Septiembre dejó una inflación de 0,85%, pero debajo del promedio hubo bastante movimiento. El tomate se convirtió en el nuevo artículo de lujo nacional: subió 38,12% y aportó 0,23 puntos al IPC; también empujaron la papa (+8,82%), las gaseosas (+3,75%) y el transporte público (+2,21%). En sentido contrario apareció una inesperada ayuda con plumas: el pollo cayó 19,21% y restó nada menos que 0,50 puntos a la inflación.
Territorialmente, Sucre se llevó la medalla inflacionaria con 2,26%, seguida de Potosí (1,88%), Cobija (1,42%) y Tarija (1,40%).
Pero cuidado con declarar victoria: todavía no hemos visto toda la película del diéselazo; apenas están pasando los avances de la peli de terror. Transporte ya subió 1,20%, pero el aumento del diésel se transmite con rezagos: primero golpea al surtidor, luego al flete de camión, después a los costos empresariales y finalmente aterriza en la papa, el pan, los materiales y casi todo lo que viaja sobre cuatro ruedas.
Así que el 0,85% no demuestra que el diéselazo fue inocuo: el pollo nos prestó una anestesia estadística mientras la factura del combustible todavía viene en camino. Octubre y noviembre nos sacudirá.
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