Ciudad del Ekeko (24 de enero).- En una esquina del ring estaban los Romantiturros: Sombra, Nano, Juli, Alex, Muma y CrisPolo estaban hipercalientes. Con su fachita urbana, outfits oversized tres tallas más grandes de lo necesario, tatuajes estratégicamente visibles y joyas que brillaban más que las luces del escenario. A simple vista podían parecer chorritos reformados por el amor, pero bastaba que sonrían para que señoras, señoritas y una que otra cholita pierdan la compostura.
En la otra esquina estaba Cumbia en la Sangre, liderados por el legendario Casildito, él y sus compinches no saben caminar; solo se deslizan con ritmo por el escenario. Ellos no cantan, sangran cumbia. Son famosos por lanzarse desde la tarima al público sin previo aviso y provocar avalanchas de amor.
Entre el público se encontraba Ramón y sus Calanchitos, o, mejor dicho, sus Calanchitos sin Ramón, porque “el jefe se quedó atrás con unas copitas de más”. También fueron al espectáculo todos los integrantes de La Furia De Mi Amor, mirando la tarima con rabia, nostalgia y un poquito de rencor dirigido a CrisPolo, porque antes fue uno de ellos.
Antes del inicio de la batalla, el Tata Biz masajeaba los hombros de los Turros como si estuviera preparando gallos de pelea: “Vamos hijitas, luego de esto tenemos cuatro presentaciones más. Así que entren con todo y sáquenles la mugre” dijo el cumbiero con mucho sabor, ajustándoles la cadena. Al otro lado, Yuyu, creador de Cumbia en la Sangre, hacía lo mismo: “hijitas, si quieren cobrar el sueldo completo este mes, será mejor que ganen”, dijo y luego apuntó su mirada al Tata.
Suena la campana e inicia el drama
Sonó la clásica campana de pelea, ¡Din Din! y arrancó la guerra. Los Romantiturros entraron con su tradicional pasito del “¡TOMA!” de su hit Chica Vacilona, el público gritaba, grababa, lloraba y mandaba audios a sus ex. Fieles a su estilo, los de Cumbia en la Sangre sacaron sus celulares, abrieron TikTok y empezaron a tirar hate en tiempo real: “sin autotune no son nada”, “devuélvete a La Furia, traidor”, comentaron.
La pelea por Las fanáticas
Las fanáticas de los Turros entraron en histeria colectiva durante su presentación: “¡Sombra mírame!”, “¡Nano, estoy ovulando!”, “¡CrisPolo, perdóname por dudar!”, gritaban. Una señora exclamó a Juli: “¡ese es mi yerno!”.
Del otro lado, las fans de Cumbia en la Sangre defendían con uñas, gritos y estados de WhatsApp: “Eso sí es música, no esos choquitos con tatus”, “Casildito canta con el alma, no con TikTok”.
Si las Turrofans gritaban, las de Cumbia en la Sangre directamente entraron en modo defensa nacional. No pedían selfies, exigían respeto. “¡Eso sí es música pues, hijita!”, gritó una señora. “¡Casildito no canta, CASILDlTO SIENTE!”, exclamó otra, mientras grababa para el club de fans “Casildo Patrimonio Nacional”.
Mientras Casildito, desde la tarima, no necesitó coreografías ni tatuajes, le bastó abrir la boca. Cada nota venía con historia y despecho, sus fans no bailaban, resistían. Tanto los Romantiturros como Cumbia en la Sangre sacaron la artillería pesada, tocaron todos hitazos que sonaron durante todo el año en TikTok.
Las fans, que fueron únicas ganadoras porque vieron a sus cumbieros sin camisas, defendieron a su grupo como se defiende un anticucho a las tres de la mañana después de una farra.
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