Septiembre 28, 2026 -HC-

La educación moral: la llave para el cambio


Lunes 28 de Septiembre de 2026, 7:15am






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En una época en que el mundo, en general, está viviendo una crisis en distintos frentes. Una época en que los conflictos bélicos en el mundo están en aumento. Una época en que muchos liderazgos, en distintos puntos del globo, no solo dan señales de una crisis de valores, sino que manifiestan una desconexión con el pueblo porque, en el fondo, no buscan servir a la comunidad, sino servirse de ella.

Ante este escenario sombrío, no cabe duda de que todos estamos deseando una solución rápida y definitiva, pese a nuestro evidente desgaste y pesimismo respecto de la humanidad.

Tal vez debamos pensar en aquello que transforme el corazón, la mente y las acciones de las personas; en aquello que podría dar una esperanza real y sostenible al mundo.

Mi apuesta es la educación. No aquella educación cuyo fin es la acumulación de conocimientos e información, que forme a individuos sin un propósito trascendental. De hecho, esa educación, de alguna manera, ya ha dado evidencias suficientes de que no es una contribución para ese mundo, sino que, más bien, ha contribuido a que estemos justo donde estamos.

Necesitamos una educación capaz de sacar a la luz lo más noble que hay en el interior de cada niño, de cada niña y de cada joven que hoy se está formando en nuestros hogares y en las escuelas, y que mañana ocupará distintos espacios en la sociedad, aportando desde su propia y única particularidad.

Al escuchar y ver lo que pasa en Bolivia, no hay manera de evitar pensar en lo lejos que nuestros liderazgos están de esa visión. La educación moral es un área que no representa una prioridad y, por lo mismo, está lejos de ser impulsada por nuestras autoridades.

Hay que ser realistas. Pero también hay que evitar perder toda esperanza.

¿Entonces qué hacer?

Tal vez sea en estos espacios donde podemos motivar a padres y madres a jugar un rol activo y determinante en la formación de sus hijos, pues la educación moral comienza mucho antes de las aulas.

Comienza en el hogar, en la dinámica familiar, en la manera en que tratamos a los demás, en las conversaciones que tenemos y en la forma en que los padres se convierten en un ejemplo de vida.

Comienza también en la forma en que, amorosamente, los padres ayudan a sus hijos a desarrollar una espiritualidad sana y a descubrir que ellos mismos pueden ser actores y agentes transformadores de la sociedad en la que viven.

Quizás hemos puesto demasiado énfasis en enseñar a nuestros hijos cómo llegar lejos y muy poco en enseñarles a encontrar el verdadero propósito de la vida.

Este es un tema que ya he abordado. Sin embargo, siento que nunca es demasiado. Hay que seguir hablando, escribiendo, leyendo y reflexionando sobre la educación moral para que, finalmente, podamos entender que no es una fórmula más para el cambio, sino una de las claves fundamentales para lograrlo.

Porque, al final, el cambio que tanto buscamos afuera probablemente tenga que comenzar mucho antes: en el corazón, en la conciencia y en la formación moral de cada persona.

Quizás ahí esté la verdadera llave para el cambio.

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