Marzo 19, 2026 -HC-

Elecciones indescifrables


Martes 17 de Marzo de 2026, 3:00pm




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A pocos días de la jornada electoral autonómica, lo único cierto es la poca claridad sobre sus resultados, sus protagonistas y su sentido político. En gran parte del país, la mayoría de candidatos siguen siendo unos ilustres desconocidos, en otras la confusión de siglas y corrientes es la norma y lo más común es encontrarse con votantes poco interesados en campañas que no dicen mucho.

Salvo un milagro, el panorama, al día siguiente de la votación, será de una gran fragmentación, un alto porcentaje de votos nulos o blancos y una gobernabilidad difícil en la mayoría de alcaldías y gobernaciones. Estos comicios, como las presidenciales, no parecen inaugurar nada potente ni fundacional, básicamente solo certificarán la muerte de un viejo orden y evidenciarán el gran vacío político al cual tenemos que ir adaptándonos.

Justamente, por eso mismo, resulta extraño que cierta discusión pública se concentre en ese objeto no identificado que es el “50/50”, que cada quien entiende cómo le da la gana más de allá del deseo genérico de que los gobiernos autónomos manejen más recursos. Sinceramente, no se percibe aún ningún proyecto descentralizador que combina ambición y concreción entre candidatos y funcionarios gubernamentales, hay apenas deseos, demagogia y mucho humo.

Sin embargo, lo que está en juego el próximo domingo no es menor ni anecdótico. Con malos o pésimos candidatos, los resultados implicarán una reconfiguración relevante del poder territorial. Aunque algunos desdeñan a los mundos no metropolitanos, la verdad es que la presencia territorial del poder es crucial en un país donde casi toda la riqueza se produce en minas, cuencas hidrocarburíferas y explotaciones agrícolas a lo largo de una inmensa geografía y que ha tenido graves problemas históricos de articulación entre mercados y espacios regionales.

Por otra parte, el censo nos ha mostrado que ha emergido un país de grandes conurbaciones urbano-rurales, con redes de localidades intermedias cada vez más pobladas, todo lo cual exacerba los problemas de transporte, gestión de basura, seguridad, ordenamiento urbanístico y prestación de servicios sociales en espacios cada vez más extendidos y donde concurren diversos niveles de gobierno.

Muy poco de eso está en discusión, pero, al final, los elegidos del próximo domingo tendrán que administrarlo como puedan. Por tanto, ciertamente será importante ver quien ganó en las diez grandes ciudades o en las nueve gobernaciones, pero no se deberá soslayar lo que pasará en los cientos de municipios de las conurbaciones y zonas rurales del país.

Uno de los aspectos menos resaltados de la gobernabilidad hegemónica masista fue su control casi total sobre el territorio gracias a sus victorias locales y a una red de 240 alcaldías sobre las 334 que componen el país. Esa fuerza estaba complementada por un control casi total de las asambleas legislativas departamentales en casi todo el país salvo en Santa Cruz. Ese escenario es el que ya no existirá más, sin que tengamos mucha idea de lo que viene por delante.

Por lo pronto, la campaña autonómica 2026 puede calificarse como confusa y poco interesante en la mayor parte del país. En la única encuesta publicada con la que contamos lo resaltante era que se podían contar con las manos de los dedos los candidatos a gobernadores o alcaldes de grandes ciudades de los departamentos del eje con más de un 30% de conocimiento. Es decir, la gran mayoría de los pretendientes eran nomás ilustres desconocidos.

Si a ese nivel de desconocimiento se le agrega una ensalada de más de una decena colorinche de partidos, movimientos y grupos de amigos en las boletas electorales, se entiende la indiferencia y la desconexión de la ciudadanía. Salvo quizás en Santa Cruz o en algún otro lugar, por razones muy particulares, esta fue una campaña para el olvido, con muchas personas recién informándose en esta semana y viendo si vale la pena votar por alguien. 

Tampoco los clivajes políticos nacionales ayudan a señalizar la decisión electoral. Por mucho tiempo, el masismo y al anti-masismo ayudaban a la gente a posicionarse. Hoy, tras la implosión del viejo partido azul, eso tampoco ayuda mucho, ni a los que votaron desde hace años por ese partido, ni a los que sistemáticamente lo hacían en su contra.

Por otra parte, tampoco el nuevo oficialismo entusiasma, hay apoyo moderado a la gestión de Paz Pereira, pero escaso vinculo con las estructuras políticas que lo sostienen. A lo que se agrega, el clima de malestar que se ha instalado por el quilombo de la gasolina basura y los billetes que nadie acepta. Seamos sinceros, poca gente está con un gran ánimo, la luna de miel se acabó. Lo más probable es que no haya ni voto castigo, ni entusiasmo electoral por el oficialismo. La consecuencia es que el Presidente es un actor poco influyente en este juego salvo quizás en Tarija.

Este extraño clima electoral dificulta cualquier pronostico. Pueden pasar cosas extrañas, porque la gente decidirá su voto a último momento y porque una gran cantidad terminará votando blanco o nulo espantada ante una sábana de siglas colorinches y fotos de gente que no conoce. Un porcentaje de votos no validos de más del 15%, hará más fácil que fuerzas pequeñas o que controlan alguna clientela o segmento electoral tengan oportunidades.

Por eso, en varios departamentos, muchos candidatos podrían pasar a la segunda vuelta de las gobernaciones con 15% o 20% del voto con definiciones por unos pocos votos, o en algunos lugares bastaría con 30-35% de votos sobre el total de emitidos para ganar “cómodamente” en primera vuelta, no por la masividad de esas votaciones sino porque un montón de gente decidió no elegir y de esa manera facilitó victorias con pocos votos válidos.

Y en las alcaldías tendremos seguramente muchos alcaldes electos con muy bajos porcentajes, alrededor del 20%, ya que en esos casos gana el que tenga un voto más, pero con concejos municipales con cuatro o más partidos. Es decir, saldrán endiablados escenarios de gobernabilidad local.

En esas condiciones, tienen ventaja aquellos que tienen algún aparato político regional moderadamente instalado, como Leonardo Loza en Cochabamba, Camacho en Santa Cruz, Revilla o Patzi en La Paz, pues será muy difícil que algún outsider con menos del 20% de conocimiento pueda ser competitivo en unas pocas semanas de campaña, salvo que sean fenómenos mediáticos excepcionales como parece que es el caso de Otto Ritter en Santa Cruz. Es decir, otra vez se votará, en gran parte del país, por el menos peor o al que más o menos se lo ubica, sin gran entusiasmo ni ilusión, como ya les pasó a los actuales gobernantes nacionales.

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