Entre las 17.00 y las 17.30 de aquel jueves, un grupo de paramilitares irrumpió en la casa 730 de la calle Harrington en el barrio de Sopocachi. Hace 42 años, aquel 15 de enero, como efecto de la acción de un infiltrado en la resistencia del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), los mercenarios al servicio de la dictadura de Luis García Meza eliminaron a ocho hombres eliminaron a ocho políticos de izquierda que, desde la clandestinidad, peleaban por el retorno de la democracia.
Luis Suárez Guzmán, Arcil Menacho Loayza, José Reyes Carvajal, Ramiro Velasco Arce, Artemio Camargo Crespo, Ricardo Navarro Mogro, Jorge Baldivieso Menacho y Gonzalo Barrón Rendón fueron eliminados la tarde de ese jueves. Estaban reunidos analizando las medidas económicas que el Dictador había adoptado, cuando la cita llegaba a su fin en el pequeño departamento fueron atacados por los paramilitares. Solo Gloria Ardaya se salvó de la masacre de la calle Harrington.
Urgente.bo entrevistó a Elizabeth Reyes, hija de José Reyes y jefa de Unidad Nacional, para hablar de aquellos hechos, de cómo los vivió ella y su familia y el legado que los mártires de la democracia dejaron para el país.
José Reyes nació en agosto de 1940 en Padilla, Chuquisaca. Fue asesinado a sus 40 años.
Era oficial de Policía y abogado de la UMSA. Combatió en Laikakota contra el golpe del 21 de agosto de 1971, meses después fue apresado y exiliado
Este domingo se conmemora los 42 años desde la masacre de la calle Harrington, ¿cómo fue ese día?
Nuestra difícil situación en la dictadura empieza mucho antes… Mi padre había sido ya exiliado durante siete años por el gobierno de Banzer, había retornado a Bolivia en cuanto se hizo la pequeña apertura democrática y seguía en la vida política. Entonces vino el golpe de García Meza (julio de 1980) y unos meses después mi papá nos saca a Venezuela, por el miedo de que había una persecución muy difícil y él quería que estemos fuera por seguridad. Nos fuimos en octubre del 80 a Venezuela, mi hermana, yo y mi mamá. Vivíamos en la misión católica de habla alemana, en calidad de refugiados. Yo recuerdo que siempre en las mañanas dejaban el periódico afuera y yo lo recogía, y lo leía porque siempre me ha gustado leer mucho.
Una noche antes ya había visto el rostro nervioso de mi mamá, porque unas personas vinieron a hablarle, no sabía qué había pasado. Al día siguiente, salgo a recoger el periódico y lo primero que veo en El Universal de Venezuela es una nota que decía: “En Bolivia son asesinados dirigentes políticos”. Yo ni siquiera leí y ya sentí que era mi padre.
Porque en realidad yo me despedí de él, sabía que mi padre era parte de la resistencia, sentí qué había pasado con él. Entonces, cuando ya entré (a mi casa) yo ya vi todo, ahí ya tenía la seguridad de qué había pasado… Fue la forma más terrible de ver, de saber, porque nunca lo vi, no lo acompañé.
Hablando con mis familiares, mis tíos, los hermanos de mi mamá que nos comentaban que ni siquiera pudieron ir al entierro, porque había paramilitares. Era una situación terrible. Los de la Dictadura habían declarado que planeaban un operativo contra Arce Gómez, y que hubo un enfrentamiento. Sin embargo, claro que no hubo ningún enfrentamiento.
Recuerdo a mi padre el día de la despedida, mi padre estaba en la clandestinidad y antes de irme a Venezuela, nos llevaron a una casa y se despidió de nosotros, nos habló mucho de nuestra vida, yo creo que ellos sabían que si algo pasaba no iban a sobrevivir. Se despidió de nosotros, nos hizo prometer prepararnos y estudiar.
Después de unos meses, cuando hubo ya el gobierno de transición (con el gobierno de Guido Vildoso) y cayó la dictadura volvimos, solamente fui a verlo ya enterrado en el Cementerio General, separados. Unos meses después cuando retorna la democracia se hace un mausoleo que es un homenaje a ellos. Ha sido muy difícil y traumático.
Desde el momento en que son asesinados los mártires de la Harrington empieza una huelga general en el país. El país se levanta y a partir de eso el gobierno no puede resistir esto. La dictadura no resiste y vuelve la democracia. Es un momento de quiebre en la historia nacional, donde jóvenes brillantes, jóvenes de gran futuro, entregan su vida por su causa. El mayor homenaje a ellos es estar siempre firmes en la defensa de los derechos políticos u civiles de la población.
En este momento yo lamento, como hija de un mártir, que después de 40 años estemos otra vez los bolivianos en incertidumbre, en la preocupación por la vulneración de derechos por el abuso, por que tengamos cerca de 200 presos políticos, hoy en día cuando deberíamos tener una democracia completamente consolidada.
¿Cómo recuerda a su padre?
Mi padre era un joven chuquisaqueño que era deportista muy destacado boliviano, voleibolista. Era policía y abogado. Era un hombre que desde que ejercía como abogado siempre tenía la intención, las ganas de la lucha por la igualdad, por la equidad, por poder dar oportunidades de una vida en democracia. Es uno de los fundadores del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) y es desde ahí que abraza la ideología social demócrata que lo acompañó durante el resto de su vida.
Ellos definen que estar en democracia es buscar la transformación del país. Se encuentran defendiendo el derecho de todos (…) Era un hombre muy ordenado, muy organizado, muy firme, que tenía muy claros sus ideales. Su vida era la política. Nosotros para poderlo ver teníamos que ir donde él estaba en reuniones. Para poderlo ver a mi padre siempre estábamos en la silla política, mientras él estaba en la oficina del MIR nosotros estábamos afuera sentadas, había hijos de otros políticos también a los que yo conocí durante esta época, los hijos de Jaime Paz… Los hijos de los hombres y mujeres que lucharon por la democracia.
Mi padre era un hambre alto, de un cuerpo macizo, buen deportista, muy consecuente y, por su carrera policial, era muy organizado, muy firme en lo que hacía. Con nosotros era un hombre feliz, gentil, nos hablaba mucho, nos permitía abrir mucho la mente, dejábamos que nosotros razonemos en cuanto a la situación. Compartimos mucho menos que lo que la mayoría de los padres e hijas comparten, porque pasamos muchos años exiliados. Mi recuerdo de él es de un hombre que me enseñó que los ideales son lo más importante, finalmente, lo que uno deja es lo que ha hecho por su patria, por su familia y por sus ideales.
Esto la ha inspirado también a seguir su camino político, ¿cuáles son los ideales que usted mantiene ahora?
Creo que algo que siempre me ha llamado la atención cuando yo estaba en las reuniones de mi padre, era que había muchas mujeres en esa lucha. Eso me inspiró también a ser parte de las organizaciones de mujeres, a sumarme y ser parte de una nueva propuesta política. Firme en que todos somos iguales ante la ley, además, un adicional, la forma de hacerme un espacio como mujer dentro de la política.
Me esforcé mucho tanto en el partido como el sistema político (…) Los valores que me acompañan son el deber democrático con el que me he criado, he vivido y he sufrido. Por supuesto, también, en mi condición de mujer el hecho de que la participación de las mujeres es fundamental en la vida de un Estado.
Lo acaecido en 1981 tuvo un significado en la historia, la recuperación de la democracia, pero ¿qué hubiera pasado si la masacre de la calle Harrington no hubiera tenido lugar? ¿Cuál es el impacto que ha tenido este evento en nuestra historia?
Se ha lamentado y siempre se lamenta la pérdida de ocho jóvenes que tenían un gran futuro político, que pertenecían a un grupo de jóvenes que seguramente si no hubieran tenido este destino, hubieran aportado de forma muy importante. Fue una gran pérdida para el país, para la democracia boliviana, pero finalmente, su sangre ha servido para que todos los bolivianos se unan entrono a valorar el sacrificio de estos jóvenes y que en base a eso podamos cuidar la democracia.
Creo que su sangre nos ha unido en torno a proteger, cuidar la democracia, valorar el terrible costo que ha tenido. Representan lo terrible que puede ser los gobiernos y sus acciones autoritarias que vulneran derechos. Quienes los conocían saben que hemos perdido a grandes personas que hubieran dado mucho en lo que significa cada una de sus acciones. Su legado que tenemos, estando a más de 40 años, es que recordemos que la democracia es algo que se cuida, que hay que protegerla, que hay que acompañarla, que hay que fortalecerla.
En este momento que recorda mos la masacre, ¿qué opina de la democracia en nuestro país?
Sin duda alguna, estamos en un momento en el que hemos retrocedido en el respeto y en el compromiso con los derechos civiles y políticos de los bolivianos. Tenemos una justicia altamente cooptada por la clase política, se ha usado la justicia como una herramienta de persecución. Tenemos un gobierno que secuestra autoridades, los encarcela bajo figuras jurídicas que no tienen una razón, donde no se respeta el debido proceso. No se respeta el derecho y la posibilidad que tienen los bolivianos a expresarse.
Estamos en una situación de incertidumbre y retroceso de derechos civiles y políticos por un ejercicio autoritario, por la violencia y el abuso ejercido por el gobierno nacional. Estamos en un difícil momento, a 42 años de la masacre de la calle Harrington, mucho más cuando tenemos a la población en las calles y tenemos departamentos que se sienten amenazados.
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