Octubre 26, 2026 -HC-

Lula y la remontada electoral: las claves de una victoria frente al fenómeno Bolsonaro


Domingo 25 de Octubre de 2026, 9:15pm




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La política tiene una regla que vuelve a ponerse a prueba en Brasil: ganar la primera vuelta no garantiza ganar la elección. Flávio Bolsonaro llegó al balotaje del 25 de octubre de 2026 con una ventaja del 47,03 % de los votos válidos, frente al 45,16 % de Luiz Inácio Lula da Silva. Sin embargo, el resultado de la segunda vuelta favoreció a Lula, que obtuvo cerca del 52 % de los votos, según el conteo reportado casi al 100%.

¿Qué cambió entre una votación y otra? La remontada no se explica por un solo factor, sino por la combinación de estrategia electoral, movilización social, comunicación política y capacidad para ampliar apoyos en una sociedad polarizada.

La primera vuelta midió fuerzas; la segunda exigió construir una mayoría. La ventaja inicial de Flávio Bolsonaro reflejaba la fortaleza del movimiento conservador, pero no garantizaba una victoria definitiva. En el balotaje, Lula necesitaba consolidar su base electoral y convencer a ciudadanos que habían respaldado a otras candidaturas. La disputa dejó de ser una competencia entre varias opciones para convertirse en una decisión entre dos proyectos de país.

La experiencia debía conectarse con las preocupaciones del presente. Lula conservaba una base social importante, especialmente entre los sectores populares y en el nordeste brasileño. Sin embargo, su trayectoria política y el recuerdo de sus anteriores gobiernos no bastaban por sí solos. El desafío era vincular ese capital político con las preocupaciones cotidianas de la población: el costo de vida, los ingresos familiares, la seguridad y las expectativas económicas.

La comunicación debía convertirse en movilización. Las redes sociales, las manifestaciones y la organización territorial fueron espacios centrales de la disputa. Pero la visibilidad digital no equivale automáticamente a votos. Una campaña eficaz necesita transformar sus mensajes en confianza, persuasión y participación electoral. También debe comprender que las preocupaciones de los ciudadanos varían según las regiones y que una estrategia nacional requiere respuestas adaptadas a cada realidad territorial.

La polarización movilizó, pero no explicó todo el resultado. Flávio Bolsonaro representó la continuidad del movimiento político de su padre, Jair Bolsonaro, mientras Lula defendió su proyecto desde la Presidencia. La elección enfrentó identidades políticas consolidadas, pero también expectativas distintas sobre el futuro de Brasil. El reto para ambos candidatos era superar sus bases tradicionales y construir una mayoría suficiente para imponerse en las urnas.

Una lección para América Latina

La elección brasileña deja una enseñanza importante para los equipos políticos: una ventaja electoral no es una victoria asegurada, y una base sólida tampoco garantiza una mayoría. Cada etapa de una campaña exige objetivos diferentes: primero, consolidar apoyos; después, ampliar respaldos, persuadir a los indecisos y reducir las resistencias.

La comunicación política cumple un papel estratégico en ese proceso, pero no sustituye a la gestión ni resuelve por sí sola los problemas económicos y sociales. Su valor está en conectar las propuestas con las preocupaciones ciudadanas y construir una narrativa creíble sobre el futuro.

La victoria de Lula tampoco significa la desaparición del movimiento conservador ni la reconciliación automática de una sociedad dividida. El verdadero desafío comienza después de las urnas: transformar el respaldo electoral en resultados, acuerdos y respuestas para el conjunto de la población.

En democracia, ganar es construir una mayoría; gobernar es demostrar que esa mayoría puede convertirse en soluciones concretas para la sociedad.

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