La ciudad que sufre discursos de odio
Tras la tragedia aérea, las críticas en distintos espacios derivaron en estigmatización y racismo contra esta urbe.
Arquitectos, músicos, actores… El Alto tiene cultura, arte e identidad que cuenta historia y elimina estigmas.
Viernes 6 de Marzo de 2026, 10:45am
6 de marzo (María Belén Salas-El Compadre).-En El Alto, el arte es memoria, es identidad y, sobre todo, es responsabilidad. Así lo expresan distintos artistas alteños, quienes reflexionan no solo sobre sus trayectorias personales, sino sobre lo que el arte y la cultura significan en una ciudad tan joven, que carga historia y estigmas y que apuesta a una presencia más influyente en el país.
Contra el prejuicio de muchos, El Alto es una ciudad con profunda identidad cultural. Sus exponentes contribuyen con creaciones que emergen como una captura de la realidad o como un acto de protesta ante el estado de las cosas o una celebración por cómo se vive en esta ciudad. Pero también son síntomas de su gente que busca modernidad y se conecta con la tecnología.
Eso es lo que se puede percibir de exponentes del arte como el dramaturgo Freddy Chipana, el arquitecto Freddy Mamani, el músico Iván Mamani, el actor de cine Juan Carlos Aduviri y el también actor Luis Aduviri.
El actor de cine y dramaturgo Freddy Chipana vive con intensidad y marcado por El Alto, como los otros artistas que son parte de esta nota. Nació y creció en la 16 de Julio, luego vivió en Ciudad Satélite. Para él, ser alteño es una responsabilidad. “El Alto ha cobijado a mi familia, ha cobijado mi historia (…) Es caótica, conflictiva, revolucionaria, pero también tiene su magia, su nobleza”, explica.
Chipana dice que el arte está lejos de ser solo entretenimiento. “El arte para mí es una responsabilidad con la vida y con todas las vidas”, afirma el actor, quien hizo una amplia carrera en el teatro, donde se da a conocer a plenitud en la interpretación de papeles.
“El arte para mí es un modo de vida. No puedo dejarlo. ¿Qué voy a hacer? ¿Me arruiné? No puedo dejarlo”, dice. “Más grande que el teatro era la vida. Más grande que el amor es la vida. Y más grande que la vida es tener libertad. Y más grande que la libertad es tener paz”, resume el artista su vocación por el arte.
Desde el ámbito musical, el cantante, compositor y vecino de El Alto, Iván Condori, señala en que la creación exige ética y conciencia. “Si hacen arte, háganlo bien… traten de dar todo lo que tienen, pero no lo den para ustedes, sino para el otro”, señaló. Como parte de esta ciudad, el arte es compromiso social, porque “hay ojos mirando”.
Asimismo, Condori enfatiza en la honestidad creativa. “No te puedes hacer con composiciones que no son tuyas, si no tienes ética profesional o cultural, no vas a llegar ni a la esquina”, dijo y lamenta que hoy el arte sea más un producto económico.
El del arte es un mercado muy pequeño y carece de apoyo del Gobierno y esta realidad obliga a los artistas a autogestionarse y reinventarse. Pero más allá de las dificultades, la identidad alteña se basa en la cultura. El actor Luis Aduviri recuerda que “El Alto es una ciudad migrante. Hace años había muchísimo más rechazo. Incluso hablar aymara era restringido”. Sin embargo, los alteños no se han dejado y hoy expresan lo que son desde el arte.
Crear desde El Alto implica crecer con la ciudad. “Ser artista es amar a tu ciudad, sacar lo bueno y también lo malo de tu ciudad”, expresa Chipana y define a esta urbe como símbolo de lucha: “Esta ciudad representa a la mujer luchadora, se expresa en dos palabras: papá y mamá”.
Hoy en día la tecnología abre nuevas posibilidades; sin embargo, el arte prevalece “No es cuestión de ser joven. Si tienes 40, 50, 60 años, anímate. El cine necesita variedad”, afirma Chipana.
El arquitecto que superó el estigma
La historia de Freddy Mamani no empezó en un escritorio de arquitecto, sino en una obra en construcción y con las manos llenas de cemento. Antes de convertirse en un referente de la arquitectura “neoandina”, fue migrante. Llegó del campo a la ciudad de El Alto y comenzó como ayudante de albañil.
Mientras dirigía obras, estudió en la Facultad de Tecnología de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), en la carrera de Construcción Civil. Su meta era ser ingeniero. Por eso estudió Ingeniería Civil. En esos años comenzó a levantar edificios que rompían con la monotonía de la arquitectura. Entonces nacieron los “cholets”, una propuesta con identidad propia que reivindica lo andino desde el color, la geometría y el simbolismo.
Su primera obra la inició en 2003 y la concluyó entre 2005 y 2006 sobre la avenida Juan Pablo II, frente a la Universidad Pública de El Alto. Era un edificio de tono verde, ubicado junto a la pasarela. En diez años construyó 50 obras, que luego registró en un libro, y hoy cuenta con casi 100 edificaciones en El Alto, cada una es una pieza única. No copia películas, ni autos, ni máscaras, ni personajes. Aunque muchos intentaron asociar su obra con “Transformers” o decoraciones exageradas, Mamani indica que su arquitectura tiene identidad y coherencia, por esta razón registró la marca de arquitectura neoandina o “cholets”.
Desde la academia local lo cuestionaron. “Dijeron que no era arquitecto, que lo mío no tenía pies ni cabeza, que era un simple albañil”. Pero las críticas lo impulsaron. Se preguntó si era constructor civil e ingeniero, ¿por qué no podía ser también arquitecto? Ingresó a la carrera de Arquitectura.
Dos semanas antes de viajar a París para inaugurar una de sus obras, defendió su tesis. Necesitaba el título, no solo por reconocimiento personal, sino para presentarse ante el mundo con un profesional frente a la academia que lo cuestionaba.
Aunque sostiene que todas sus obras son importantes, reconoce que la más emblemática en los últimos años fue el “Crucero de Los Andes”. Una construcción que llevó aproximadamente seis años y cuyo costo fue de aproximadamente de un millón de dólares.
El fenómeno de los “cholets” cruzó fronteras. Mamani viajó por China y Hong Kong, por casi todo Estados Unidos, Francia, Holanda, Italia, Madrid, Australia y conoce la mayoría de los países de Sudamérica. Representó a Bolivia junto a delegaciones de más de 130 países. Recibió reconocimientos en ciudades como Nueva York, Miami y Las Vegas.
Mayampi, música con memoria
En El Alto lo conocen como “El Cóndor”. Iván Condori, fundador del grupo Mayampi, dedicó más de dos décadas a la música folklórica, con énfasis en la identidad, memoria y lucha.
Mayampi fue fundado el 2004, hace ya 21 años. “Hemos sacado varios discos dedicados netamente a El Alto: Octubre Negro, Soy Alteño, Pachamama, La lucha contra el agua, la reivindicación de la moseñada”. Cada título es una declaración de principios.
La oportunidad de “El Cóndor” llegó gracias al periodista Rogelio Roque, quien le abrió las puertas de Canal 24. Estar en televisión era “lo mejor”, según el músico.
Con el tiempo, ese sueño creció. En Bolivia, uno de los escenarios más grandes que pisó Iván fue la ExpoCruz en Santa Cruz y el momento más representativo de su carrera fue en el exterior. El Cóndor y su agrupación viajaron hasta Marruecos (África), para un encuentro internacional, donde ganaron el primer lugar.
A su regreso, recibieron reconocimientos de autoridades nacionales, además de organizaciones sociales como la Federación de Juntas Vecinales (Fejuve). “Ha sido un honor para nosotros, como alteños, representar a una ciudad tan hermosa y joven que es la ciudad de El Alto”, indicó.
Iván perdió a sus padres; no obstante, convirtió ese duelo en una morenada y es la primera canción que compuso. Luego vino Octubre Negro, que rememora los hechos de 2003. “Yo estoy hablando de lo que realmente pasó, no estoy mintiendo ni aumentando otras cosas”, aseguró. Otras de sus creaciones son: Soy Alteño, Gotas de los Pueblos y Pachamama. “Las canciones que yo compuse son canciones reivindicativas, que en el futuro no se pueden perder, que hacen historia”.
El actor alteño que más brilla
Desde niño, Juan Carlos Aduviri soñaba con estas detrás de las cámaras. Planeaba ser realizador, escribir, dirigir, construir historias desde la mirada del cineasta. La actuación no estaba en sus planes. Pero la vida le abrió otro camino.
En 2006 se inscribió en el taller Cine de la Escuela Municipal de Artes de El Alto, junto a varios compañeros. Allí empezó a construir su formación técnica, su mirada y su obsesión por entender cómo funcionaba una película.
En 2009, cuando estaba por terminar la carrera, surgió un casting para la película “También la lluvia”, dirigida por Icíar Bollaín. El proceso en Bolivia estaba a cargo del director de casting Rodrigo Pichot. “Voy al casting con Rodrigo, hacemos unas pruebas, le gusta mucho y manda el video a España y lo aceptan”, recuerda Aduviri.
La película, una coproducción española, mexicana y boliviana sobre la Guerra del Agua en Cochabamba, se estrenó en 2010 tuvo un impacto mundial. Fue un éxito comercial y social que catapultó la imagen de Juan Carlos como actor. A partir de esa producción le escribieron de Alemania, Japón e Italia. La repercusión fue tan fuerte que en 2011 recibió la nominación a Mejor Actor Revelación en los Premios Goya y es el único actor boliviano nominado a un premio de este nivel.
En 2010, participó en el cortometraje Salar, una producción británica – norteamericana, con el cual ganó premios y fueron preseleccionados para un Oscar. Desde entonces, recorrió el mundo y festivales internacionales.
El actor también estuvo en producciones independientes como “Jukus” y el Cisne Electrónico, una coproducción greco-francesa rodada en Argentina bajo la dirección de Constanza Katsunami, fue de las más importantes de su carrera ya que interpretó a su personaje soñado. “Me siento muy satisfecho por haber hecho esta producción”.
Sin embargo, el éxito de Juan Carlos no es individual, sino también es responsabilidad social. “Representar a El Alto implica responsabilidad. Hay que estar conscientes de que hay ojos mirando”, dice.
Joven dramaturgo y actor de cine
Desde el teatro, el cine nacional, hasta los escenarios construidos con esfuerzo en El Alto, la carrera de Luis Aduviri se inició con cortometrajes estudiantiles. Comenzó el 2010 en un par de cortos estudiantiles, después lo invitaron al casting para la película “También la Lluvia”; donde su hermano Juan Carlos era protagonista.
Poco después llegó el casting para Blackthorn, una película inspirada en la historia de Butch Cassidy y Sundance Kid. Su filmografía continuó creciendo en el cine nacional, participó en Insurgentes de Jorge Sanjinés, en Juana Azurduy, en Cuidando al Sol de Catalina Razzini, y en Muralla dirigida por Gory Patiño. Además, fue parte de la serie internacional La Reina del Sur, cuando el equipo rodó escenas en Bolivia. Más recientemente, integró el elenco de la serie “Historias de libertad”, en el episodio dedicado a Warisata, que lo llevó a ser preseleccionado a los Premios Platino.
A diferencia de su hermano, Luis siempre se inclinó por la interpretación. Se formó en la Escuela Municipal de Bellas Artes de El Alto.
Luis forma parte de Mara Teatro, grupo con el que trabaja desde hace ocho años y con el cual ganó dos veces el premio Raúl Salmón en 2010 y 2013. Asimismo, participó como actor invitado en montajes del Teatro La Cueva, como “Wiliaku” y “Tantalmitas”, obras que tuvieron giras y reconocimientos.
Un brillante hijo del teatro
En 1990, Freddy Chipana inició una relación con el teatro que, como él mismo dice, ya no tiene retorno. Han pasado 35 años desde aquel primer encuentro y tres etapas marcan la historia de su vida: el grupo El Ojo Morado, el Teatro Los Andes y su propia compañía, Alto Teatro.
Freddy comenzó en El Ojo Morado, como parte de una comunidad infantil y juvenil donde convivió con chicos con diferentes edades y tragedias. Allí no solo aprendió actuación; sino también a vivir en colectivo. El director suizo de teatro Stefan Gurtner marcó sus primeros pasos. “Él fue mi primer director, fue como un padre también”, relata.
Con ese grupo viajaron por Bolivia y luego a Chile y dos días después de regresar al país, el reconocido director César Brie lo invitó a formar parte del Teatro Los Andes y durante siete años fue parte de esa “vieja escuela”. “Todas las obras que he hecho son magníficas, increíbles”, afirma. Sin embargo, La Ilíada marcó su carrera.
Un accidente que le provocó una conmoción cerebral lo obligó a detenerse de la actuación por un tiempo. En esa pausa forzada reflexionó y decidió volver a El Alto. Hace 23 años fundó su propia compañía, Alto Teatro, desde entonces, creó y dirigió una extensa lista de obras, como Peligro, Eterna, Dime Que Me Amas, Basura, Solo Con Esto, Cuéntame Abuelo, Plegaria en una Burbuja, entre muchas otras. Además, realizó coproducciones en Chile, Argentina, El Salvador y distintos departamentos de Bolivia.
Durante su carrera Freddy ganó varios reconocimientos, como el Premio Eduardo Abaroa, Raul Salmón, el Corta Luz Reyes, el Peter Travesí, reconocimientos municipales y distinciones de la Fundación Cultural del Banco Central y del Senado. Además, Copacabana lo nombró “Hijo del Lago Sagrado”. En Perú fue premiado como Mejor Actor en un festival de cine.
Gracias al teatro conoce el mundo. Chipana vio teatros imponentes y escenarios memorables. Sin embargo, confesó que se queda con el Teatro Municipal de La Paz, “me gusta actuar en ese teatro, no sé por qué”.
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