Son tan desagradables como las originales del dibujo animado creado por Paul Terry en 1956. Viven de la mala leche. Son clasemedieras, antimasistas, poseídas por esa incurable enfermedad del alma convertida en coartada, útil para tapar la improvisación del nuevo tiempo, el papelón, la incongruencia, las corruptelas de tamaños varios, todo sea porque no vuelva el MAS al poder y para que eso no suceda ahora resulta que el gran problema del gobierno de Paz Pereira había sido que contaba en su staff con asesores masistas o ex masistas que en realidad nunca fueron masistas, y siempre se autoproclamaron consultores sin membrete, no mercenarios por favor, ombligomaniacos, rosqueros, perdonavidas y dice que sinceros de corazón por nunca haber quedado escondidos en un closet.
Las urracas parlanchinas quisieran que el presidente fuera Samuel. Por algo será que una de ellas se nutre de publicitar hamburguesas. En el peor de los casos estarían en disposición de aceptar que el presidente fuera Tuto, ahora que comprueban tardiamente que la diferencia de los ex ministros del padre del Presidente, Presidente, Presidente, son escandalosamente notorias con este Presidente al cubo que anuncia sin gallos a medianoche, la segunda eliminación de de la subvención, en este caso del diésel.
Parece faltar muy poco para que el gobierno terminé siendo embutido en el nicho de los zombis masistas, después de que el primer mandatario declarara entre líneas que no tiene problemas con que la administración pública sea mayoritariamente masista cosa que también es falsa, porque los burócratas, son en términos generales, invariablemente militantes de sus puestos de trabajo y de sus familias, y si alguna vez tuvieron que acudir a concentraciones azules, lo hacían por disciplina funcionaria y de ninguna manera por disciplina partidaria.
Tico lleva casi siempre una americana que le queda grande. Tuco quiere ser enfático, casi histriónico y se ha convencido que su tono rotundo avala la seriedad de sus sentencias, incluso cuando alguna vez entrevistara a su profe de ciencias políticas al que le chupó las medias de una manera que probablemente provocó sonrojos incluso ente sus cercanos. Eso le pasa por creerse entrevistador cuando en realidad no es otra cosa que politólogo de título.
Tico y Tuco son las urracas parlanchinas, Tico la emprende contra Wálter Chávez y Tuco, más astuto, no se mete en el barro y sólo aplaude. El primero sigue con esa que se le ha hecho obsesión persecutoria antimasista, desde tiempos en que se convirtiera en ayudante mediático del Ministro Presidente, Arturo Murillo, el que le soplaba al oído lo que tenía que decir a la Presidenta decorativa que por estos días no quiere oír hablar del que le pasaba los chanchullos y manejaba la represión gubernamental del impresentable gobierno de facto 2019 – 2020.
Algún colega preocupado temía la llegada de un malón altamente organizado que coparía medios de comunicación, una vez autoderrotado el masismo en todas sus formas, desprendimientos y rompimientos. Temía que llegara a arrasar. Le dije que no se preocupara, que este grupete se hizo muy machote respaldado por milicos y pacos durante el régimen de Áñez, que había que considerarlo incapaz de hacer algo serio, es decir, incompetente para concebir algo más imaginativo y fundamentado que su antimasismo pedestre.
Tico y Tuco son dos que podrían ser todos los pertenecientes al conservadurismo supremacista y discriminador. Se declaran independientes, pero sobre todo antimasistas, lo que termina caracterizándolos como militantes dependientes del antimasismo, financiados por agencias del norte imperial. Hacen seguimiento de incidentes, carecen de programa periodístico estructural muy a tono con la característica central del gobierno boliviano que se maneja por episodios inconexos con preanuncios de campaña: Hay otras formas creativas de conseguir dinero que no pasen por acudir al FMI, para terminar acudiendo a la poco creativa manera de aceptar las condiciones de mil novecientos millones de dólares prestados por el FMI, sin chistar, sin siquiera ensayar un gesto teatral de por lo menos, “revisemos este párrafo”.
La patria se merece a Tico y Tuco. Han hecho los méritos suficientes para instalar el tedio y el lugar común. Le pegan al gobierno hasta hace poco fogoneado por un tal Cerimedo, pero serían capaces de defenderlo de manera intempestiva si la urgencia dictara que se trata de cerrar filas contra el masismo, ese monstruo con el que desvarían todos los días de sus aburridas estancias en este globo agobiado por exceso de odio.
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