Mayo 13, 2026 -HC-

Sepulcros blanqueados: cuando se traiciona la inocencia en nombre de la fe


Viernes 3 de Abril de 2026, 8:15am




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En épocas de reflexión profunda, como las que transitamos en Semana Santa, se hace evidente que la gran mayoría de nuestra población manifiesta su fe a través de religiones que, aunque diversas, comparten un núcleo ético común. Independientemente de los dogmas, la mayor parte de las personas creyentes coincidimos en seguir las enseñanzas y huellas de un Maestro llamado Jesús, quien fue tajante al advertir que para entrar en el "reino de los cielos" debemos recuperar el espíritu y la mente inocente que tienen las niñas y los niños. Este no es solo un mandato místico; es un imperativo de cuidado y protección que guía nuestra conducta pública y privada.

Hoy, dos milenios después de su legado, la gran mayoría nos esforzamos por cumplir este encargo, traduciéndolo en lo que modernamente conocemos como la protección de los derechos humanos de la niñez. Internacionalmente, al ratificar la Convención sobre los Derechos del Niño, asumimos que son niñas y niños todas las personas menores de 18 años. Nacionalmente, bajo el Código Niña, Niño y Adolescente, reconocemos como adolescentes a quienes se encuentran entre los 14 y 18 años. Enmarcados en estas y otras normativas, como el Código Penal, asumimos, como miembros del Estado Boliviano, la responsabilidad ineludible de proteger su dignidad, integridad y vida.

A pesar de este compromiso, los datos del Ministerio Público reflejan una dolorosa realidad: 10 denuncias diarias de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes. Frente a ello, desde hace tres años, miles de ciudadanos e instituciones de la sociedad civil apoyamos expectantes el Proyecto de Ley N°10 Brisa. Sabemos que esta norma es vital para tipificar la violación sexual incestuosa, eliminar la figura del estupro —para que sea juzgada directamente como lo que es: violación—, garantizar la imprescriptibilidad del delito y rechazar cualquier posibilidad de "consentimiento" en relaciones coitales cuando se trata de menores de edad.

Este Proyecto de Ley fue aprobado en la Cámara de Senadores la gestión pasada y hoy se encuentra en la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados para su optimización. Sin embargo, el pasado 1 de abril, mientras líderes de diversas iglesias, representantes de organizaciones y activistas acompañábamos el proceso, presenciamos atónitos el surgimiento de voces aisladas, autodenominadas representantes de la fe, que se manifestaron en contra de esta Ley.

Superada la sorpresa inicial, quienes nos encontrábamos en la Asamblea Legislativa convergimos en un análisis de honestidad espiritual y coincidimos en que la gran mayoría de los creyentes, sin importar su denominación, no se siente identificada con quienes usan la religión para fines personales o para obstaculizar la justicia. En ese momento, nos preguntamos: ¿Qué diría el Maestro Jesucristo frente a este hecho?

Al observar esas voces que, bajo fines inexplicables, intentan evitar la tipificación de la violación incestuosa o mantener la figura del estupro, no pudimos sino recordar el profundo amor que manifestó el Maestro por la vida de la niñez; su sabiduría al hablar de la inocencia que debemos proteger; y su airada denuncia contra los "sepulcros blanqueados": aquellos que por fuera lucen hermosos y piadosos, pero por dentro están llenos de inmundicia.

La neurociencia actual le da la razón a esa mirada. Hoy sabemos que la corteza prefrontal de una persona menor de 18 años no tiene la madurez biológica para "consentir" una relación de pareja con una persona adulta que puede utilizar su asimetría de poder, experiencia y engaño. Intentar justificar acciones de seducción asimétrica bajo el nombre de "enamoramiento" es una perversión del mensaje de amor y una traición a la integridad que el Maestro mandó proteger.

El Maestro, que sanaba heridas de años y devolvía la dignidad a los olvidados, ¿hubiera aceptado que el Estado le ponga "fecha de vencimiento" al dolor de una víctima? No. Hoy, la ciencia del trauma evidencia que el dolor de la violencia sexual se archiva en estructuras cerebrales ajenas al tiempo cronológico. Negar la imprescriptibilidad es condenar a la niñez al olvido institucional, un acto que dista mucho de la compasión evangélica.

No es necesario ser creyente para actuar con lógica de protección y guía; pero para quien tiene fe, es imposible amar a Dios, a quien no ve, si no protege la dignidad y vida de las niñas y niños que sí ve, especialmente cuando sufren la traición de quienes deberían cuidarles.

"Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz". Que la Ley N°10 Brisa sea esa luz que nuestra niñez merece.

Marynés Salazar Gutiérrez Ph. D. (Investigadora, educadora, filósofa, política, forense, sexóloga y psicóloga / Directora de Psinergia / Docente UCB, UMSA, UPEA / Yt. Fb. TikTok: Psinergia Bolivia / Consultas al 69786000)

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