Julio 20, 2026 -HC-

La épica de la derrota


Lunes 20 de Julio de 2026, 7:00am




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El fútbol no es propiedad de los pudientes en condiciones de pagar entradas de 8, 10, 12 mil dólares para ver un partido. Menos de los poderosos del palco donde la FIFA se ha confirmado como la embajadora de los negocios del espectáculo y el tiempo libre de la Casa Blanca, del aparato MAGA-Epstein. Si, felizmente el fútbol no es de Infantino, ni del hombre naranja. Ellos gerentan su costado más codicioso, a veces pulverizando sus códigos inviolables, violando sus históricos rituales, pero su esencia nunca dejará de estar en las calles y en las plazas de los encuentros y de los abrazos.

El fútbol de las copas del mundo se hizo elitista y excluyente en las graderías de esos estadios pensados para el Super Bowl, y por ello, la televisión se ha confirmado como la ventana que permite la participación popular a través de multitudinarias manifestaciones que impusieron los banderazos albicelestes con olor a pueblo y potrero.

La FIFA podrá organizar torneos ninguneando a los que menos tienen, podrá inventar nuevas pausas en cada partido para seguirle abriendo rendijas mediáticas a la publicidad que no deja de hinchar sus cuentas, pero el fútbol será siempre patrimonio de los pueblos tal como lo están demostrando en las calles argentinas, todos quienes decidieron que  a estas alturas, a pesar de su evolución tecno oligárquica mercantil, la sensibilidad futbolera ha decidido poner por encima el juego, todos los juegos de su selección acumulados en estos ocho últimos años y que resulta menos importante haber caído en la final contra una España portentosa en propuesta colectiva, caracterizada por una calidad marca Barcelona Fútbol Club, con las matrices instaladas por la conexión neerlandesa-catalana, el nexo Johan Cruyff-Pep Guardiola.

Ha sido tan extraordinario el proceso encabezado por Lionel Scaloni y su cuerpo técnico, que hoy Argentina ha resignificado su caída en una épica de la derrota, esa en la que se ponen por encima los valores del compromiso y el talento, en reconocimiento agradecido a ese equipo que supo extremarse con jugadores rotos por lesiones que se recuperaron a medias, y que a pesar de las adversidades en gran parte de sus actuaciones, jamás levantaron la bandera de la rendición, dejando en la cancha hasta la última gota de extenuación.

Argentinas y argentinos salen a las calles y dicen que está con su selección también en las malas, y con esta conducta de muchedumbre agradecida nos informa que desde Buenos Aires hasta Malvinas, en el Río de la Plata, el fútbol se vive con una pasión repleta de expresividad.

Ese país en el que prevalecía el exitismo –cuando ganas eres Dios, cuando pierdes ya no me acuerdo de ti—es hoy el país que expresa su adhesión emocional a un colectivo humano de excepción.

Alguna vez Diego Maradona dijo que Scaloni no podía dirigir ni el tráfico y a esta afirmación se sumaron varios showmans del periodismo deportivo bonaerense que lo destrozaban porque era un desconocido sin experiencia y que con él a la cabeza, el fracaso estaba garantizado. Lionel, tocayo de Messi para más datos, jamás contestó, siempre rehuyó la controversia, pasó por alto el prejuzgamiento y la sentencia, demostrando con cada partido, con cada rendimiento de excelencia, con cada triunfo, que no le parecía importante entrar en el barro de una polémica sin sentido. Esos mismos que lo masacraban con sus sentencias de cámara y micrófonos, esos oportunistas que nunca faltan, dicen hoy que el clamor popular se manifestará para que el oriundo de Pujato, Santa Fe, no deje la conducción de la albiceleste.

En tan inusual contexto de final de Copa del Mundo, en todos los años futboleros de esta vida periodística, jamás había visto en una previa en la que los seleccionadores finalistas se deshicieran en elogios el uno sobre el otro. Es excepcional y enaltecedor que en un ámbito de rivalidad, la narrativa previa al partido haya pasado por hablar bien del adversario, por destacar sus cualidades, su espíritu competitivo y esto nos remite a los orígenes en los que el espíritu amateur sigue siendo esencial, que no hay nada que pueda extinguirlo.

Y qué decir de todos estos años de Messi que no se haya dicho:. Simplemente que, respaldado por la conducción de la Scaloneta, regresa a la Argentina para que su selección, ahora subcampeona del Mundial 2026, termine recibiendo el tributo de la gente como si se tratara del campeón de toda la vida y con él mismo como el más grande futbolista de toda la historia. 

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