Si revisamos la historia vamos a constatar que, en el período prehispánico, en la colonia española y en la época republicana, el territorio de la actual Tarija fue escenario de conflictos limítrofes y de guerras sangrientas entre pueblos y naciones que invadieron y reclamaron como suyos estos territorios. Sin embargo, estos mismos pueblos no pudieron revalidar y consolidar su derecho propietario sobre estas tierras. Veamos por qué.
Los incas, procedentes del Perú, llegaron a la región de Tarija entre 1470 y 1480, conquistaron e invadieron estas tierras y las incorporaron al Tahuantinsuyo. Los incas desarticularon las relaciones interétnicas alcanzadas por los pueblos originarios y trataron de imponer su cultura, su idioma y sus costumbres a churumatas, moyos moyos y tomatas que ya se hallaban ocupando la región antes de la llegada de los ejércitos quechuas.
Paralelamente a la presencia inca, llegaron los chiriguanos procedentes del Chaco. Los chiriguanos nunca reconocieron a los quechuas como legítimos dueños de estas tierras y les declararon una guerra por el dominio de la región. Los incas tuvieron que trasladar indígenas mitimaes para defender sus límites ante el avance de los chiriguanos y los reubicaron en fortalezas allí emplazadas. Tarija se convirtió en frontera inca y en zona de guerra.
Las motivaciones para apoderarse de estas tierras eran dispares, mientras los incas estaban interesados en los recursos naturales, especialmente en el oro de Tarija; los chiriguanos, en cambio, buscaban la “tierra sin mal”, una tierra paradisiaca que la situaban en el distante oeste, en donde, según una leyenda, prosperaba la opulencia de recursos naturales y humanos y cuya ecología permitía la felicidad completa con eterna juventud incluida.
La llegada de los españoles a Sudamérica en el año 1532 ocasionó la caída del imperio incaico y consecuentemente la fisonomía multiétnica de los valles tarijeños se modificó notablemente. El relativo equilibrio interétnico alcanzado entre las diferentes poblaciones autóctonas que cohabitaron la región, se derrumbó y ocurrió un abandono de las ocupaciones incas en la frontera de Tarija y un “vaciamiento” poblacional en todo el valle central.
Churumatas y moyos moyos fueron sacados contra su voluntad de su tierra natal, fueron llevados por los incas a diferentes lugares de su vasto imperio de donde nunca más retornaron y desaparecieron del mapa étnico de los Andes. Una vez destruido el Imperio Inca, los chiriguanos no tuvieron ningún impedimento para invadir el valle de Tarija y someter a los “pacíficos” tomatas que fueron los únicos que se quedaron en la región.
Los chiriguanos no solo frenaron la expansión incaica, sino que fueron una barrera hostil que frenó la expansión española. Entre 1539 y 1564 el proceso de expansión este-sur quedó truncado por los chiriguanos, que frenaron el avance colonial, expulsando a los exploradores e impidiendo la fundación de pueblos hispanos. Entre 1564 y 1574, la región se presenta como zona de conflicto de frontera. Tarija se convirtió en frontera chiriguanae.
Bajo la presión fronteriza de los chiriguanos, el capitán español Luis de Fuentes y Vargas, en 1574 fundó un pueblo en territorio de absoluto dominio chiriguanae. La villa de San Bernardo de la frontera de Tarixa se convirtió en la frontera sur de la Real Audiencia de Charcas. El objetivo de los ibéricos era abrir una nueva ruta hacia Buenos Aires y reducir a los chiriguanos a fin de cristianizarlos e incorporarlos a la civilización occidental.
Los españoles llevaron a cabo varias incursiones militares hacia el Chaco con el fin de someter a los aborígenes. Los chiriguanos, por su parte, intentaron reconquistar el territorio de Tarija e invadieron con feroces ataques a la villa de San Bernardo. La guerra entre españoles y chiriguanos se prolongó toda la época colonial. Recién en 1892, en la batalla de Kuruyuki, el ejército boliviano logró vencer a los indomables chiriguanos.
Durante la Guerra de la Independencia (1809-1824), Tarija fue escenario de violentos enfrentamientos entre las fuerzas realistas y las tropas revolucionarias. La extensa región comprendida entre el sur del Alto Perú y el norte argentino se convirtió en un sangriento campo de batalla donde, los guerrilleros chapacos participaron activamente en varias batallas a lado de los ejércitos libertarios en una guerra que duró alrededor de 15 años.
El argumento de los congresistas bolivianos era que no se había zanjado la “Cuestión de Tarija”. Argentina reclamaba la devolución de Tarija porque desde 1807, había pasado a pertenecer al Obispado de Salta. El Libertador Bolívar instruyó al Mariscal Sucre atender el pedido de la delegación argentina que llegó a Chuquisaca y zanjar la “Cuestión de Tarija”. Bolívar no quería tener conflictos limítrofes con la Argentina y menos con San Martín.
El Mariscal de Ayacucho desoyó la orden del Libertador Bolívar y más bien con la aprobación del Congreso boliviano, en 1826, se aceptó la decisión soberana de los tarijeños, de pertenecer a la naciente república sudamericana y renunciar a ser parte de la Argentina. Un desafortunado suceso amoroso del General Carlos María Alvear que presidía la delegación argentina, terminó abruptamente, con el reclamo argentino.
Entre 1836 y 1839, Tarija pasó a formar parte de la Confederación Perú-boliviana, un efímero proyecto geopolítico liderado por el Mariscal Andrés de Santa Cruz. La Argentina reclamó el territorio tarijeño como suyo e invadió Tarija con el fin de recuperarla por las armas. Las acciones bélicas se libraron tanto en suelo argentino como en el territorio tarijeño. La victoria Perú-boliviana consolidó la pertenencia de Tarija como territorio boliviano.
Entre 1932 y 1935 se produjo la Guerra del Chaco, un conflicto bélico entre Bolivia y el Paraguay en el que murieron unos 50.000 soldados bolivianos y cerca de 30.000 paraguayos. La línea de combate fue la frontera de Tarija con el Paraguay. Al final de la guerra, se firmó un armisticio y el tratado definitivo de 1935 otorgó a Paraguay la mayor parte del Chaco Boreal. Recién en 2023 se concluyó el trazo total de la frontera internacional entre ambos países.
Conclusión: Tarija fue zona de conflictos y de guerras porque era línea de frontera y una especie de tierra de nadie, en donde incas, chiriguanos, españoles, argentinos y paraguayos, cada uno en su momento, reclamaron como suyo este territorio. Sin embargo, ninguno de estos pueblos pudo consolidar su derecho propietario sobre Tarija, debido a que ignoraron que estas tierras ya tenían un legítimo dueño: los pueblos originarios.
Los chapacos, descendientes directos de los verdaderos dueños de estas tierras, en 1826 decidieron hacer uso de un derecho fundamental: la auto determinación de los pueblos. Hace 200 años tomaron una decisión trascendental: pertenecer a la República de Bolivia. ¿Por qué lo hicieron?, ¿Fue una decisión libre y voluntaria? ¿Qué les motivó para pertenecer a la flamante nación sudamericana? Son preguntas que ameritan otro análisis.
(Texto: Ramiro F. Rodríguez Ibáñez)
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