El Índice Global de Paz es un informe internacional que mide qué tan pacíficos son los países y cómo está evolucionando la paz en el mundo. La edición 2026 es la más reciente y fue publicada en junio de este año. Indica que actualmente existen 61 conflictos armados estatales activos, la cifra más alta desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Las batallas de las que más sabemos, porque están constantemente ocupando los contenidos de distintos medios de comunicación, son la guerra entre Ucrania y Rusia, el conflicto entre Israel y Gaza/Palestina o la confrontación entre Irán, Israel y Estados Unidos.
Pero hay otras batallas de las que poco se habla y que nunca ocupan un espacio en los medios tradicionales. Batallas que no ocurren en un territorio determinado, que no tienen ejércitos ni armas y que, sin embargo, todos libramos en algún momento de nuestras vidas.
Me refiero a nuestras propias batallas.
Al ordenar los materiales de capacitación que solía utilizar en los procesos formativos, apareció la fábula de los dos lobos, atribuida a la tradición oral del pueblo Cherokee, que narra la conversación de un anciano con uno de sus nietos.
El anciano le cuenta que dentro de cada persona se libra una batalla entre dos lobos opuestos: uno representa el mal —la ira, el miedo, la mentira, el ego, entre otros— y el otro representa el bien —el amor, la honestidad, la generosidad, la paz y la bondad—.
El nieto, atento a la historia, pregunta cuál de los dos gana. El abuelo responde: «Aquel al que alimentes».
Aunque no siempre sea evidente, todos estamos librando una batalla en algún ámbito de nuestras vidas. Para algunos, el conflicto estará relacionado con una enfermedad, la pérdida de un ser querido, dificultades económicas u otros desafíos. Muchas de estas situaciones no dependen de nuestras acciones directas, pero sí pueden ser diferentes en la medida en que decidamos cómo enfrentarlas.
Hay otros conflictos que sí dependen de nuestras decisiones morales. ¿Miento o no miento? ¿Robo o no robo? ¿Engaño a mi pareja o la respeto? ¿Ayudo a los demás o me preocupo solamente de mí? ¿Cómo trato a mis padres o pierdo la paciencia con ellos?
Ante estas disyuntivas morales, será de vital importancia despertar y alimentar aquellas virtudes que, al mantenerlas activas, pueden ayudarnos a salir victoriosos de estas batallas. Son las virtudes que vienen de la mano del “lobo del bien”.
Por eso, la respuesta que el anciano da a su nieto es realmente potente y puede ser clave al momento de enfrentar nuestras batallas personales: «Aquel al que alimentes».
La realidad es que, ante las batallas de otros, solemos actuar como grandes analistas y críticos. Sin embargo, frente a nuestras propias batallas somos casi inoperantes. Pocos nos detenemos a analizarlas y a reflexionar sobre cómo librarlas. Simplemente vivimos con el piloto automático encendido, porque nadie nos enseña estrategias para enfrentar esas batallas.
La clave, entonces, será alimentar la paz y la calma, o la rabia y el miedo. Alimentar relaciones con personas que contribuyan a que seamos mejores, o aquellas que nos alejan de quienes queremos ser. Buscar lecturas que nos entreguen nuevas perspectivas de vida, o dejar de cuestionarnos. Conectarnos con la naturaleza, darnos espacios para reflexionar y elegir aquello que, de alguna manera, contribuya a alimentar el lobo que queremos que gane. Además, fortalecer nuestra espiritualidad para ir más allá de la materia y conectarnos con la verdadera esencia de la vida.
Cierro con una pregunta necesaria: ¿qué estamos haciendo para decidir cuál de los dos lobos queremos alimentar?



