si el que gana por cuarta vez una elección presidencial es aquél trabajador metalurgista que en su infancia, como su familia no tenía dinero para comprar su propia goma de mascar, masticaba chicles usados que previamente lavaba y les ponía azúcar. Ese que con su mano izquierda de cuatro dedos puede contar sus cuatro rotundos triunfos que lo erigen como el Presidente más trascendente de la historia del Brasil, el exuberante país-continente que tiene el mejor nombre de partido político que yo conozca: Partido de los Trabajadores (PT), sigla sin parangón, lo mismo que palabras siniguales como saudade o ginga.
Para completar este paseo por la memoria brasileña, en la que la identidad destaca gracias a las mejores vibraciones colectivas, acabo de preguntarle a la IA por qué la playa más famosa del mundo, la de Río de Janeiro, se llama Copacabana, historia que ya conocía, pero que por razones de tiempo usé como triquiñuela de edición: “El nombre de la playa brasileña tiene un origen 100 por ciento religioso vinculado a Bolivia: En el siglo XVIII, unos comerciantes de plata bolivianos y navegantes españoles que eran fieles devotos de la Virgen de Copacabana (cuyo santuario principal está en el lago Titicaca,) llegaron a Río de Janeiro. / En agradecimiento por haber sobrevivido a un fuerte temporal en el mar, construyeron una pequeña capilla dedicada a esta virgen en una de las rocas de la playa/ Antes de esto, la playa de Río se llamaba Sacopenapã , que en lengua indígena tupí, significa el ruido y aleteo de los socos (aves). Sin embargo, la devoción a la capilla fue tan grande que la gente empezó a llamar a toda la zona y a la playa por el nombre de la virgen: Copacabana. Era el año 1746. La palabra Copacabana proviene del aymara kota kahuana que significa vista al lago”.
Así de inmenso y diminuto es simultáneamente este globo intoxicado en el que habitamos, pero que felizmente tiene países como Brasil, que a pesar de la pobreza, la desigualdad, la miseria, sabe que la felicidad puede ser como la canción de Jobim y Vinicius, pero también como el indiscutible triunfo de Lula del que se espera no dejé de pensar en gobernar en primer lugar para esas mayorías que se debaten en la contradicción de la felicidad y la tristeza, en ese “povo oprimido, nas filas, nas vilas, favelas” fragmento de esa otra memorable canción, “Sampa”(1978), con la que Caetano Veloso homenajea a Sao Paulo.
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