Noviembre 08, 2026 -HC-

El nuevo eje estratégico


Domingo 8 de Noviembre de 2026, 9:15am




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Esta vez el pescador tuvo suerte. En las caudalosas aguas del coyunturalismo, pescó un pez gordo, tan gordo que cree que puede ser el alimento para a él y los suyos en los próximos cuatro años, en el resto de la temporada constitucional. Se imagina a los otros pescadores buscando tomarse fotos con él y el magnífico ejemplar que atrapó con un inesperado golpe de suerte.

Está convencido de que la proeza lo colocará como el mejor en el club de pescadores de las Américas, conseguirá el apoyo incondicional del fundador del círculo selecto y obtendrá mucha “platita” cuando decida vender el pescado de incontables toneladas de peso. Ah, de paso le ayudará a salvar su reputación venida a menos por los audios y hechos de corrupción que dieron como saldo anual un pronunciado déficit de credibilidad.

La eliminación total de la subvención a los carburantes, la reforma constitucional, la necesidad de que aparezcan dólares en el sistema financiero, la fórmula del 50/50, la erradicación del Estado tranca, la reforma judicial, las leyes de transformación estructural y la norma antibloqueos son, en su entender, pececillos al lado de semejante trofeo: el crimen organizado, el narcoterrorismo personificado en El Chino, El Alemán y el uruguayo Rey del Sur.

El pescador está extasiado, sabe que puede sacarle provecho a cada parte del gigantesco pez sacado de las turbias aguas criminales y judiciales. ¡Bingo! En la plenaria de la XXX Cumbre Iberoamericana que se realizó el 4 y 5 de noviembre en Madrid, el presidente Rodrigo Paz propuso la creación del Centro Iberoamericano de Seguridad en el municipio cochabambino de San Benito, aprovechando el elefante azul construido en ese lugar como sede de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), un club esta vez del socialismo del siglo XXI.

En Bolivia, su ministro de Gobierno acepta ahora entrevistas y ofrece conferencias de prensa casi a diario para repetir que la captura de Sebastián Marset ―13 de marzo―, la caída de Róger Mariaca ―30 de septiembre― y la huida de Romer Saucedo ―4 de noviembre― no es azar, es producto de las permanentes y esforzadas investigaciones que han pulverizado las “mentiras” con las que se erosionó la credibilidad del Gobierno de cara al país. También está extasiado. Siente que le dieron la vuelta a la tortilla.

Este 8 de noviembre, la administración de Rodrigo Paz ha cumplido su primer año de gestión (2025-2030). Todas las promesas de campaña y todos los desafíos descritos en su primer discurso como presidente de los bolivianos tienen como común denominador la carencia de resultados, la mantenida crisis multidimensional y el encarecimiento del costo de vida que crispa al más optimista.

Pero, el pez del crimen organizado, del narcoterrorismo, ese trofeo de descomunal tamaño que sale del sombrero es y será exhibido como la conquista histórica ―que lo es― para renovar la esperanza en un gobierno probadamente lento, indeciso y con resultados que lastimosamente no han mejorado del nivel de vida de los bolivianos, muchos de ellos ilusionados en 2025 con la inauguración de un nuevo ciclo.

En el plano político e institucional, queda claro que la seguridad del Estado o lucha contra el narcoterrorismo ―con el megapescado al lado― será el nuevo eje estratégico de la gestión de Paz, no solo para intentar revertir el pronunciado déficit de credibilidad, sino para la atracción de recursos de cooperación externa, la instalación en tierras bolivianas de un cerebro multinacional de lucha contra el narcoterrorismo y hasta la manera de materializar eso de Bolivia en el mundo y el mundo en Bolivia.

Ojalá sirva también para entrar con patada voladora a la reforma judicial y la reforma constitucional. Ojalá sea la oportunidad para que haya ética en la función pública y la moral se restablezca en todos los niveles del Estado. Ojalá sirva para decirle a los niños y jóvenes que el poder, las fortunas y el placer que ofrece la cultura narco tienden a acabar en violencia, cárcel y muerte. Ojalá deje ver a los gobernantes que nuestra economía puede dejar de depender de los circuitos económicos ilícitos. Ojalá que Bolivia se salve de ser un narcoestado.

Edwin Cacho Herrera Salinas es periodista y analista.

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