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30 de agosto (Urgentebo).- “El suelo ardía, no podíamos caminar”. Comenzó así su relato Sergio Ortube, un bombero voluntario, parte del Grupo Especial de Operaciones y Salvamento (GEOS) que estuvo por cinco días en la Chiquitania en las tareas de mitigación del fuego que consumió miles de hectáreas.
El joven contó que tuvo que pagar de su propio bolsillo el pasaje para llegar a la zona afectada. Relató al portal Urgentebo los momentos críticos que le tocó vivir, desde sofocar pastizales en llamas e incluso ayudar animales que luchaban por sobrevivir. Su trabajo no fue fácil, ya que incluso las altas temperaturas no ayudaron mucho en su trabajo.
“El agua con tanta calor se evaporaba cuando echábamos, lo mejor era realizar un trabajo manual”, aseguró Ortube en declaraciones a este medio digital. Y pues, es lo que se hizo manifesto. Desde que llegó notó que la labor sería muy complicada al ver a sus colegas de Jujuy Argentina, que no podían conseguir un litro de gasolina o de diésel para su camión cisterna. Contó que fueron ellos, los miembros de GEOS que tuvieron que ayudarlos a pagar el el hospedaje de los argentinos.
Indicó que ya el segundo día la misión era ingresar a un terreno desconocido, la localidad de San Rafael de Velasco, donde el fuego consumió varias hectáreas de selva. Ahí y junto con los jujeños desde las 07.00 comenzaba a prepararse para ingresar bosque adentro. Los recorridos que hacia junto a los argentinos para apagar los incendios eran interminables que incluso las cuadrillas llegaron a perderse.
“En el lugar no se podía ni respirar, teníamos que mojarnos para seguir avanzando, los pies se te queman, el suelo esta tan caliente que no puedes seguir caminando, pero nos dábamos modos”, relató, y es que, cada día que ingresaban el terreno era diferente.
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Aseguró que el tiempo pasaba tan rápido que mientras apagaban un sinestro ya eran las 14.00. Solo paraban para consumir alimento seco y después comenzar otra vez apagar las llamas. El factor climático les jugaba en contra al ser un terreno totalmente seco siempre había el temor del rebrote.
El bombero voluntario aseguró que la mejor manera para apagar los focos de calor era usando tierra, hachas forestales, rastrillos y otros objetos.
“Pero, para algunos sectores debíamos usar agua. Se debe clasificar y saber administrar el líquido elemento, cada persona del grupo maneja una herramienta, cada miembro se encarga de algo. Por ejemplo: uno abría camino con machete, otro abre las brechas y otros se encargaban de la cortar los troncos para que no sigan ardiendo, así trabajábamos”, señaló.
Otro día, cuenta que le tocó llegar a un lugar donde todo era de color negro y el terreno cubierto de cenizas.
“Los troncos eran negros y algunos seguían ardiendo, no había nada de vida cerca, los animales escaparon del lugar. Mientras apagábamos los incendios, nos encontrábamos con víboras, estos reptiles, estaban desorientados”, lamentó.
El aliento.
Cansado y hasta a veces escaldado, Sergio con gran fuerza de voluntad trató siempre de continuar su complicada labor. A veces, cuenta el bombero, le llegaba la idea de tirar la toalla, pero no pudo, el aliento de la gente era lo que le daba fuerza para seguir luchando contra el fuego en San Rafael de Velasco.
“Cuando llegábamos alguna localidad nos invitaban almuerzo, alguna comidita, algún refresco, nos recibían muy bien. La gente con la que nos topamos es muy cariñosa y nos han colaborado de los mejor”, añadió Ortube.
Él ahora está en La Paz y calcula que junto a los 21 bomberos de Jujuy y el GEOS apagó por lo menos 100 hectáreas de bosque.
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