Julio 27, 2026 -HC-

Ejercer la libertad


Lunes 27 de Julio de 2026, 7:30am




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El precio de su libertad no tiene límites, ni chequeras y, al final del camino, podrá agradecerse por haber hecho uso de ella. De la libertad, no de la chequera. Eso y mucho más fue lo que tuvo que pagar Francisco Maldonado da Silva, allá en Lima, en el siglo XVII, perseguido, humillado, torturado y quemado por la Santa Inquisición, que le pedía que reniegue de su libertad hacia Dios, hacia los humanos.

Él no lo hizo y pagó con su vida esa osadía, vida que fue elevada hacia el cielo, tal como él mismo lo confiesa en el momento mismo en que empezaba a arder con las llamas de una “hoguera santa”: “Esto lo ha dispuesto así el Dios de Israel para verme cara a cara desde el cielo”, en  La gesta del marrano, de Marcos Aguinis. Alcanzó a Dios por su libertad, por ejercer, plenamente, su capacidad de ser libre. Libre de pensamiento, acción, convicción y compromiso.

Ser libre es mirar de frente, caminar mirando para adelante, no para el suelo; hablar con sinceridad; acercarse al otro con la plena predisposición de construir juntos caminos de encuentros y contradicciones dialécticas. Ser libre es elegir todos los días, aunque esa elección esté equivocada, o nos traiga algunas consecuencias. Ejerce su pleno derecho de acertar, errar, libre de algunas consideraciones o condicionamientos, pero, al fin y al cabo, toma opciones.

Lo peor no es inmiscuirse y quedarse con los brazos cruzados, echado panza arriba, pitando un cigarro, esperando que desde el cielo le caiga algún maná o una maleta llena de dinero, o llegue un hada madrina o un genio y lo saque del hueco en el que está metido, de la pobreza que lo carcome por dentro y por fuera, del problema en el que lo han involucrado, de la enfermedad que lleva consigo y que no la comunicó o de los sentimientos que lo envuelven por la mujer o el hombre deseado o amado.

Anímese, elija, rompa sus propios miedos, camine de frente, piense, láncese a las aventuras, celebre sus logros, sus pasos dados, llore sus errores, sus incertidumbres y verá que se sentirá pleno, porque será su propio yo. La esencia de su ser que se revela como es, se saca su máscara, por qué es, para qué es y quién es. Esa es la plenitud de la elección que hace por sí mismo y la máxima expresión de la libertad, que sienta que ha conquistado una victoria, su victoria.

Esa victoria que lo reanimará y lo hará pisar suelo, pero ahora con más firmeza, solidez y esperanza. El espíritu libre se gana el cielo y puede sortear el escabroso camino hacia el infierno. Esa libertad que lo golpea, lo eleva, lo alimenta y lo hace alejar lo máximo posible de la muerte y de la angustia. Esa libertad que le dice que es humano, bien humano, y con plenas capacidades para encaminarse hacia derroteros firmes y metas posibles, y no quedarse en el camino, amargado, decepcionado, frustrado, alejado. Nada de eso, compañero y compañera.

El pensar es un acto de libertad, es una opción, también el pensar es un acto de la experiencia. Pero esa dimensión no se la asume y no se entiende que el pensamiento nos abre las pautas para ejercer nuestra libertad de acción. El pensar con libertad tiene sus consecuencias, de ahí el temor que nace en cada persona y evita ingresar en trance y entrar en conflictos con sus compañeros de trabajo, sus amigos, parientes y conocidos. Hay consecuencias que se extienden de forma negativa en las actitudes y comportamientos individuales, los que, a su vez, afectan al conjunto de personas y al entorno laboral y social.

Esto provoca un ambiente de susceptibilidades que impulsa a las personas a desenvolverse ‒en cualquier escenario donde esté‒, con sumo cuidado, evitando ser libres, vivir amargados, con precaución, situación que llega a afectar, en el nivel de las relaciones productivas entre trabajador y empresa, en el campo sentimental entre hombre y mujer, en el plano social entre los gobernantes y gobernados.

En el plano filosófico, se trata del desgarramiento del hombre que no puede y no sabe ejercer su libertad. Que no sabe cómo utilizarla. De ahí que la tarea pendiente de todos quienes somos parte de este medio social, entre otras cosas, es emprender una praxis de libertad. Ejercer la libertad, practicarla diariamente, proyectarla como una forma de vida, inundarnos de sus potencialidades.

No tenerle ese miedo a la libertad, porque esta dimensión nos hace más humanos, no dioses ni bestias ni mitos.

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