Marzo 07, 2026 -HC-

A 4.100 metros, el organismo alteño late y respira diferente

En El Alto las personas desarrollan una fisiología diferente. Médicos explican cómo la hipoxia modifica el corazón, los pulmones y la sangre.


Viernes 6 de Marzo de 2026, 6:30pm




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6 de marzo (María Belén Salas-El Compadre).- El corazón late distinto en El Alto, pero no solo por emoción ni esfuerzo, sino por adaptación. A más de 4.100 metros sobre el nivel del mar, el aire es más liviano y el oxígeno escasea. Allí, donde la mayoría sentiría mareo o fatiga, más de un millón de personas desarrollaron un gen que modificó su forma de respirar, bombear sangre y resistir. “Tenemos que ser muy diferentes a otros, ¿no? Eso no es extraño, porque cada región es muy distinta a otra, pero seguramente somos muy especiales”, afirma el médico y docente de la Universidad Mayor de San Andrés, Ricardo Amaru.

Amaru es un estudioso consumado. Y desde hace un tiempo se ha preguntado qué es lo que hace que las personas que viven a ese nivel de altura no tienen problemas como el resto. Y ha encontrado una respuesta científica: Vivir en ciudades como El Alto tiene ventajas y desventajas.

En ciudades como El Alto, la población vive en medio de “hipoxia hipobárica”, es decir con menos oxígeno y menor presión atmosférica por lo que el cuerpo de los alteños desarrolló adaptaciones que, según el cardiólogo Oscar Alave, todavía están en proceso de investigación.

“Cada región del mundo se va habituando a vivir ya sea en la altura o en los valles o en la Amazonia”, sostiene Amaru, y explica que no se trata solo de una adaptación fisiológica momentánea, sino de cambios que, con los años, se inscriben en la información genética. “El ADN se va adaptando a ese ambiente de vida. Cada población del mundo tiene una información muy particular”, añadió.

VENTAJAS Y DESVENTAJAS

Entre los posibles beneficios, Amaru menciona una menor incidencia de ciertos tipos de cáncer. Uno ya confirmado es la escasa incidencia a leucemia promielocítica, y el médico no descarta que existan otros. Además, la hipoxia podría tener un efecto protector frente a algunas enfermedades cardiovasculares.

Por su parte, Alave, quien trabaja en el Hospital Boliviano Holandés, señaló que las cifras de infarto en El Alto son notablemente bajas. “Tengo dos infartos al mes, que eso es nada en comparación de Santa Cruz, o un hospital X tienen como 50 o más infartos”, afirmó. En el occidente del país; es decir, en la altura; la incidencia de cardiopatía isquémica es considerablemente menor.

Sin embargo, no todo es ventaja. La principal desventaja identificada es la poliglobulia. “Lo más simple del organismo es aumentar el glóbulo rojo. Puede aumentar muchísimo. Eso es perjudicial y lo tienen el 5 o 6% de los alteños”, advierte Amaru. Si no se trata, puede provocar embolias o trombosis. “Puede ser mortal, imagínese un joven de 45 años que de pronto tiene una embolia y deja de caminar. Es un problema social”, alerta.

También hay una incidencia elevada de hipertensión pulmonar en la altura. No obstante, Alave aclara que vivir en El Alto no implica necesariamente un mayor riesgo de hipertensión arterial sistémica.

Con respecto al desarrollo físico, el cardiólogo confirma que está científicamente comprobado que en climas cálidos y a nivel del mar las personas se desarrollan más rápido. En la altura, en cambio, “hay un retardo en el crecimiento, en el desarrollo de la pubertad”.

ADAPTACIONES DEL CORAZÓN

Desde la cardiología, uno de los cambios más llamativos ocurre en la aurícula derecha. A nivel del mar, su presión oscila entre 3 y 5 milímetros de mercurio. En ciudades situadas a 4.100 o 4.300 metros, esa presión puede elevarse a 10 o 15 milímetros de mercurio.

Lo que en otras regiones sería considerado patológico, en El Alto es fisiológico. “Es algo normal en la altura”, explica Alave. Estos datos han sido evidenciados mediante ecocardiogramas y electrocardiogramas.

Las modificaciones no se limitan al sistema cardiovascular. También alcanzan al sistema pulmonar, al renal e incluso al gastrointestinal. “Como somos un ser integrado, pues hemos desarrollado adaptaciones múltiples”, puntualiza el especialista.

A MÁS GLÓBULOS ROJOS, MAYOR RESISTENCIA

En ciudades como El Alto, el oxígeno disponible ronda por el 18%, frente al 21% del nivel del mar. Para compensar, el cuerpo activa una “eritrocitosis secundaria compensadora” que produce más glóbulos rojos para transportar mejor el oxígeno. “Esto no es patológico, esto es secundario al proceso de que no tienes oxígeno”, explica Alave.

Este fenómeno suele asociarse con una mayor resistencia física de las personas. Sin embargo, el cardiólogo advierte que en atletas de alto rendimiento la fisiología es distinta y responde a procesos más complejos de entrenamiento y adaptación.

La atleta boliviana Jhoselyn Camarco lo vive en carne propia. Explica que entrenar en la altura le permite ganar más glóbulos rojos y que cuando bajan al nivel del mar el cambio es evidente. “Nos sentimos más rápidos, nos sentimos más ligeros y aprovechamos. Es como que acá podemos tener un parcial en 30 minutos y allá podríamos hacerlo en 27”, relató.

La sensación de velocidad aumenta, pero la recuperación en la altura es más lenta y exige más descanso. El clima seco y la hipoxia influyen directamente en la carga semanal de entrenamiento. Mientras en El Alto puede alcanzar entre 150 y 180 kilómetros por semana, en zonas cálidas podría subir hasta 220 o 240. “Porque la recuperación es más rápida allá”, detalló.

Así, la altura ofrece una ventaja hematológica que muchos deportistas buscan, aunque no todos se atreven a enfrentarla. Según Camarco, muchos atletas sudamericanos “le temen a la altura” y solo entrenan hasta los 2.000 o 2.400 metros. “No existen suficientes estudios que orienten a entrenadores sobre cómo planificar a 3.700 o 4.000 metros”, explicó.

El cuerpo necesita entre dos y tres semanas para adaptarse plenamente, y muchos campamentos duran apenas un mes, lo que dificulta completar el proceso.

Vivir en El Alto no es solo soportar el frío o el viento del altiplano. Es desarrollar una fisiología diferente, un corazón que trabaja con otras presiones y pulmones que rinden con menos oxígeno.