Julio 20, 2026 -HC-

¡Lo acusaron de robar, pero era pobre!


Domingo 19 de Julio de 2026, 8:15pm




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Cuántas veces hemos escuchado justificar los actos de una persona que es sorprendida robando simplemente porque vive en condición de pobreza. Pareciera que la pobreza habilitará a delinquir, como si ser pobre otorgará un permiso especial para tomar aquello que no le pertenece.

Frente a esta idea errónea, es importante asumir una postura clara. Robar está mal, y punto. El robo no puede convertirse en un acto éticamente aceptable dependiendo de la situación económica de quien lo cometa.

Si no mantenemos una posición firme sobre este principio, corremos el riesgo de transmitir un mensaje equivocado a niños y jóvenes, quienes podrían llegar a pensar que robar puede ser un acto aceptable cuando quien lo hace vive en condiciones de carencia material.

De ahí que el mensaje que debemos procurar transmitir en los hogares, las escuelas y cualquier otro espacio formativo sea que el respeto absoluto por la propiedad ajena constituye un principio que no admite excepciones.

Hace muchos años leí una cita de Bahá'u'lláh que me impactó profundamente. Él afirmaba que, aun cuando estuviéramos muriendo de hambre, no deberíamos extender nuestras manos para apropiarnos ilegalmente de la propiedad de otra persona.

Reflexiones como esta podrían compartirse con niños y jóvenes, tanto en el hogar como en la escuela, porque ayudan, sin duda, a formar una idea clara acerca de la honradez. Enseñan que el respeto por la propiedad ajena y la honestidad absoluta son una manifestación del carácter de una persona, independientemente de las circunstancias que le toque vivir.

Ahora bien, esta reflexión no significa desconocer el drama de la pobreza material. Millones de personas alrededor del mundo viven en condiciones extremadamente difíciles y esa realidad exige de todos nosotros una solidaridad genuina. También constituye un llamado a los gobiernos para generar, con urgencia, más oportunidades de educación, empleo y desarrollo para quienes menos tienen. La pobreza merece ser enfrentada con justicia, compasión y acciones concretas, nunca con indiferencia. Esta también es una reflexión que no debería faltar en conversaciones con los niños.

Otra idea que deseo compartir en esta columna está inspirada en el nombre de un encuentro realizado hace algunos días en Santiago de Chile, denominado "La pobreza, mucho más que no tener". No participé en el evento; sin embargo, esa poderosa expresión me llevó a reflexionar las  distintas formas de pobreza. Está la pobreza material, que priva a las personas de bienes indispensables para vivir con dignidad, pero también existe la pobreza moral, que empobrece el carácter y debilita la conciencia.

Una sociedad puede superar muchas carencias económicas, pero difícilmente prosperará si pierde el respeto por la verdad, la honradez, la responsabilidad y la justicia. Por eso, tan importante como combatir la pobreza material es formar personas ricas en virtudes.

Cierro diciendo que nuestra mayor aspiración debería ser personas ricas en solidaridad, excelencia, gratitud, generosidad y honradez.

 

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