Junio 16, 2024 [G]:

El 'tratado de la Hermandad' que Melgarejo firmó con Chile, la antesala de la Guerra del Pacífico

Nadie recibe la guerra con los brazos abiertos, al menos no alguien sabio; pero, todos terminamos encontrándola de alguna manera u otra. La Guerra del Pacífico, desarrollada entre 1879 y 1884, trae consigo una serie de aristas históricas que parecen haber sido ocultas como conchas bajo la arena por la marea del tiempo.


Miércoles 22 de Marzo de 2023, 1:15pm






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22 de marzo (Nicole Saavedra, Urgente.bo).- La realidad que se desarrolló en aquel lejano siglo XIX es difusa y complicada de entender si solo nos enfrascamos en una versión limitada. Mañana se recuerda otro aniversario de la batalla de Calama, donde el boliviano Eduardo Avaroa ofrendó su vida, junto a la de otros civiles, en defensa del territorio nacional. El conflicto terminó, como sabemos, a favor del invasor chileno, que desde mucho antes de la guerra del Pacífico movió sus fichas geoestratégicas. Antes de Hilarión Daza, hubo un presidente que marcó el rumbo de la historia con sus decisiones adversas a los intereses nacionales: Mariano Melgarejo.

Melgarejo y su llegada al poder 12

Es común para muchos tomar a este personaje y la Guerra del pacífico como eventos separados en la línea histórica; sin embargo, en este mundo, otros hechos pueden ocasionar un efecto dominó impresionante. Ese es el caso de Mariano Melgarejo, nacido en Tarata, Cochabamba, en 1820; un hombre del cual su vida siempre giró en torno al ámbito militar. Conocido ya por los abusos cometidos contra la población indígena, en este artículo se mostrará el papel que jugó sobre lo que luego fue el conflicto marítimo.

En 1850 ya tenía el grado de capitán, y para 1862 fue ascendido a general del Ejército boliviano por el presidente José María Achá. Dos años después empezó a correr el rumor de que Melgarejo era amante de la esposa del Presidente, por este desprestigio, la salud del mandatario fue afectada severamente. En diciembre de 1864, aprovechando la debilidad de Achá, Melgarejo organiza un golpe de Estado y toma la Presidencia a los 44 años de edad.

Tras su independencia, los países de América del Sur trabajaban por establecer sus fronteras guiados por los antecedentes de la Colonia. Pero las fronteras trazadas en los documentos coloniales eran imprecisas y a veces contradictorias y los territorios desconocidos. Entonces, a partir de mediados del siglo XIX, la búsqueda de oportunidades económicas en los hasta entonces territorios desconocidos provocó disputas territoriales entre varios países sudamericanos, entre ellos Bolivia, Perú y Chile.

El inicio de la “hermandad”

Antes de que Melgarejo llegue al poder, Rafael Bustillo, canciller de Bolivia, envió una nota a Santiago por la ocupación de Chile en Mejillones. En una reunión llamada por las autoridades bolivianas para tratar este hecho, el 3 de junio de 1863 se firma la ley que ordenaba de manera secreta al Poder Ejecutivo a buscar la alianza con el Perú, a obtener un empréstito en Europa y a reforzar el ejército boliviano. El Presidente era José María Achá.

Dos días después, el 5 de junio de 1863, el congreso autoriza al Poder Ejecutivo a declarar la guerra a Chile si se agotaban los medios diplomáticos de conciliación. Es necesario ahondar en este punto, Bolivia quería recuperar su territorio de cualquier forma, menos con la guerra. No se tenían los recursos bélicos, económicos y humanos para este tipo de conflicto. Es por eso que el país manda a sus mejores negociadores a Chile, Perú y Europa para buscar otras opciones.

Por ejemplo, a Chile se dirigió el abogado potosino Tomás Frías, al cual Roberto Querejazu describe en su libro “Aclaraciones históricas sobre la Guerra del Pacífico” en 1995: “Con él, el General Achá y su canciller, don Rafael Bustillo, enviaban a Santiago un genuino hombre de paz, un honesto portador de ramas de olivo”.

La tensión aumentaba, se avecinaba una guerra, pero esta no sería por mano boliviana, sino por los intereses de un antiguo rival. España llegó a las costas del Pacífico en “una misión científica”, pero, de acuerdo a Querejazu, no era más que otro intento de intromisión por parte del viejo continente. Aquí reluce el nombre de Melgarejo, quien, después de derrocar al General Achá, bajo la idea del “americanismo” pone a Bolivia del lado de la alianza chilena.

El Tratado de 1866, una muestra de ingenuidad y descuido

Ni el 14 de febrero ni el 23 de marzo lo son, si se debe definir un punto sin retorno a la Guerra del Pacífico. No, más bien es el Tratado de 1866 firmado por el secretario General del Gobierno de Melgarejo, Manuel Donato Muñoz. Después de una “hermandad” generada por la alianza en la guerra de 1865, las autoridades bolivianas dejaron los temas limítrofes “para después”.

Foto: Manuel Donato Muñoz junto con Aniceto Vergara Albano el 18 de marzo de 1866. La fotografía se encuentra en la Biblioteca Nacional Digital de Chile.

El mencionado tratado de la hermandad “define que entre el paralelo 23 y el 25 era una zona que podían explotar tanto los chilenos y las empresas bolivianas (…) Melgarejo quería realmente practicar la hermandad latinoamericana”, explica el historiador y especialista en el tema del Litoral, Milton Lérida.

Esta postura se apoya en lo expuesto también por Querejazu: “El Gobierno de Bolivia cedería al de Chile la mitad de todo lo que recibiera como renta fiscal por impuestos cobrados a los explotadores de esos productos. (…) Como toda riqueza en covaderas, salitre y minerales quedaba en la parte boliviana (grado 23 y 24) y nada se había descubierto, ni se descubrió después, en la parte chilena (grado 24 y 25), lo que en realidad ofreció fue partir solamente bienes bolivianos”.

El autor Querejazu menciona sobre este pacto: “El tratado del 66, que todos creyeron que había instaurado el reinado de la armonía y la solidaridad entre las dos repúblicas, apartando lo del guano, resultó más bien fuente de malos entendidos susceptibilidades y mutuos reproches”. A pesar de la diferencia temporal, Lérida apoya esta posición: “El Tratado de 1866 es un hecho de ingenuidad, pero no solamente de Melgarejo y sus ministros, sino de casi todos los bolivianos (…) La ingenuidad del gobierno, en complicidad de una gran parte del pueblo, de los militares, terminó en este Tratado que entregó prácticamente el Litoral”.

Así, aunque la historia se centre en la invasión chilena y la recuperación de una salida soberana al mar, es imprescindible analizar la antesala de la Guerra del Pacífico, donde se definieron los principales ejes de la batalla. Más allá del guano o el salitre, los intereses económicos y políticos, Lérida asegura que el país continúa en una situación similar a la de 1866, llena de ingenuidad, con poco conocimiento y, lo peor de todo, prestando atención a este tema solamente en una fecha, el 23 de marzo.

El tratado firmado en el gobierno de Melgarejo obligaba a ambos países a compartir por partes iguales los ingresos provenientes de impuestos a la explotación de metales extraídos desde la llamada "zona de mutuos beneficios" que comprendía la región entre los paralelos 23°S y 25°S.

Ya al comienzo de la década de 1870, las relaciones entre Chile y Bolivia se pusieron tensas porque ambos países no se pusieron de acuerdo en la forma de cobrar, controlar y transferir a Chile la parte de los impuestos cobrados por Bolivia en la zona de beneficios mutuos. Se sumaban otros desacuerdos como el caso de la mina de plata de Caracoles, que estaba en territorio boliviano, y sobre cuyos recursos no se supo qué hacer.

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