Ha terminado el proceso electoral más extenuante de la historia democrática de Bolivia. Fueron más de dos años, en los que los bolivianos tuvimos que ser sometidos a peleas, seducciones políticas y promesas de todo tipo. Finalmente se cerró el ciclo, y gracias a Dios, tendríamos que decir.
Recordemos que, en nombre de las elecciones venideras, el entonces presidente Luis Arce Catacora decidió pelearse contra Evo Morales. Hemos sido víctimas de esa confrontación, porque ellos olvidaron al país para sumirse en una guerra fratricida. Luego, tras la posesión del actual Primer Mandatario, fuimos encerrados en otro periodo donde se tomaron importantes y necesarias decisiones económicas, pero, en general, todo el sistema político optó por el cálculo para ganar votos, para proyectarse en el poder o para conquistarlo.
Hoy tenemos gobernadores, alcaldes, asambleístas y concejales. Resultaron electos en un proceso complejo. Pero ese no es tema de esta columna. Hay que esperar que las nuevas autoridades sean posesionadas y que trabajen para hacer frente a las gigantescas tareas desde las alcaldías y gobernaciones.
Hoy el tiempo apremia y urge cambiar de página, en especial desde el Órgano Ejecutivo y el Legislativo. La crisis económica continúa, ya el FMI y el Banco Mundial dijeron que este 2026 será muy duro. El colapso institucional heredado es gigantesco y el Estado debe ser reconstruido. Otra tarea ineludible es colocar a Bolivia en el mapa internacional y aquello se logra con una política internacional sostenida e impulsada día a día. Ergo, las medidas urgentes que se implementaron deben ser reemplazadas por las estructurales y estratégicas.
Si hay un mensaje que emerge de las elecciones autonómicas es que se requieren de acuerdos para que Bolivia empiece a ver los cambios imperiosos para recuperar la economía, para transformar la educación, para mejorar el sistema de salud, para sacar a la justicia de su crisis terminal, para mejorar la calidad de vida de los bolivianos, en las ciudades y en el campo. Y esa tarea corresponde liderar al Ejecutivo. Urge generar acuerdos para concertar y contar con las leyes necesarias. La Vicepresidencia del Estado no es ni será el eslabón para el acuerdo. Más bien es el factor de la disputa y del show.
El cuarto mes del año está a un paso de expirar. El gobierno de Paz está a muy poquito de cumplir su primer semestre de gestión. Y aún no se ha iniciado el debate de ninguna de las leyes estratégicas. Entonces, como lo había dicho el propio Primer Mandatario antes del 22 de marzo, su administración necesita un impulso. No se trata de si este gobierno será de transición o de si será el inicio de un nuevo periodo. El asunto es menos cosmético: El país no puede esperar más.
El Presidente Paz ha demostrado que es un excelente comunicador y tiene talento para construir acuerdos, como lo tuvo su padre. Su liderazgo puede construir el ambiente necesario para la concertación en la Asamblea Legislativa, como para contener la presión social y regional que han empezado a manifestarse.
Estamos contra el tiempo. Y con seguridad los dirigentes políticos están conscientes de aquello. Ahora es obvio que habrá algunos líderes que esperan el desastre para erigirse como los salvadores. Pero, el país ya sabe quiénes son ellos. Entonces, el camino sólo es uno: emprender los cambios a la brevedad y sin frenos.
Un argumento más, ahora que estamos saliendo de las elecciones subnacionales, un debate del 50/50 terminará solo en frustración si buscamos una redistribuición de los escasos recursos que hoy cuenta el país, cuando podemos ser una potencia en diferentes campos. No perdamos tiempo. Las decisiones oportunas, necesarias e inclusivas tendrán respaldo del país.
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