Mayo 11, 2026 -HC-

Del Sínodo a la acción: ¿cómo respondemos?


Viernes 27 de Marzo de 2026, 10:00am




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El posicionamiento de la Iglesia como un actor relevante en el debate mundial sobre el medio ambiente se ha consolidado especialmente a partir de la publicación de la encíclica “Laudato si’ del papa Francisco, de feliz memoria, y encuentra continuidad en el magisterio del actual pontífice, León XIV. Esta iniciativa -no siendo la única en la historia de la Iglesia, pero sí de las más contundentes- busca promover y generar las acciones necesarias para superar las amenazas climáticas desde un enfoque integral que articula la ética, la responsabilidad social y la conversión personal. No se trata de impulsar únicamente cambios estructurales en los sistemas económicos y políticos, sino también una transformación profunda en la conciencia humana respecto al cuidado de la “casa común”.

Con la misma intención, la Iglesia en la región amazónica avanza en la concreción de este compromiso.  Más de un centenar de representantes de nueve países se congregaron recientemente en Bogotá en el marco de la sexta asamblea general de la Conferencia Eclesial de la Amazonia (CEAMA). Este organismo creado por el Sínodo para la Amazonia celebrado en el Vaticano el 2019, tiene como propósito articular acciones de cuidado y defensa de la región amazónica y las comunidades que la habitan.

Sin embargo, para comprender esta preocupación revisamos los antecedentes: La preocupación por la situación de la ecología y el medio ambiente derivó en diversas reflexiones, convocatorias y otros tantos documentos enmarcados en la enseñanza social de la Iglesia. La encíclica Rerum Novarum (1891) del papa León XIII introduce algunos principios sobre la dignidad humana y el uso responsable de los bienes de la creación; el papa Paulo VI en su carta pastoral Octogesima Annus (1971) advirtió sobre los problemas ambientales derivados del desarrollo descontrolado; avanzando en el tiempo encontramos al papa Benecito XVI que abordó el tema en su encíclica Caritas in Veritate (2009) citando la situación del medio ambiente desde un desarrollo integral.

No obstante, cuando llega el papa Francisco este tema cobra un impulso especial situándose en el foco de la discusión global. La encíclica Laudato Si (2015), documento sobre la ecología integral y justicia social; la exhortación apostólica Querida Amazonia (2020), sobre la urgente protección de ecosistemas y culturas y Laudate Deum (2023), que actualiza el llamado a la acción frente a la crisis climática fueron destacadas contribuciones.

El Sínodo de la Amazonia de 2019 puso en evidencia la urgencia de atender una región clave para el equilibrio del planeta. Con aproximadamente ocho millones de km² —casi la mitad del territorio sudamericano— la Amazonía abarca a: Bolivia, Brasil, Perú, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Guyana, Surinam y Guayana Francesa. Sin embargo, su enorme riqueza natural y cultural ha sido históricamente invisibilizada o desatendida. La deforestación, los incendios, la minería ilegal y el tráfico de vida silvestre son solo algunas de las amenazas que hoy no solo afectan a la región, sino que tienen consecuencias globales. En este contexto, el deterioro ambiental se convierte también en un desafío moral y espiritual: cuidar la creación es, en esencia, un acto de responsabilidad y solidaridad.

Es en este punto donde CEAMA cobra importancia, nace como respuesta de las orientaciones del Sínodo y paso a paso se ha venido consolidando como un referente eclesial para el bioma amazónico y sus ecosistemas circundantes.  Trabaja en promover la legitima presencia de las comunidades amazónicas generando espacios de dialogo, escucha y activa participación articulando alianzas interinstitucionales. 

Finalmente, tras concluir su sexta asamblea general ha delineado su hoja de ruta con cuatro desafíos: fortalecer la identidad amazónica hacia una Iglesia con “rostro amazónico”; profundizar la sinodalidad mediante la integración de actores religiosos y sociales; impulsar una ecología integral en defensa del territorio y de los derechos de las comunidades; y promover un rito amazónico que incorpore las expresiones culturales propias de la región.

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