Para la periodista Patricia Cusicanqui, su historia está marcada por una mujer que sostuvo su hogar desde el trabajo, el amor y el sacrificio. Su madre crió a seis hijos mientras realizaba labores domésticas, jornadas laborales y una atención que se expresaba más con acciones que con palabras.
Patricia, comunicadora y exjefa de Bolivia Verifica, construyó una maternidad desde una realidad diferente con sus dos hijos. Al igual que su madre, estuvo atravesada por exigencias laborales, la búsqueda de mejores oportunidades y el esfuerzo de entregar amor a sus hijos mientras cumplía con sus responsabilidades.
Cuando recuerda su infancia no señala dificultades económicas ni sacrificios. Lo primero que menciona es la felicidad que habitaba en su hogar. A pesar de tener dos cuartos para ocho personas, la alegría de compartir las noches con sus hermanos, entre risas al borde del llanto, le dejó recuerdos de extrema felicidad.
“Yo tuve una infancia muy feliz. Éramos seis hermanos y lo que recuerdo es una mamá presente en mi primera infancia. Luego comenzó a trabajar; hacía a veces de mamá y de ama de casa. Sentíamos su ausencia por momentos, pero mis hermanos llenaban mucho ese espacio. Mi hermana mayor era prácticamente nuestra mamá, estaba pendiente de todo y nos cuidaba muchísimo”, relata.
Patricia reconoce que su madre representaba a una generación de mujeres que debía responder a diferentes roles al mismo tiempo: ser madre, esposa, ama de casa y proveedora. Recuerda que la maternidad se expresaba de otra manera.
“Antes había una forma diferente de ser mamá. El esfuerzo estaba puesto en que no falte alimentación, que las tareas estén hechas y que la casa funcione. Mi mamá era amorosa, pero tenía tantos hijos y ocupaciones que el amor se demostraba de diferente manera. Tengo recuerdos muy lindos de ella: cuando yo despertaba, ella ya no estaba, pero la leche ya estaba lista al lado de mi cama”, señala.
La familia vivía con recursos limitados. Sus padres habían migrado desde Viacha y priorizaron la educación de sus hijos, por lo que no había espacio para gastos innecesarios y los lujos eran poco frecuentes.
“Mi mamá y mi papá siempre nos decían que la herencia que nos iban a dejar era el estudio y la formación profesional. Ellos hicieron un enorme sacrificio. Nos pusieron en colegio privado y todo el esfuerzo estaba destinado a la educación y la alimentación”. Patricia siente un enorme agradecimiento con sus padres.
Con el tiempo, ella construyó una vida distinta. Tuvo una familia más pequeña, con dos hijos, y mayores posibilidades materiales. Pudo ofrecer mejores estudios, viajes y comodidades que ella no tuvo. Eso sí, siempre hizo el mayor esfuerzo para replicar a su manera esos días felices.
///


