Abril 13, 2026 -HC-

La paternidad que nació de la fe


Martes 17 de Marzo de 2026, 9:45am




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La Biblia hace breve referencia sobre él, pero su figura es muy significativa para la fe de la Iglesia que se traduce en la religiosidad popular y la espiritualidad de muchos creyentes.

José es conocido como el padre adoptivo de Jesús; los evangelios lo presentan como prometido y luego esposo de María. Descendiente de la familia del rey David y de oficio carpintero.

El evangelio de Mateo señala que José era un hombre justo, lo que implica que también era respetuoso de la ley judía. ¿Qué habrá pasado por su mente al enterarse de que su prometida esperaba un hijo que no era suyo? Los evangelios no describen directamente sus sentimientos, pero permiten inferir cómo pudo haberse sentido al descubrir que María estaba embarazada. Inicialmente, decide abandonarla en secreto, sin exponer públicamente su supuesta falta ante la comunidad.

Hasta este momento, el proceder de este hombre justo podría interpretarse como un gesto de compasión hacia una mujer que, aparentemente, había cometido una grave falta según las leyes judías de la época. Sin embargo, la intervención del ángel le ordena actuar de manera contraria a lo que había pensado: tomar consigo a su esposa y asumir la paternidad del niño.

José es obediente y escucha con atención, actuando con rapidez. Estas acciones lo convierten, junto a María, en los primeros depositarios del misterio de Dios; es decir, en los custodios de algo valioso que deben cuidar y preservar: Jesús.

La paternidad de José, como esposo de María, proporciona todo lo necesario para el bienestar de su familia, tal como debería hacer todo padre. Pero su compromiso no se basa únicamente en la obediencia, sino, sobre todo, en el amor. Sin amor, esta paternidad se reduciría a una simple función biológica, que no necesariamente implica cuidado, educación ni dedicación.

Los evangelios evidencian expresamente la paternidad de José y lo refieren con hechos concretos y de una manera muy real. José, en el ejercicio de su autoridad, impuso el nombre de Jesús, que le fue revelado en el sueño. Los exégetas señalan que la costumbre de los judíos, en la época de Jesús, era dar al cabeza de familia la misión de ponerle nombre a su hijo.

Cada vez que Dios quiso comunicarle algo, por medio del ángel, fue a José, como padre, a quien acudió para llevar a cabo la nueva misión encomendada: “Un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: ‘Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto, donde permanecerás, hasta que yo te avise’” (Mt. 2, 13); “Un ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: ‘Levántate, toma contigo al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que buscaban la vida del niño’” (Mt. 2, 19-21). Cuando Jesús fue encontrado en el templo junto a los doctores de la ley, fue la misma María quien le da a José el nombre de padre: “Hijo, ¿por qué has hecho así con nosotros? Tu padre y yo, te estábamos buscando con angustia” (Lc. 2, 48).

Así, la paternidad de José no se define por el acto biológico de engendrar, sino por los momentos significativos de crianza y educación, y por las múltiples circunstancias en las que ejerció su función de padre. Aunque no fue padre en el sentido físico, lo fue en el sentido más profundo y completo del término, desempeñando su rol con dedicación ejemplar durante toda la infancia y adolescencia de Jesús.

En definitiva, la figura de José se presenta como un modelo silencioso, pero profundamente elocuente de fe, obediencia y amor. Su grandeza no radica en palabras ni protagonismos, sino en la fidelidad con la que acogió el plan de Dios y en la responsabilidad con la que asumió la misión de cuidar y educar a Jesús. En él se revela que la verdadera paternidad no se mide solamente por los lazos de sangre, sino por la entrega, el compromiso y el amor con que se protege y guía la vida de los hijos. Por eso, San José sigue siendo para la Iglesia y para los creyentes de todos los tiempos un ejemplo luminoso de confianza en Dios y de servicio humilde a la familia y a la vida.

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