Agosto 12, 2026 -HC-

Cómo me dueles, Bolivia… ¡cómo me dueles!


Miércoles 12 de Agosto de 2026, 10:30am




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Todo parecía que iba bien, demasiado bien, Bolivia viajaba con viento de cola, sus Reservas Internacionales Netas (RIN) llegaron a ser tan altas que al ponderar los más de 15.000 millones de dólares sobre el Producto Interno Bruto del país, tal proporción solo era comparable con la China y, todo, gracias a las exportaciones tan poco valoradas por algunos.

¿Sabía que entre 2006 y 2025 ingresaron a Bolivia unos 300.000 millones de dólares? Así fue: 177.000 millones por la exportación de gas, minerales y productos no tradicionales; 23.000 millones por remesas de los compatriotas en el exterior; unos 11.000 millones gracias al turismo receptivo y más de 18.000 millones de dólares por la exportación de servicios. Eran otros tiempos, cuando nadábamos en dólares, ya que a todo aquello se sumaron 10.000 millones de dólares de endeudamiento externo neto, así como los dólares negros derivados de la economía subterránea del narcotráfico y el contrabando que, como una exautoridad me dijera en su momento, “alguito, pues, ayudará”.

Fue el macrociclo de precios altos que vivió la economía mundial, lo que benefició a Bolivia para que capte ingentes cantidades de dólares y genere recurrentes superávits comerciales; el país viajaba con piloto automático y sin turbulencia alguna, llevando a los gobernantes -altamente ideologizados- a vivir de jolgorio en jolgorio, y a esmerarse en forjar un “Boliviano fuerte” frente a un deliberado “dólar debilucho” en el país, yendo a contramarcha de lo que sistemáticamente hace China para ser más competitiva.

Este golpe de suerte atribuible a la bonanza internacional hizo dar la impresión de que las cosas se hacían bien. Con el seguro ingreso de miles de millones de dólares anuales por la exportación de gas natural al Brasil y a la Argentina, negociada muchos años antes por los denostados “gobiernos neoliberales”, el Movimiento al Socialismo – MAS (2006-2019 y 2020-2025) se emborrachó con el rentismo, sin una visión correcta de cómo desarrollar al país y aminorar la pobreza de forma sostenida y sostenible, algo que exigía una mirada de largo plazo y el concurso del sector privado, lo que tristemente no ocurrió, porque ni el largo plazo estaba entre sus prioridades, como tampoco, el empresariado.

Su cortoplacismo y el deseo de reproducirse en el poder los llevó a equivocarse en su trato a la iniciativa privada y a desdeñar las reglas del mercado, lo que no estaba en sus planes, ya que de haber sido así, no se hubiera prohibido exportar, fijado cupos y restricciones a esta actividad generadora de divisas; tampoco, se hubiera impuesto “precios justos” para vender barato en el mercado interno, obligando al empresario a subsidiar sus productos, sin importar que ello provocara luego acaparamiento, ocultamiento y contrabando, favoreciendo tal negocio a unos pocos; asimismo, no se hubiera opuesto al uso de biotecnología en el agro, ya que de haberlo permitido, Bolivia hubiera captado 1.000 millones de dólares anuales adicionales por el incremento de la productividad, sin aumentar un solo m2 de área de siembra; tampoco se hubiera opuesto, en su momento, a negociar beneficiosos acuerdos comerciales con países de altísimo poder adquisitivo, como los del mayor bloque económico del mundo -la Unión Europea con 500 millones de consumidores- o la primera potencia mundial, Estados Unidos de América, con 350 millones; y, tampoco hubiera relegado al sector productivo privado, por causa del fallido protagonismo del Estado-empresario.

No, la mayor preocupación de los gobernantes de entonces era garantizar “pan y circo” a la población, principalmente a su electorado, en función de lo cual, no dudaron, en noviembre de 2011, en “congelar” el tipo de cambio en Bs6,96 alentando con un dólar barato a la subida de las importaciones legales y de contrabando, provocando un frenesí de compras -mientras el gasto de dólares por la importación de diésel y gasolina subía, porque la producción interna caía- todo, a costa del sacrificio de las RIN del Banco Central de Bolivia (BCB). A la par de la caída del ingreso de divisas por la exportación de gas natural, que se iba agotando porque las empresas petroleras “transnacionales” dejaron de explorar luego de la “nacionalización de los hidrocarburos” en 2006, el país tuvo que contratar deuda externa a un ritmo frenético para conseguir más divisas.

Pero ¿por qué toda esta historia? Para entender el porqué de la subida del dólar luego de la flexibilización del tipo de cambio desde el 29 de junio de 2026, y, también, para poner algunas cosas en su lugar: Qué triste es ver que, gente que participó entusiastamente del gobierno del MAS llevando al país a esta situación, critique ahora la urgencia de acudir al FMI por dólares para aliviar la crisis de Balanza de Pagos y enfrentar una inflación del 20% y una caída del PIB de casi el 2% que ellos mismos provocaron en 2025. De ahí que digo: “Cómo me dueles, Bolivia… ¡cómo me dueles!” (por la deshonestidad intelectual de algunos, que tanto daña).

(*) Economista y Magíster en Comercio Internacional

 

Santa Cruz, 12 de agosto de 2026