Octubre 12, 2026 -HC-

El poder invisible que Bolivia debe activar en la economía digital


Lunes 12 de Octubre de 2026, 9:30pm






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La economía digital latinoamericana ha alcanzado una escala que ya no admite interpretaciones parciales. Un estudio reciente de Telecom Advisory Services, elaborado por Raúl Katz, Juan Jung y Fernando Callorda, demuestra que las plataformas de contenidos y aplicaciones digitales, junto con la infraestructura que las habilita, movilizaron en 2025 más de US$ 483.451 millones en Argentina, Chile, Colombia, México y Perú, un valor equivalente a entre 12,6% y 15,1% del PIB de cada país. El hallazgo central es contundente: la economía digital no es un sector aislado, sino un entramado de inversiones complementarias que impulsa productividad, innovación y bienestar. Como señala el estudio, “las plataformas, servicios y aplicaciones digitales, junto con la infraestructura digital, son motores del desarrollo regional: en 2025 movilizaron un valor equivalente a entre 12.6% y 15.1% del PIB de cada país.”

El análisis identifica seis vías de contribución económica: inversión en infraestructura digital, inversión logística habilitadora del comercio electrónico, ingresos digitales y actividad facilitada, derrames en innovación, productividad laboral y excedente del consumidor. Este último representa el 57,3% de toda la contribución medida, un indicador del valor social que generan servicios como buscadores, mapas, mensajería y redes sociales, cuya gratuidad oculta su impacto real en bienestar. El estudio advierte que regulaciones o cargas fiscales mal diseñadas podrían erosionar estos beneficios y frenar la inversión en infraestructura crítica.

Para Bolivia, estos hallazgos son especialmente relevantes. El país ha incrementado la penetración de Internet en la última década, pero mantiene brechas de calidad y velocidad frente a la región. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, Bolivia continúa por debajo del promedio latinoamericano en velocidad de banda ancha fija y móvil, lo que afecta la competitividad digital de empresas y usuarios. La ausencia de centros de datos de escala regional y de zonas cloud locales obliga a que la mayoría de servicios empresariales se consuman desde países vecinos, aumentando latencia y costos operativos. Reportes de mercado confirman que los principales proveedores globales de nube —AWS, Google Cloud y Microsoft Azure— no cuentan con zonas de disponibilidad en Bolivia, lo que limita la adopción de soluciones avanzadas de IA, analítica y servicios empresariales.

El comercio electrónico boliviano ha crecido, pero enfrenta barreras logísticas y de pagos digitales. La Cámara Nacional de Comercio ha señalado que la falta de interoperabilidad plena entre medios de pago, los costos de última milla y la limitada digitalización de procesos aduaneros frenan la expansión del sector. Estas limitaciones reducen la capacidad de las pymes para convertir conectividad en ventas y restringen la escala de plataformas locales y regionales.

La experiencia regional muestra que la inversión en infraestructura digital tiene efectos multiplicadores. El estudio evidencia que las plataformas ejecutaron US$ 3.866 millones en cables submarinos y centros de datos entre 2017 y 2025, con un multiplicador económico de 2,52 y más de 120.000 empleos-año asociados a la construcción. Para Bolivia, país sin litoral, la estrategia debe enfocarse en mejorar la interconexión internacional mediante acuerdos de tránsito y peering con operadores de países vecinos, fortalecer puntos de intercambio de tráfico (IXPs) y crear condiciones para atraer centros de datos de colocation y puntos de presencia de proveedores globales.

La ruta boliviana hacia una economía digital más robusta exige decisiones claras y coordinadas. En el corto plazo, el país puede avanzar en la simplificación de permisos para infraestructura digital, la modernización logística del comercio electrónico y la interoperabilidad de pagos.

En el mediano plazo, debe establecer incentivos proporcionales y temporales para atraer inversiones en centros de datos, actualizar marcos de protección de datos y ciberseguridad y desplegar programas de formación en habilidades digitales e inteligencia artificial. Sin talento, infraestructura y seguridad jurídica, el país no podrá capturar el valor que hoy impulsa a las economías más dinámicas de la región.

Bolivia se encuentra ante una oportunidad decisiva. La evidencia regional demuestra que la economía digital no solo genera ingresos, sino que amplifica productividad, innovación y bienestar en todos los sectores. Para capturar ese valor, el país necesita una visión compartida y políticas habilitantes que coloquen a la infraestructura digital, la nube y la interconexión como pilares del desarrollo.

Pero esa tarea no puede recaer únicamente en el Estado: requiere una articulación real con el sector privado, la academia y, de manera central, con las organizaciones del tercer sector que han demostrado con hechos, durante al menos quince años, un impacto sostenido en el desarrollo digital del país. Estas instituciones, con trayectoria verificable, capacidades técnicas y experiencia acumulada, representan aliados estratégicos para impulsar proyectos de transformación digital con transparencia y resultados medibles.

El Estado debe reconocer en estas organizaciones una oportunidad estratégica, no solo como aliadas conceptuales, sino como coejecutoras confiables de financiamientos internacionales, capaces de implementar proyectos con transparencia, trazabilidad y menor exposición a riesgos de corrupción. Fortalecer el ecosistema digital implica sumar capacidades, coordinar agendas y construir confianza entre actores que hoy trabajan de manera fragmentada. La ventana está abierta y el país tiene la posibilidad de integrarse plenamente en la economía digital latinoamericana si actúa con decisión, coherencia y colaboración multisectorial, aprovechando el talento, la experiencia y la solvencia técnica que el tercer sector ya aporta al desarrollo tecnológico nacional.

 

Luis Sergio Valle es ciudadano boliviano
Este artículo incorpora apoyo de inteligencia artificial para la revisión de estilo. La versión final refleja el criterio, la posición y la responsabilidad del autor.

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